27 sept. 2009

...sobre...y en cambio

Soy la imposibilidad de todos los teoremas que la pútrida coherencia tomó en su mano como verdad proscrita de las mentes, un halo incorrupto de seriedad enmascarada de locura y con el filo de una navaja masturbo las horas que me quedan para encontrarme contigo…¿vas a morderme esta noche, mi niño?

Diseño sobre la punta mellada de todos tus pinceles ilusiones abovedadas de caóticas utopías, mientras recorro diáfanos mundos sujetos por las promesas que nunca-nadie nos dijo, y en cambio hicimos nuestras por este afán de protagonismo en la vida-muerte de todas ellas.
Que he recorrido los parámetros de nuestras existencias sobre el bloque de piedra-realidad que nos separa los cuerpos sedientos de sexo, muérdeme en las ansias del sueño hasta que mi piel trasquile en gemidos contra tus dientes blancos y me vuelva blanda y comestible, atízame con tu sed perturbada de sexo, abofetéame el liquido amniótico de este útero que nos parió en mapas opuestos alejando las almas desquebrajadas que ahora gritan en nuestro interior de búsqueda.

Y así, cuando me encuentres y no me creas, cuando el litigio de este universo no sea más que el final de un empedrado camino sobre las aguas revueltas donde las cabezas de sirenas degolladas danzan al son del oleaje bajo los últimos soles de verano. Entonces, arráncame esta fiebre que arde en el interior de mi vulva rasgando con tu lengua de hierro cada milímetro de mi sexo, acaríciame sediento hasta que el líquido de mi llanto sea una suave capa de lujuria sobre tus labios licuados del dulzor de mi cuerpo virgen de amor. Estalla contra mí toda la savia de tus sueños pegajosos dejándome ensangrentada de los azotes que profieren tus huesos mellados de distancia contra mí ser de espacio, permíteme que corrompa mi metamorfosis de mujer en niña resguardándome con la boca pequeña en el sabor de tu polla. Atragantándome con tus insultos voy a llamarte hasta la imposibilidad de los designios, en el vértigo que me producen tus ojos de noche bañados de añejo.


Que me voy a volver minúscula para que puedas masticarme a tu antojo mientras me bebo la saliva de tus cuentos, y cuando me corra sobre tu cuerpo putrefacto te recordaré que arranqué hace cinco años el último de mis suspiros para dotarte de vida cuando decidiste tu muerte. Que de mi ya no queda sino la ilusión que varé entre las entrañas de tu-nuestro mundo, que hoy no soy sin ser de mar, que más allá solo queda el resquicio de un corazón henchido de pasiones oblicuas que se refleja entre tus manos cuando aprietas mi carne inexistente. Soy solo la imagen incoherente de un sueño bastardo, el final de un comienzo aún no escrito, un folio en blanco…y aún así sigo arrancando gemidos de lascivia infantil cuando clavas tus besos contra mi cuello níveo, y en susurros te pido sin ser oída…muérdeme hasta que mi sangre se diluya en tus sueños y sea la princesa de todos los deseos nunca pronunciados.

…y esto fue lo que ella pensó sobre un mundo espigón, cuando con boca pequeña y voz de pájaro susurro al viento un te quiero no escuchado o simplemente ignorado…

…¿qué importaban entonces las palabras?
Iraunsugue Eternia
Fotografía: Espigón de Sitges, Barcelona Septiembre 2009

19 sept. 2009

De Fuentes at.ras


He sobrevivido en la apatía de las horas hasta que el reloj marcó la edad precisa de una fuente a la derecha del mundo, junto al paseo de almas. Y me he colado, lo he hecho…entre todas las multitudes que ríen en jergas moldeadas de sombras, me he soplado entre el cabello de una niña acariciando el horizonte, por qué tú eres todos ellos, hasta el que amanece. Por ello, me he revuelto en la morada de la melancolía hasta alcanzar la fuente, la dichosa fuente, y trabándome en las horas he sentido tu mano sobre la cintura de mis muñecas, floja, suave, como el viento entre el pelo-vientre de aquella pequeña o el suspiro de un hada. Y ahora, y ahora que no estoy y en cambio sigo en aquel camino de agua a la derecha de ti, me he dejado caer entre los engranajes de todas las lágrimas azules de tus ojos noche, licuándome en tu mirada lejana, saboreando el salitre de tus entrañas, esnifando el olor que se marchitó hace cuentos ya en mi piel, y que aún así persiste en mi cerebro-sueño.

Me escondo, ajena a la melancolía que expanden mis ojos hacía el interior de los cubos espaciosos de la lejanía eterna de mi propia aura-nombre, depositada sobre la sangre de las muñecas de heridas abiertas que cicatrizan tus labios de mis recuerdos…soy de ser, y aún así sigo postrada en la espiral escondida de una caracola de sueño, depositada entre las sábanas negras de una habitación añil….y el cielo sigues siendo tú, horizonte.
Iraunsugue Eternia

15 sept. 2009

...caracolas de arena.


Perdóname padre por qué he pecado…

…me he desnudado de cada capa de humanidad hasta quedarme vacía de máscaras y ser solo la piel y los huesos del éter, si es que alguna vez tuve cuerpo y no fui más que la salvaje embestida de una pasión desmesurada de arte. Que tengo sangre en las manos y el mar ha eyaculado en mis versos, bebiendo de la sed poscoital cada esencia del universo he lamido las estrías del cielo en cada ola, salivando las entrañas, revolcándome en las cuencas de arena, sudando tinta entre jadeos de lujuria.

Y ahora yazco vida en muerte sobre las piedras de la realidad aparente atragantada de sueños, amamantándome de tiempo engullo caracolas de arena intentando no perder el hilo de pensamientos que se me evaden en cada suspiro. No soy más que el eco ausente de un graznido de desespero, la cal corrompida de amor fortuito que ha tenido a mal en desgarrarme las entrañas….ay…¿y él?

Yazco, bebiendo de cada gota del iris que se me derrama oscuro, sobre la playa de mis excentricidades me escondo entre los granos, arañando las rocas descompuestas de tiempo intentando hallar el umbral de mi reino…esperanza. Muerdo el fuego de las palmas, jugando con los entresijos vertidos del eco de este corazón mezquino que me traiciona inmovilizándome en el desamparo de la espera sin búsqueda, pues no hay estado más devastador que el final de la meta y el comienzo del vacío…brindemos.

¿Qué has hecho padre? Permitiéndome beber de la matriz marina de este cielo encapotado de sueños, dejándome sentir como si fuese humana eso que llaman…a….¡pasión! me digo, recuerdo, te grito. Mi bosque se turbia en playa, de azul ¿azul? Me atraganto de estrellas buscando el color definido de siglos de espera, y ahora…cuando…y…¡ay! ¿él?

….dime que nunca..cuando…ya…será imposible….¡sembraré caracolas!

De

dos

en

dos

Baja pues Morfeo a recordarme que no soy sino la hija prodiga que olvidaste sobre la cuenca del mundo, pégame fuerte hasta que halle el modo de salvarme de esta sensación de libertad desmedida que se aferra a mi pecho pidiendo beberme los océanos. Castígame, enciérrame en la torre más alta de las pesadillas humanas hasta que olvide su nombre. Arráncame el alma, impídeme soñarlo, ¡hazlo!. Muerde cada una de las partículas que guardo de él entre los labios, táchame todos los segundos que pasé memorando hasta que de mi no quede sino la corteza de un párrafo…bórrame, bórrale mientras cortándome el cabello me impides que añore sus manos de tintura y…¡miénteme padre! Miénteme mientras me apaleas por mis pecados, que me he e………adultérame en cada arista hasta que de él no quede más que...¿imposible?

….y dime, que nunca fui y nunca seré…yo…ella…nosotros….

…que el mar ha eyaculado en mi boca y estoy atragantada de versos.

Iraunsugue Eternia

11 sept. 2009

Menta-Chocolate!!


