6 may. 2008

¿Quién...?


Él era de hierro, ferraia pura…Ella, de agua y viento, voluble, muy voluble.

Por eso, Ella siempre había creído que nada podría nunca con él, pues siempre se mantuvo firme ante las adversidades del tiempo y el espacio. Pero contra lo que nadie está preparado para luchar es….la soledad.

Sí, maldita soledad que corroía por dentro royendo el órgano vital, dejándolo de impuras lágrimas amargo, de horas solitarias en aquel ocre sofá, hasta llegar la noche, y marchar los cuervos…al día siguiente vuelta a empezar, soldaba su vida a los minutos que pasaban lentos, muy lentos…

Aquella noche ella no pudo creer lo que ocurría, él se fundía entre sus manos, se volvía caldo hirviendo de material incorrupto. Tembló, pues siempre fue él quien la sostuvo a ella, pero esta vez, él era el llanto y ella la cuna.

Y él, mientras sorbía las penas en los brazos de la amistad, tarareaba esta canción…

En esos instantes, ante aquella nueva situación ella se preguntó:

-En verdad, ¿quién sostiene a quién?

Iraunsugue Eternia

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