Menta, desliza entre los labios la dulzura de ambrosía contra el paladar que se expande, chocolate…

La pequeña ha escapado corriendo del abrazo cruel de las palabras atropelladas de los demás niños, observa con sus ojitos de noche y la tez gitana a la madre sorbiendo del cáliz alcohólico de las conversaciones mezquinas. Se escapa y se enclaustra, dejándose caer contra la pared, estallando su espalda en movimientos rítmicos, abraza las piernas, los ojos se pierden.

…en la terraza, sentada en la terraza su mente se deja llevar en preámbulos de umbrales, apostada entre la realidad de los ojos grandes tostados de una niña morena y la fragilidad del pensamiento canino bajo sus pies.“Palomas, palomas, palomas…cazar, cazar, palomas” las aves emprenden el vuelo y el perro se incorpora nervioso, moviendo el rabo, zizageando su hocico en busca del delicioso olor a carne cruda.

-Terra –susurra ella, chocolate.

El perro se tumba ante la orden de la hembra alfa suspirando con ojillos domesticados, “palomas, palomas…el mundo palomas”. Se licua, la pequeña se licua en una tarde de vientos de oriente, cálidos, el final del verano se escapa entre la copa de helado que ella sostiene, menta-chocolate. Se ha refugiado en un movimiento métrico, adelante, dejándose balancear con el cuerpecillo menudo de piernecitas delgadas. Las lágrimas adormecidas despiertan al pensamiento y comienza a llorar en la solitaria posición autista.

“¡Es que nadie va a verla!” piensa. Ha comenzado a ponerse nerviosa, la ve, se ve, recuerda, se imagina a si misma años a en misma posición sobre una piedra desierta en medio de un río, un solitario río donde las libélulas se posan acompasadas de magia sobre su pelo revuelto, largo, claro, cae nadando hasta la espalda, cubriéndola los ojos menta, de rana, esperanza.

-¡Lucía! –el pequeño absorbido de juego ha despertado, de azul, mar en sus ojos, un diminuto pez que se acerca balanceándose, sosteniendo una tripita infantil, correteando se aproxima.

“¡La ha visto! Él pueda verla! “piensa… y el niño menudo de baja estatura se agacha ante la compañera de juegos, suave, pasa la palma de la mano por el pelo recogido en una trenza de la niña gitana, morena.

-No llores –susurra nervioso –por favor, Lucía.

Los olores naturaleza se cuelan por las fosas nasales acentuando el asma de la adolescente llorosa, se recrea en el fango adormecido por los años, en la rivera de un caudal estruendoso que canta alto. Lo siente, presiente, su aroma la toma en melodía cuando el cuerpo desprende el calor de la siesta. Se ha quedado a milímetros de distancia, la energía fluye entre ambos entrelazando corazones tamborileros, él suspira, ella calma el llanto.

-¿Arual? –la dice bajito, con sus voz de hombre-niño de dieciséis años -¿Arual, estás bien?

¡Chocolate! Se desliza por la garganta dejando el dulzor entre los labios gruesos, el perro se revuelve entre las piernas con su imagen corpulenta rascándose las pulgas, bosteza ruidoso observando la imagen en la cual la dueña se ha quedado varada, tiempo-espacio, ¿quién lame la línea?

-Lucía, Lucía –el pequeño la llama rebosante de amor, besa tímido la mejilla infantil hasta quedar sentado junto a ella, desprenden, aprenden. –Yo si quiero jugar contigo.

…el viento sorbe las copas de los árboles, verde, agua, verano.

-¿Por qué me sigues? –pregunta incrédula, enfadada con el ceño fruncido de angustia y dolor.

-Por..por qu…e…estoy agusto contigo, eres…¡eres mágica!

Diluye las penas hasta voltear la cabeza y observarlo taciturno, con esos ojos oscuros prendidos de melancolía, porta un alma antigua, un alma cansada. Ha dejado caer la media melena de oro sobre la cara prendida de grana para observarla tras la maraña, vestido de negro…siempre de noche.

-No, solo soy rara –contesta entre balbuceos vergonzosos, y la sonrisa se media un centímetro, y otro, y más.

-No –se acerca, la atrapa con los brazos delgados hasta sostenerla contra su pecho –solo, eres especial, muy especial.

…ladridos llorosos, se siente incómodo, observa a los pequeños abrazados, Lucía llora, tranquila, dejando resbalar las lágrimas una a una, sin prisas. Y el niño de mar la besa la mejilla, el pelo, la rodea con sus bracitos pequeños.

-Lucía no llores más, yo quiero ser tu amigo –dice.

-Arual, no llores, por favor, me da igual lo que diga la gente, ¡no eres rara! Eres mágica, mi pequeña niña mágica –escucha.

La copa tirita de frío y sin viento, el final del comienzo y la boca gélida de menta-chocolate, no hay corteza de galleta, no la gusta, la cansa, la aburre, solo helado. La silla chirria cuando alza el cuerpo.

-Lado –le dice al perro, este, de inmediato pega la cabeza contra las rodillas de la Alfa, orejas gachas, atento, feliz de cumplir la orden.

Y antes de que la calle se trucase en avenida se ha vuelto a mirarlos, Lucía…chispea ante las muecas de su pequeño instructor de alegría…

-¡Vosko!..¿has jugado alguna vez en un espigón?

-No, ni tan siquiera conozco el mar, ¿por qué? –la aferra contra su cuerpo cuando Arual se eleva entre las ramas, la atrapa y aún así siempre la siente volátil, efímera.

-¿En qué año estamos? –pregunta lejana, ascendente.

-En 1998, en el verano de 1998 –la mengua en un beso, reteniendo su espíritu en un segundo perfecto.

-Mmmm…¿Cuánto crees que aguanta un niño jugando solo en el sueño de un mundo espigón?

..no hay contestación, la hilera de recuerdos de rompe contra la cajita morada. Un niño rubio escribe sobre un pentagrama en el interior del cartón, la caja se revuelve al fondo de un armario…

..¿alguien ha escuchado el piano?

-¿Sabes Renm? Quizás algún día te deje volar con las palomas.

Y el perro mueve el rabito, zigzaguea en su nombre onírico.

Iraunsugue Eternia


Fotografía: Garganta La Eliza, Pedro Bernardo (Ávila)

7 sept. 2009

Au-Sen...ciA

El viento cálido volteaba sobre sus alas invisibles en las entrañas de la ciudad, la sensación de claustrofobia la sumió en un estado catatónico de ojos abiertos fijos en las vías, cada diez minutos pasaba ante ella un millar de pies y piernas que desaparecían tras las puertas móviles. Dejó pasar durante un buen rato todos los trenes, sin preocuparse de si debía subir o simplemente quedarse donde estaba, aferrada a los tres libros contra su pecho que se revolvían con sus historias y personajes aún desconocidos, todos menos uno.

-Ahora te llevo más hermanos –pensó, apretando más fuerte el primero de todos, el que había traído de ida entre sus manos desplazando una a una las páginas ya leídas….-Felicidad…

Algo latía precoz entre su corteza y sintió como el pelo revuelto se encrespaba baja como un escalofrío zigzagueante por su espalda semidesnuda, las alas de tinta batieron su nombre y terminó por incorporarse y acercarse a las vías.

-¿Y si salto? –Pensó -¡Qué muerte más sucia!

Sus sentidos colapsados comenzaron a expandirse en las entrañas buscando un lugar por donde liberarse, creando un espacio entre ella y el mundo. Los ruidos, los gritos, el sonido de una voz plástica que sorbía los pensamientos tras el megáfono. El tren paró y abrió sus puertas, entró veloz buscando el lugar recóndito donde sentarse a esperar la llegada de la estación prometida, no quería volver, pero arriba no quedaba más que una ciudad desconocida repleta de muchedumbre extraña. Se sentó al final del último de los vagones, en la cola del universo intentando no ser vista, pegando su cara contra el cristal blindado de huellas se dedicó a seguir cada mano, cabeza e imagen que habían quedado impregnadas en aquel cristal opaco. El rumor del tren la absorbió en un duermevela donde los pasillos largos y los andenes desiertos se la antojaban brazos gigantescos de una acrópolis sumergida en la tierra…agobio.

No se dio cuenta de que había aguantado la respiración hasta que los pulmones colapsados irrumpieron en bocanadas de aire tomando el ambiente frustrado de olores desconocidos, cuando el tren salió al exterior y pudo al final codearse en la noche. Se regocijó pensando que más allá de las tinieblas el mar se extendía bravo rompiendo suspiros contra las piedras, la dama de noche eclipsaba las nubes con un resplandor plateado, se dedicó a buscar estrellas, buceando entre las constelaciones hasta hallar el preciado tesoro solitario, azulado, que brillaba en la lejanía con fuerza.

Recordó, con el pasado agrietado entre sus dedos largos…
-Arual, ¿te gustan las estrellas? –la voz vacilante la llamaba con ojos de hoja desde el otro lado del largo balcón.

Se encaminó con sus piernecitas regordetas, desnuda y feliz hasta engancharse como un gatito con uñas afiladas a la falda de aquella mujer de caderas grandes y voz de pájaro.

-Sí, yo cazo estrellas cuando duermo iaia –dijo convencida de poder atraparlas con sus manitas de niña, alzándose al cielo, cerrando un ojito para con el otro disminuir las distancia y terminar abrazando el universo.

-Voy a regalarte una estrella, Arual –y la cogió entre sus brazos con aquel calor de madre añeja, salpicando sus delicadas mejillas con besos sonoros. –¿Ves aquella?, la que está solita entre las dos montañas.

La pequeña asintió chupándose el dedo índice para después con miedo e ilusión localizarla entre la espesura de los bosques antiguos, alzándose diestra y solitaria con un vaho azul que al envolvía en la noche despejada.

-Pues esa es para ti, y cuando yo ya no esté y te sientas sola siempre podrás buscarla donde estés, así sabrás que siempre iré contigo.

Una lágrima danzo despejando los ojos nublados de recuerdos, lamiendo la pintura perfilada de

color negro, desbordándose por las mejillas teñidas de noche. Recobró la compostura al conseguir alcanzar el horizonte y posarse sobre la estrella, la primera de la tarde, pensó que en realidad y aunque estuviese rodeada de gente, siempre, seguiría sintiéndose sola, como si fuese capaz de alcanzar la mano del niño durmiente tras el muro imaginario…y que fácil sería romperlo, y en verdad que fácil había sido.

Se trasladó a la realidad comparable intentando memorar minutos antes, horas, no más allá, pero todo lo ocurrido había sido tan solo un paseo entre el minuto descenso y los sueños ascensos, como si en verdad se hubiese convertido en un ser etéreo que moraba entre la risa y ahora, sola, la melancolía se enredase entre las pestañas llorándola el presente.

-No quiero volver –se escuchó a si misma decir por lo bajo, frente al cristal, a esa imagen de pelo revuelto que la devolvía la noche.

Observó sus dedos, las finas líneas de sus manos, persiguió el futuro escondido en cada surco intentando descubrir que había más allá de lo conocido, pero no alcanzaba a ver y se asustó por un momento, cuando siempre conseguía anticiparse a los cuentos y escribir lo que pasaría o dejaría de ser. Esta vez, el futuro era la nada ante sus ojos, y la pesaba la mano al recordar el bolígrafo que había sostenido horas antes para estampar la firma preciada. Meditó durante todo el trayecto, hasta que las ilusiones marchitas sucumbieron a los demonios y tuvo la sensación de que se perdía a sí misma, pero no como antaño, no como cuando se olvidaba de ser y su mente vagaba por parajes aguados de acuarelas resecas, esta vez debía parecerse más a la muerte del alma, porque por mucho que el tren avanzaba ella o parte de ella había quedado atrás, como si el seguir hubiese dejado de tener sentido.

-Quiero..quie..quiero…una casita con una habitación azul, y en el parque plantaré cabañas de hada y regaré al norte para que el musgo cobije a los duendes. Y por la mañana voy a…a…iaiaaaaaaaaa….voy a correr por la playa, pero prometo no caerme sobre los castillos de arena, ¿vale?

Pero iaia ya no contestó…

…estoy sola, sola, soy sola, ¡Soledad!

El ruido estridente recompuso su cuerpo y salió disparada del tren, buscando la calle cual alma que lleva el diablo corrió con las alas desgarradas acera abajo en dirección al aparcamiento. Y allí quedó, sola, sola, durante más de media hora en la misma postura, con los ojos rebosantes de lágrimas y tres niños de tinta contra su pecho…

Por la mañana, se ha despertado de un sueño, un extraño sueño donde corría con un vestido esperanza y el pelo de fuego por las calles de un pueblo de piedra blanca, corría en espiral entre sus casas bajas de puertas cerradas y ventanas azules, descendiendo, riendo a carcajadas perseguidas por un sueño, y reía y reía, y baja y bajaba entre las calles empedradas hasta llegar a la playa, y allí se ha desnudado hasta zambullirse a carcajadas balbuceando dos palabras que solo el mar conoce. Y había otras piernas y otras manos, y otra risa, y compañía…no quería despertar, la hubiese gustado quedarse mirando el mundo desde la profundidad del océano, en movimiento, el cielo se mueve al compás de las olas, y sus piernas danzan en risas, y lo ha escuchado reírse, fuerte, alegre….tan cerca.

Ha corrido tan aprisa que ha perdido la visión en varias ocasiones, al principio solo había árboles, musgo, campo, hojas resecas que crujían bajo sus pies al sentir la fuerza de la pisada, pero más tarde solo la mitad de un corazón jadeante entre la niebla esperanza, zigzagueante, espirales verdes, hojas, otoño…ya llega. Sola, contra el suelo ha sentido el peso de la pena y el mundo, mientras Renm caía junto a ella buscando la media melena donde soplar con su aliento perruno lleno de hierbas…así….pfffffffffff pfffffffffffffffffffffffffff….mientras el cabello le hace cosquillitas en sus ojos oscuro y mueve la cola de un lado a otro espantando demonios.

Ella, ha caído en la cuenta de que todo tiene que ver con los tres, y si el primero está hecho, listo, firmado…¿qué pasará con el resto? Se siente perdida, no la apetece buscar pero si ser buscada, no la apetece esperar más no la queda más remedio. Podría quedarse allí, tumbada, con frío, sintiendo la humedad del suelo hasta que llegue el invierno y Noviembre la nombre de nuevo, quizás, quizás y entonces….puede que nunca sea.

Iraunsugue Eternia

6 sept. 2009

Naufrago...entre la tristeza..alas...de...ti


Me naufrago…


...en los hitos de sangre violenta de esta madrugada impía que me recoge en su seno menstruándome versos perdidos, moribunda danzo entre las piernas de la tristeza besando tu nombre. Arraigada a la matriz de mi-nuestro mundo de piel de estrellas, y arranco los pergaminos azulados de esta sombra, con la furia de una niña varada de tiempo, olvidada entre las olas corrompo cada partícula de este universo con la sabia que mana de mis venas rotas, cuchilla agrietada en todas las habitaciones azules que me vieron sucumbir a la pena y llamar a la muerte a gritos, de toda la sangre zurcida en hitos de voz deshilachada de mi llamada, en el abismo del plenilunio de tu muerte y ausencia.

Voy a pecar, voy a ser la hija prodiga de la antinatura, mientras recompongo piedra a piedra el muro caído, arrancando de las uñas la piel a trizas de mis dedos menudos hasta que el fango del mar sucumba a mis delirios y termine cediendo a las olas, limpiando tu nombre, ungiendo de paz tu cadáver descompuesto y devolviéndome partícula a partícula todo tu ser. Morderé el cielo extraviado hasta desmembrar la melancolía sumida en tu lecho de algas, vaciaré el espacio mellado sobre las piedras hasta que la arena fina se alcé como horizonte y el mar vacíe su espectro sobre la playa. Ola a ola voy a sucumbir en mis plegarias cosiendo una luna de plata con hilos que abarquen las desmembradas manos que sostienen los versos. Y cuando la distancia me devuelva un espigón bañado de ayer, me dedicaré a dibujar sobre la espuma del futuro todos los gatos suicidas que siguieron el cántico de tu pluma en voz.

Y para cuando ya no me quedé más que un velo de vida volveré en presente a sentarme a seis grados de separación de tu cuerpo corrompido de huidas, y entonces, y solo entonces, voy a llorar toda la tinta con la que compusiste mi cuerpo el día de mi nacimiento, licuándome en una catarsis de palabras neonatas escribiré sobre la piel corrompida de tu alma todo aquello que callé ante tu presencia, hasta que la sal de mi vientre te corone la frente y mi cuerpo de niña se vacíe de caricias contra todas tus distancias. Te devolveré al mundo volcando toda la energía diluida de bosques añejos hasta que la mar te para de nuevo y me quite la vida.

Y entonces, y solo entonces…

Voy a gritarte desafiante que jamás estuviste muerto, porque desde lo profundo del ser en la espera de búsqueda de esta alma olvidada estuvo contigo dese el comienzo, creyendo, creyéndote. Sabiendo de tus ojos el elixir sagrado de chispa que ahoga en mundos estereotipos la inapetencia de los que te han conocido ante tu diferencia marcada. Gritaré, gritaré con las branquias nacidas que no me importa ser nada, que si debo morir en la ola de tu último primer aliento me tiraré yo misma desde el barranco de los sentimientos nunca nacidos de ti para mi, te voy a decir en voz baja tras la espalda que me vistas de oscuro, que me escribas en tinieblas, que me partas, me fustigues, me ignores…que rasgues todas mis aristas y limes mi voz hasta dejare en trizas. Recuérdame que soy la última de esta cadena de espigón, que no me quieres, que no me añoras, que no soy más la ausencia de los coleteo de un verano nunca suscrito.

Aráñame con cariño hasta que mi vientre hundido sangre estos años de espera, échame al mar, muéreme ya mismo, pero vive, tú vive…entre la tinta de mis últimos escritos.

Iraunsugue Eternia

4 sept. 2009

...próxima estación...eSpErAnZa

La habitación que unge de madera sus paredes acolchadas de recuerdos se ha vuelto menuda, extraña por un momento a pesar de que ha podido reconocer en cada vértice de si todo el pasado entrañablemente ordenado sobre las estanterías. Aún así se ha trasladado a la habitación naranja, como buscando el color desierto de una playa donde morar los silencios que esta noche la acompañan.

Fuma y piensa…

Piensa y llora…

Por qué las lágrimas del cielo han caído sobre su cuerpo al barrer la tarde, y ha comprendido que más haya solo quedan dos, dos y podrá morir. Cavila imaginándose a sí misma diminuta, sentada sobre una camita con colcha numérica, se ve y se escucha.

-De mayor quiero ser e…….. y también quiero tener una c….. en un bosque en…….., pero sobretodo, sobretodo, quiero encontrar a ………

Y así sucesivamente, año tras año, escrito tras escrito.

Ha calculado todos los versos marchitos que terminaron oxidados entre los libros, los escritos en clase de matemáticas que no llegaron a buen puerto, las telarañas de los agujeros de cuentos, las historias rotas, las que no sobrevivieron. Pero sobretodo e importante ha besado con las manos cada página en blanco, las nuevas, las vírgenes, las que aún estaban por nacer.

-Llueve…y algo está cambiando –piensa y se recuerda, mientras los cristales intactos sienten el primer contacto del otoño.

Soledad la toma entre sus brazos y la siente latir efímera, como un refugio en la memoria que no añora la presencia que la envuelve, necesitaría chillar sobre las olas de un bosque de hayas para alzarse a si misma y reconocerse en las aguas, de lago, de mar….

-Destino ha llamado a tu puerta –escribe un pez en la marea de sueños –Niña de tinta…ha llegado tu estación….y su nombre es Esperanza.

Crece entre el silencio al compás de un corazón menudo que late disperso en verso, atolondrado cual tamboril infantil con sangre liquida y salada.

-Es la Estación…ya llegó…súbete sin dudarlo –repite el pez viajero.

No hay dudas, Tiempo majestuoso ha cedido al Rey del Sueño, y aún así ella piensa que siempre se vio firmando con aquella pluma, la del escaparate, la que pidió tantas veces que alguien pedía una idea para regalarle.

-La quiero grabada….Iraunsugue….Iraunsugue Eternia.

Mañana sus manitas de cristal se alzarán sobre el papel sin la pluma deseada, no importa, decide que más tarde, para el día en que su hija haya sido parida en papel y tapas buscará la pluma…nunca puede andar muy lejos.

Cierra los ojos, hoy no dormirá realidad, Morfeo se ha nombrado el dueño de esta noche…dos más, dos más y podremos descansar tranquilas.

“-Sabes Tristán de mayor voy a ser escritora…y cuando mis letras fluyan entre la realidad y lleguen a tus manos, entonces y solo entonces podremos encontrarnos-pero Calíope solo tiene seis años”

Iraunsugue Eternia

3 sept. 2009

Luz de Gas

La ciudad chirria,
la ciudad se bebe,
la ciudad en movimientos adyacentes.

Multitud de sombras, fantasmas extraviados en direcciones claras, solo rayos coloridos, la ciudad corre, la ciudad es vértigo.

Soy un cuerpo postrado ante la nada, el apéndice de la espiral infinita que se arranca la cola al morderse el universo, la ciudad se mueve, la ciudad se pliega sobre sus ejes vomitando seres que yo no veo. Soy un punto negro y en cambio tengo luz, la ciudad se para, la ciudad vara en el espacio futuro y asciendes ante mis ojos con tu presencia clara, vestido de noche, reconozco los ojos serenos, la profundidad de la melancolía en verso.

Y antes de mis ganas se cuelen entre mi lengua y desgarre el tiempo me callas.

-¿Acaso pensabas que no te encontraría? –tus manos sobre mi boca.

Arráncame el corazón a tiras, devóralo, tómalo, hazme tuya.

-¿Acaso me buscabas?...

Me rindo y caigo, la ciudad se mueve, la ciudad se filtra entre mis dedos y arranco de su pútrido cuerpo lo único bello, la razón de sí que me traslada entre las manillas de un reloj átono que ha comenzado a fluirse en presente. La noche me corre los tejidos del aura, pierdo el vestigio de la tristeza enclaustrada entre las costillas, el corazón palpita y sangro, fuerte, con desgarros, pariéndote de nuevo en el año encontrado, no lo conozco, no importa, estas aquí y eres real. La playa se licua en si misma mojándose de arena, la sal de las estrellas se expande lentamente en una súper nova de caracolas reflectas. Siento el aliento de tu ser contra mi cuerpo diminuto, soy un suspiro del centímetro que nos une y separa, no hay muros, esta vez no, se destruyeron en el primer cataclismo de este mundo espigón.

Y en cambio la noche se ha tragado el recuerdo y tan solo nos han dejado el mar, de petróleo, calcinado cuando el último de tus cuerpos decidió probar el sabor del aliento gélido que emana. Y todo cayó tras los gatos, y ellos tras de ti, y yo tras ellos, y ya, y entonces…..

-¿No estaba muerto? –tu voz profunda que se cuela en la superficie diáfana de tu reino.

-Sí –las lágrimas descienden de mi vientre entre tus manos-pero si una raíz de ti, la vena que llega desde mi ombligo hasta tu corazón seguía latiendo, entonces, créeme, era fácil devolverte a la vida.

Creces y menguas, te haces de piedra rompiendo en pedazos la carne putrefacta de tu cuerpo amortajado de pesadillas, barro los demonios que insertados en las entrañas nos quitaron la vida. Soy tan libre, tan perfecta, que mi cáscara ya no importa, solo la tinta con la que me bañaste aquel 21 de Noviembre de 1985. Y ahora que tú eres la palabra y yo el apuntador tras tu espalda, déjame que sobrescriba más de un millar la arena de esta playa, erígeme de nuevo, vierte y crea niño del sueño, convierte mi laberinto del pasado en arena de plata, arranca cada una de las aristas de mi alma y que crezca el espigón de ellas, bésame con la punta de tu lengua hasta sorber cada lágrima de sangre que he derramado por ti en estos años de ausencia. Mírame, mírate, míranos…nómbranos.

-¿Cómo me has encontrado? –aférrate a mi pelo, cruza con tus manos mi cintura.

-No lo hice, solo te soñé de nuevo…está vez, tú viniste a mí.

Corrómpeme niño, que quiero ser el ritmo decadente de este corazón enfermo, partido, disminuido de vida en toda la nostalgia compartida de vidas cruzadas y almas rotas. Cóseme, zúrceme los ojos para que mi piel sea de ti hasta que me funda contra tus huesos, adivíname en la realidad del día, destrózame de amor en cada estrella, atragántame de savia, nómbrame pecado.

-¿Dónde?...¿Cuándo?

-Ya no hay límites Calíope, el tiempo ha dejado de tener sentido –y me emborrachó en la calidez de tu mirada infantil en cuerpo de hombre –ya, nunca será tarde.

-Crúzate conmigo…, mañana, pasado, da igual, simplemente hazlo.

Que vivo en la fisura de tu mundo, atrapada en una brecha de espacio-tiempo que cosieron las penas de esta vida extraña. Y ahora no más que la espada capaz de desmembrar los años, cuando el pasado no es más que una pluma marchita en el fondo del océano de todas nuestras risas. Hazme de carcajadas, cálmame las ansias y vuela conmigo, despliega, asciende, ámame en oblicuo.

Ser de ti Calíope, borrar tu nombre de niño…muéstrame el universo, ven, ya, que aún te espero.

Iraunsugue Eternia

31 ago. 2009

Borradores de El Mundo Espigón


Te sabía agazapado al costado del alto muro, diminuto en cuclillas te afanabas contando las estrellas fugaces rotas contra el suelo, aspirando su último suspiro, alimentando de la esencia universal que atravesaba tu piel candente, y los ojos te lloraban estelas que derramaban en un color violáceo el esplendor de las penas contra la tierra reseca del limbo. Te llamé desde el otro intentando amarrarme a las coordenadas imprecisas de las rocas, pero las aristas del alma me volteaban al cielo cayendo una y otra vez en un remolino opaco que me impedía escalar hacía abajo y cogerte la mano. Eras tan pequeño Tristán, que la tan sola idea de acunarte y amamantarte de mis cuentos me producía una satisfacción maternal más allá de cualquier vicio mundano. Pero el eco de mis pensamientos me impedía oscilar en tu mundo, nos separaba la realidad constante de aquella ciudad de ninguna parte donde tú te encontrabas, y mi puerta al mundo deformado en el cual me hallaba. Pasé los dedos por la rugosa estructura de la pared, avivando la llama de mi corazón achicado de aguas noctámbulas y saliva de mar. Como una gata en pleno delirio me lancé contra la espina dorsal de aquella estructura ósea de metros arriba, llamándote a gritos, sabiéndote perdedor de esperanzas y escritor de ilusiones pasadas. Me volví futuro y crecí sobre mis alas, despuntando el pecho y acaeciendo el dolor de ovarios que me hacían mujer, menstruando por los párpados ungí la catástrofe de nuestros destinos y rompí en añicos con la mente cada una de las cuchillas que pisaban tus pies desnudos.

-Sigue la senda de la oscuridad –te escribí en sueños –más allá del camino creo que podremos encontrarnos.

Porque llevabas días allí postrado, en tu afán de volverte niño humano y saborear las delicias mundanas. Pero me hiciste caso y te abrigaste al amparo de la noche siguiendo la oscuridad marcada, sólo podía escuchar la respiración entrecortada de tu corazón, mientras que los latidos de mis pulmones se acompasaron a tu ronroneo minino de espíritu lejano.

-Al final Tristán, en el espigón –te escuché sonreír diminuto, con guturales sonidos que te hacían tan solo un bebé de menos de dieciocho meses que pataleaba sobre sus pesadas piernecitas arrastrando una camisa oscura rota de adolescencia.

Me incliné para ascender por la superficie rocosa y me senté en lo álgido de la muralla, tu calor embravecido de fuego me tomó por sorpresa cuando tu pecho desnudo de hombre se reflecto de piel pálida bajo los rayos lunares. Te sentí cerca, pero el miedo a moverme y perderte me dejó varada en un sin sentir mirando al océano profundo que rompía contra nuestros pies.

-Pensé que no vendrías –susurré uniendo mi naricilla en tu pelo. Pero como de costumbre te limitaste a callar bajo la serenidad melancólica de tus ojos de noche, lamiendo el salitre de mis palabras como un perro sediento de mí. –Tenía miedo de que fuera la última noche.

-Miénteme –te escuché decir mientras apartaba los mechones rizados de color fuego pegados contra mi tez –miénteme y dime que me amas.

Escupí a bocanadas el fango del fondo marino y aspiré con fuerza tomando aliento, olisqueando el aire rejuvenecido de los bosques frondosos que se escondían tras las murallas. Tu calor me atrapaba ardiendo en mis entrañas, quemando con un fuego irresistible el corazón menudo, haciéndome de llamas me ensucié en su espíritu difuso, besándole las manos de yagas, queriendo vaciar tu cuerpo para introducirme dentro y ser la estructura de tí.

-¿Qué te mienta? –la voz sonó apesadumbrada, hasta que mi cerebro o mi alma pudieron entreabrirse de nuevo al sueño y comprendí lo que me estabas pidiendo. –No te quiero, ni te espero, ni te sueño, ni te amo.

Te dejaste vencer sobre mi cuerpo, impidiéndome respirar sollozaste contra mi pecho menguando en estatura, dejando de ser el hombre adulto que ahora conocía para volver a resurgir en un quinceañero asustado y tímido, consumido de amor.

-No es eso lo que te he pedido.

-Sí, lo has hecho, me has pedido que te mienta y yo…te he mentido –Cerré tu boca prieta contra mis labios, dejándome rodear por sus brazos menudos de niño de tres años.

-Calíope…me estoy muriendo.

Iraunsugue Eternia


P.D. Borrador de "Crisálidas al Viento" y los niños de El Mundo Espigón. 2009

Fotografía. Tossa de Mar Febrero 2009

20 jun. 2009

MaTriZ


Rompió todo los cuerpos en los que habito con la rabia contenida, desmembrando los músculos y abriéndose paso entre la sangre que manaba de las heridas rotas del corazón perdido, escuchando el latir lejano de sus propios ecos, pensamientos de orillas silenciosas, de mares que rompen y sirenas sin cola.

Humeando entre la desesperación de la silaba en nota y las alas que cuelgan del escenario olvidado, sin papel ni guion que marque los pasos las cuerdas mudas de la voz. No habló, ni rió, tan solo se limito a vomitar en las yagas espesas, abriéndose paso en un mar de petróleo, el engranaje mediocre de su propia existencia…murió…murió…renaciendo al mismo tiempo en el que el sol se dio la vuelta y el cielo se partió en dos, dejando el universo en un añil inmaculado.

Desprotegida, sin capas ni mascaras, siendo solo la piel desparasitada de ideas, de locura enferma que toma su cuerpo menudo y blanco…madre de sí misma, se cogió en los brazos acunando lo poco que era y lo mucho que ansiaba, irradiando luz en las espaldas, retorciéndose del dolor de la vida, dejándose lamer las cicatrices de la hoguera de noches lujuriosas, durmiéndose al fuego hasta irradiarse de la pasión del caos, metamorfosis de niña, vírgenes para entonces sus sueños….

…sintió la ola de placer en el cuerpo, el canto ahora latente de su propio cerebro y el alma vibraba y a sus espaldas las alas crecieron, fuertes, arraigadas al corazón lejos de estar maltrecho y volviéndose doncella de sus propios sueños …se dejo caer de nuevo en onírico laberinto de la gran matriz…renaciendo.

Y en tinta se esculpió el nuevo cuerpo…con la sangre de los miedos muertos.

Iraunsugue Eternia

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Se ha encogido pequeñita hasta formar un ovillo, y a lo lejos…tan solo es una diminuta espirar oscura que se retuerce sobre su propio pensamiento, espiral sobre espiral…de formas oblicuas sus pieles y huesos.

Danza la melodía cíclica del universo…

…no quiero ser humana

…no quiero ser humana

…no quiero ser humana

Grita aprisionando la voz contra la garganta, desvaneciéndose en el salitre de las lágrimas que han comenzado a penetrar en la tierra reseca, manando líquidos amnióticos de la barriga de la piedra.

Se gira en vertiente y media, bajo las alas de un dragón, y el fuego se retuerce, y el aire la peina, y las escamas comienzas a deshilacharse en forma de hilos albinos, plateados cabellos de noches sin diosa, de realidades en metamorfosis…espiral sobre espiral.

Y la oscuridad toma su canto…

…yo quiero ser un hada

…yo quiero ser un hada

…yo quiero ser un hada.

Mientras Iraunsugue la bebe a tragos en sangre preñada de cuentos, girándola hacía las historias que danzan solas por el universo, abre los ojos de un verde ceniciento. Y la niña que se incorpora sobre sus huellas marchitas retoma las plumas divididas, las toma todas y escribe sobre su piel.

…yo quiero tener alas

…yo quiero tener alas

…yo quiero tener alas

Mientras las espaldas se rompen, y la pasión la toma hasta desnudarla de la piel que cubre su pequeña existencia, reinventándola en seda, cubriéndola las ropas de los personajes que inventa.

…ya vuelvo a ser Eternia…

Iraunsugue Eternia

12 may. 2009

De mares opuestos

Y de fondo la montaña vestida en ocre rojizo y sangre seca se alzaba majestuosa bañada por la salina marea guerrera, resecando sus parámetros formando huecos, pequeños acantilados de diminutas dimensiones donde sobrevivían colonias de cangrejos marinos. Y la arena era noche gruesa, vestida de cielo azulado con tendencia a quedarse gris.

Allí dónde las brújulas carecían de sentido y los imanes perdían su polaridad, fue a parar la niña disfrazada de sueño, recorriendo con los pies desnudos los granitos apelmazados que formaban aquella explanada olvidada junto a la mar revuelta. Paseó las penas por cada recóndito lugar de aquella playa, disimulando las lágrimas en atardeceres nublos, y hasta corriendo cual caballo salvaje sin rumbo…hasta perecer y morir con los pies encharcados de tinta.

Se dejó mecer por las olas hasta quedarse sin sentido, como aquella vez cuando fue casi mayor, como ella siempre había creido, y se dejó llevar por el odio y el rencor que amenzaba con ahogarla en quejidos acuosos y saliva envenenada…la niña se volvió granito…y la pecera de recuerdos terminó por romperse.

El viento susurró a lo lejos una infame melodía, de voces apagadas en antiguos momentos. Y el grito desgarrado de su garganta aprisionó la marcha del tiempo, devolvió al aire todo el polvo blanco inalhado en noches de fiesta hasta quedarse vacía, las almohadas bañadas de lágrimas, los errores y el pasado desperdigados en mar. Volviéndose peces de colores que resvalaron entre sus pies…volando lejos…entre las olas.

Y ella, apretó con fuerza a la pequeña muñeca de trapo llamada Olvido, intentando recomponer las ansias en acuarelas verdes, de esperanza en niñez perdida, de madurez en tiempos tempranos. Quedó desnuda, únicamente protegida por su propia piel marina, de sirena en tierra, ninfa de agua turbia. Hasta que el perro pisó los pies y los granitos de arena cayeron sobre sus manos, deshilachándose Olvido, muriendo entre arapos…y él la sostuvo por los hombros con sus dedos largos.

-¿Realmente quieres perdonar?

-Creo que ya lo hice hace tiempo...-se atrevió a contentar.

-Bien, eso está bien.

Y el Océando Atlántico mudo la vestidura volvíendose calmo, de olas perezosas…de color Mediterráneo…

Iraunsugue Eternia

9 abr. 2009

Lascivos Delirios

¿Sabes como siempre supe que eras mío? Porque cuando me follabas tus músculos se desgarraban entre mis piernas y la vida se te salía en gemidos por las entrañas abiertas, gritando, con los ojos en media vuelta blancos bajo la brillante luz de la mesilla, de las farolas, de la luna llena…

Y cuando tu cuerpo cedía extrañamente desposeído de fuerza y tus huesos caían sobre mis caderas, yo te miraba, te miraba, te miraba….alimentándome de tu perdida mirada. Del vaho que exhalaban tus pulmones contra mis labios, lamiéndote la vida en cada sesión de sexo que a ti se te antojaba llamar amor.

En cambio con él, siempre fue diferente, nunca me dejó sentir el peso de la lujuria contra mi vientre. Apostaría a que media los movimientos en cada sorbo de ritmo, afanaba mi lasciva alma por sentir su peso, incapaz de encontrar piel donde agarrarme me dejaba seducir por el aire que tomaba sin pasión mis caderas, envolviéndome en la idea de estar sin saber donde, de pertenecer sin tan siquiera haber descubierto quien era. Follar sin caer en las redes de la pasión desmedida, dejarme llevar intentando robarle la vida.

Y acaso…. ¿aquello no era el verdadero amor?

Iraunsugue Eternia

4 mar. 2009

Pupitres

Se ha vestido de anochecer el presente, mientras el pasado prevalece incorrupto, pútrido de recuerdos y añoranzas. Las últimas lágrimas de las despedidas descienden aún entrecortando en finos hilos el cristal de un autocar que se escapa, y las mochilas sobre las cabezas de estudiantes se tambalean en la repisa. Atrás solo se deja el sabor dulzor de los años jóvenes.

Un muro donde reposan los nombres de los olvidados, niños de campo asfaltado, y al marchar como maniquíes se vuelven los recuerdos, promesas ingratas de sueños que nunca llegarán a puerto mercante, con destino en la isla del destierro y olvido.

Más allá tan solo la soledad de los años que maduran la carne, quimeras pensantes de que todo siguió cristalino al marchar, sin ser conscientes de que el tiempo barre las vidas de todos, incluida la nuestra.
Lo niños con mochilas al hombro crecieron deprisa, tal y como yo lo hice, cambiaron de vida…y ahora tan solo queda el amargo sabor de saber que muchos no sobrevivieron a su propio destino, algunos fuman en base, otros viven lejos de las realidades mundiales, otros fueron padres, mujeres y maridos…y alguno, ¿alcanzó sus sueños de niño?

Y en el fondo del pensamiento aletean los días de pupitres verdosos, hoy las paredes del centro quedaron silenciosas, sin crujir ante el peso de las décadas, mudas, solemnes los árboles de la entrada moderaron su baile de viento…y en el recreo los niños nuevos cantaron sin remedio

“Correr correr, que llegan los bosnios”

Sin saber muy bien, que significaba aquello…

…de nosotros, ya, no quedan recuerdos.

Iraunsugue Eternia

Fotografía de google

20 feb. 2009

Aromas

Absorbió a tragos el aroma en su pelo, marcando la línea de su cuello en dirección a los labios, deteniéndose en la comisura, ungiéndola de viento, formando remolinos alrededor de las aureolas de sus pechos. Deambuló entre el eclipse perpetuo de la mañana que despuntaba en soles etéreos, mezclando el susurró que se la escapó sincero en dirección a un cielo encapotado de vida, con el mar mugiendo a lo lejos, desperezándose las olas, mordiendo las orillas con sabor a sal.

Y el césped crujía bajo su caminar seguro y lento, parando la marcha en cada pedazo de si misma que se caía para reconstruirse de nuevo en una sonrisa perpetua de mañana temprana. Mientras el perfume embriagaba sus sentidos mojándola en deseo, marcando un reloj sin agujas parado hacía tiempo.

Su imagen en recuerdo frente a un espejo nocturno, vestido a medias, con la palidez de la piel reflejándose en paz, dejando caer las gotas del veneno inocuo sobre su cuello, condensado el aroma que tomaba cada partícula del ser. La habitación borracha de amor gimió segura, y hasta los muebles crujieron cuando el soplo de un te quiero paseó tranquilo contra la pintura rojiza del cuarto. Enmarañándose en los labios, vagando a zancadillas sobre los abrazos.

Suspiró, muriendo en cada aliento robado de la noche anterior, varándose en los momentos precisos de dos cuerpos desnudos, cayendo al vacío del amor limpio, sin travas, sintiéndose segura en cada mirada. Volviendo a recordarle entre las cálidas sábanas de una cama hacía ya tiempo compartida. Escribiendo al amanecer en cada cicatriz curada del alma que ya no sangraba en tinta…

…tu olor me tomó por sorpresa y me he quedado enredada en tu aroma…

Y al deshacer las palabras en alientos, la imagen de otros tiempos la tomó por sorpresa, siendo víctima de sus propias vivencias volvió a una estación desconocida, a un punto de encuentro entre dos líneas. Nuevamente sobre aquel balcón él volvió a besarla, tranquilo, sin prisas, envolviéndola en los silencios de promesas no dichas y en cambio cumplidas.

Y a lo lejos, meciéndose sobre el horizonte siempre danzaría el mar.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Tossa, Girona (Feb-2009)

12 feb. 2009

De estilos en metro.

El frío se resbalaba hacía las entrañas engañando a la gravedad, hundiéndose en las canillas y subiendo por las piernas hasta alcanzar las manos. Y ella temblaba, más por los nervios contagiados de su estómago que por la necesidad de cubrirse un poco más. Arropada, contra la paredes miraba perdida el pasear de los trenes siempre nocturnos, dejándose llevar en cada paso de los agitados pies que pasaban a milímetros de su cuerpo, zapatos caros, botas juveniles, altas, bajas, de tacón de aguja, zapatillas de deportes, anchas, cortas, planos, medianos, bonitos, feos…un sin fin de modelos con los que cubrir la necesidad de caminar en dirección correcta.

Ella, en cambio, se había adaptado a la opuesta, en la contrariedad de quien decide sentarse en una estación de metro cualquiera a mirar la vida, unas horas, tan solo lo suficiente como para mamar historias de cada boca cercana, escudriñando las conversaciones lejanas, siendo la lengua del hombre que busca caricias extrañas en la oreja de su compañera. Y hasta la baba del perro del policía que registra con la mirada a todos y cada uno los pasajeros que anidan en los escombros de aquel lugar.

Podría haberse parado a mirar a cualquiera, morirse en el suspiro de la quinceañera, arañar la piel del drogadicto, emborracharse del amor de aquel chico guitarra en mano, colgarse de la cresta de algún punky, dormirse simplemente entre cartones, encaramarse a todas y cada una de aquellas mentes. Pero aquella tarde, él y solo él fue el elegido, como quién escoge un marisco en una pecera llena de insectos marinos.
Arrugada tez de oscuridad nocturna, de manos anchas y uñas pálidas, soplo de muerte y aliento de niño, con ojos menudos casi escondidos.
Y bolígrafo negro en mando calculó la caligrafía antes de lanzarse a devorar sílabas contra el papel, para segundos antes hablar con el desconocido personaje que se la antojó escoger.

-Podría escribir simple y llanamente… “encorvado de tez pálida, el anciano..mmm..señor..mmm ¡Martinez! Avanzó como cada jueves por los pasadizos iluminados del metro de Barcelona. Intentando esquivar a la muchedumbre de jóvenes universitarios que enfrascados en conversaciones académicas se amontonaban como piojos en guardería en el vagón central. Cansado, apoyado sobre el bastón que hubo de regalarle su hijo las navidades pasadas, buscó el final del tren para acomodarse contra las ventanas, entre las piernas de un joven con rastas y las abultadas maletas de la vendedora de pintalabios”

Y en verdad, su voz se alzó unos segundos por encima de la muchedumbre, apagando las luces a cada palabra de toda la estación. A oscuras y sin ver nada, borró lo dicho anteriormente en escritos sobre el papel y comenzó de nuevo, esta vez en voz alta.

-¡Sí podría! Podría hacerlo, pero también podría decir esto… “ De pasear antiguo y ojeroso, avanzaba como cada jueves el Sñr. Martinez por los largos pasadizos de angostas escaleras de aquel metro cualquiera, sin parada precisa en una Barcelona antigua que se demolía en historia, construyéndose sobre las ruinas de una gran obra de Gaudí. Aunque él, lejos de todo aquello, tan solo sabía rememorar los años en los que el metro no andaba infectado de muchedumbre nerviosa, años, en los que su camiar altivo hubo de robar el corazón de damas. Y ahora el alma en vuelco se le tornaba cansada, envejecida, mustia y hasta desconsolada buscando un lugar donde morar en vagón lejano. Apoyándose contra la juventud de quien tarde o temprano sería veterano, de rastas en pelo y música en oído, cerca del maletín de cosméticos y la señorita de ceño fruncido que intentaba sopesar la pena en tragos y las ganas de comerse al joven moreno que absorto moría en sueños contra el cristal, recitándose una y otra vez lo aprendido en el espejo, en como decir simplemente a la que añoraba…te quiero”

Fue entonces, cuando la estación recobró la luz y la gente siguió su marcha, y aunque todos la oyeron nadie se paró a decir nada, en senderos oscuros, ¿quién habría de reconocerla?

Pero el viento que se colaba entre las paradas hubo se seguirla en su caminar hacía casa, de vuelta a la realidad de tarde en mañana.

-Podrías, ¿por qué no?, pero dime, si lo hicieras, si cambiaras, ¿seguirías entonces siendo Eternia?

Y ella no respondió, se limitó a describir lo ocurrido, plantando flores oníricas sobre realidades materiales, escabulléndose en los sueños, dotando al mundo de una luz que probablemente solo ella en su locura conseguía ver, volviendo simplemente a ascender, pensando que tal vez… podría ser lo que nunca fue.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Barcelona en metro, Navidades 2008.

Érase una vez...

Y alzando la pluma sobre la última palabra de aquel cuaderno, la tinta cayó sobre su propio peso en un estado gravitatorio de existencia pura. Dejando sobre el papel el borrón de un fin sin remedio y el comienzo sin ideas en el papel sobrante, como quien vuelve sobre sus pasos sin saber a donde dirigirse, el inventor de ideas cayó rendido derramando suspiros por cada poro, desplazando los ojos hasta el interior de su ser, muriendo lento a cada gota que caía sobre la verde pradera de almohada bajo sus pies.

-¡Y si ya no hay historias! ¿quién seré?

Levemente comenzó a palidecer perdiendo la vida a cada sílaba insonora que se le atragantaba en la lengua, muriendo por cada cuento incapaz de salir a flote, desquebrajándose por todas las historias nunca escritas, por las pensadas que se quedaron en el desfilado incoloro de mentes abstractas, por aquellas que sin razón ni asombro pasaron inadvertidas ante sus ojos…

… y antes de que la pena se cubriera en risa y la lágrima fácil mudase en otoño, suspiró dejando salir al aire que a bocanadas se le escapaba en vida, todos los cuentos que guardó dentro, los que quemaban ahora huían volviéndose neutros. Aferrándose a los árboles que silbaban odas, abrazando a los transeúntes que inevitablemente olvidaron infancias de hadas y escobas. Y en aquel momento todos y cada uno de aquellos que elevaron a su vez las plumas en teclas para emitir sensaciones en palabras correctas, se olvidaron de lo que querían decir, las ideas vagas reposaban sin rumbo sobre mentes incapaces de alcanzarlas y alzarlas sobre el papel.

Se secó el tintero de todos los escritores vivos, muriendo uno a uno todos los versos, deshaciéndose las rimas contra papeles en blanco, olvidándose los comienzos de todas las historias…desapareciendo los libros de nobeles autores. Y las ideas sin rumbo fueron a parar a los pies del principio de todos los cuentos antes escritos, esperando a ser rescatadas quizás por las palabras de un niño. Uno capaz de recordar el comienzo de todos los principios, recomponer las piezas de un puzzle en sílabas encadenadas, alzar la voz para volver a reencarnarlas, escribir con caligrafía infantil en el tiempo con voz baja…

...Érase una vez, un mundo que se volvió palabra…

Y quizás así, el inventor de ideas mudaría la pena en versos y volvería a dotar de vida los escritos de aquellos a los que la tinta se les fundió en madrugada, incapaces ahora de describir sentimientos en papeles de nácar.

Iraunsugue Eternia

Fotografía de google.

6 feb. 2009

1.30h

En la oscura densidad de la noche en su piel recorre todos los parámetros que podría llevarla al placer, alzado y en asta gime bajo las sábanas.

-Son la 1.30h de la madrugada –surra en un eco de silencios pausados.

Ella no se responde, tan solo ríe bajo el peso del deseo recorriendo con su lengua cada centímetro de su estómago, hasta tomarlo entero y hacerlo suyo. Delicadas manos de pianos estrategas que manejan máquinas inteligentes deslizándose por su cuerpo, estremeciendo la oscuridad en un solo latir de dos corazones henchidos de amor. Prietos, de sal y deseo despiden las sábanas bajo la cama mientras la alza sobre su cuerpo, aferrada a la cabecera él entra en su mundo, caliente, jugoso, apretando las nalgas hasta llegar al fondo, calibrándose en la perfección de movimientos sonoros.

Bajo su tacto, ella encuentra el interruptor dando luz a la escena, subiendo el telón de sus propias formas para que él pueda verlas, se incorpora sobre la almohada tomándola de la cintura, leve muy leve la observa tras la maraña de cabellos oscuros. Esmeralda en ojos del deseo profundo.
Y Ella desliza las manos hasta tomarlo de las muñecas, apretando con fuerza hasta hacerle su esclavo, entrando y saliendo en delicados paseos hasta el interior de su propia excitación, sudando, bebiendo de la boca que la clama en gritos, parando en el momento preciso.

-¿Eres mío? –le ha preguntado en gemidos.

-Soy tuyo, solo tuyo –contesta entre jadeos engañándola un momento, girándola sobre su propio peso hasta tomar nuevas posiciones, y ahora Ella victima de la lujuria abre las piernas dejándole penetrar hasta hacerle consciente.

Juegan los dedos entre sus piernas de ojos en blanco, apresurados movimientos capturados en un cristal de espejo, que devuelve el reflejo de dos cuerpos encarcelados en rejas nunca visibles de lascivos deseos. Él se rompe en mil pedazos estallando contra su vientre, ella, simplemente se deja llevar por la oleada de placer que la quema las entrañas hasta volverse rígida mientras lo araña la espalda.

Y al descender la pareja sobre la cama, de cuerpos de medio lado enredados en pasiones de posiciones pragmáticas, él cae rendido en sueños profanos de dama desnuda, aferrado a su pecho como cada noche, de cabeza ladea ella lo imagina con sus ojos verdes mirando al interior de su ser. Y al escuchar el sonido del durmiente en calmada respiración, alza la voz por encima de sus pensamientos.

-No sabes lo mucho que confío en ti, no te imaginas cuanto.

Él se ha retorcido en murmullos buscando su boca, varando la lengua contra su cuello, durmiendo ambos juntos, muy prietos…con la felicidad plasmada en sus cuerpos.

Iraunsugue Eternia

4 feb. 2009

Historia de un Suicidio

-¿Qué son esos ruidos?

-Creo que Tristeza revoloteando por el salón.

-¿Tú la llamaste?

-¿Bromeas Eternia? Yo soy solo una musa, ¿para que iba a querer yo a esa en nuestros dominios?

-Om, pues alguien debería salir y decirla que se nos terminó el café.

-Pobre, no la hará mucha gracia saber que aún tenemos a Felicidad en casa…deberíamos buscar una alternativa, quizás llamar a Melancolía, ellas siempre se llevaron bien.

-¿A Melancolía? ¡ciertamente esas dos son una pareja bastante aburrida!

-Depresivas diría yo.

-¿Y qué propones Musa? Salimos sin hacer ruido...seguramente se cansará de hacer el indio por la casa y decidirá marcharse.

-Mmmm no, últimamente parece que todas quieren quedarse y este cuarto es realmente pequeño.

-Bien, entonces tápala la boca mientras yo la tiro por el balcón.

-¿Quieres que la matemos?

-No Musa no, ¿matar?, ¿nosotras? Me es más fácil suicidarla, al fin y al cabo sería un grandioso final para alguien de su calaña.

-Om, si, estamos de acuerdo, vamos a ello.

Y horas más tarde, las autoridades de los Sentimientos se encontraron a tristeza maltrecha y un tanto desmembrada muerta en los patios traseros de aquella casa…hasta la fecha no se han encontrado culpables, porque siendo sinceros, ¿quién no hubiese querido hacer aquello antes?

Iraunsugue Eternia
Cuadro "La Mort de Marat" Jacques-Louis David 1793

Pesadillas II

Diminuta y pequeña se balancea sobre su propio cuerpo aferrada a las cuerdas de sus piernas, columpio de antaño en verde esmalte descascarillado, de hierro oxidado y horas de infancia.

Columpio de lágrimas,
balancín de silencios,
trampolín de cuentos que inventa en oscuros parajes desiertos.

Y el parque está vacío y solo lo cubren los cuervos,
-¿De qué tienes miedo niña de blanco?
Preguntan a media voz los bancos lacados cubiertos de moho.

-De los monstruos del armario –contesta dejándose mecer por las pesadillas que impulsan los vuelos rasgados.
Los demonios que habitan bajo la cama han cubierto el suelo de hollín y más allá no hay horizonte, ni luz, tan solo espacios en gris.

Tararea consciente de su propio estado, dejándose balancear por el pasado…y a lo lejos suenan los cascabeles metálicos que cuelgan de las cordoneras de sus zapatos. Las piernas heridas de caídas en rocas, arañazos de tiempo en sal gorda.

-Escuece la sal –dice la niña y los muertos se revuelven en sus picas.

-¿Dónde están tus alas? –preguntó el gran dragón, cubriendo de fuego en coronas ardientes los montes cercanos llenos de sierpes.

-Rotas y heridas, tan solo marchitas –tatarea pequeña la niña escondida.

Y la sangre burbujea en los charcos de cuchillas mientras el barro se hunde hacía el final de los tiempos, ya no hay columpios, tan solo pájaros muertos.
Los parques se desquebrajan en páginas negras, la tinta que mancha en palabras huecas.

-¿Moriremos hoy? –dice la dama en negro.

-Seguramente sí, y mañana renaceremos.

Se columpia tristeza en el huracán,
se esconde alegría bajo la cama,
ya ni siquiera habla nostalgia.

El silencio ha capturado a todas las niñas aladas.…cerrando tras de si todas las entradas.

Iraunsugue Eternia

Ilustración de google.

30 ene. 2009

De Gatas, Amor y Ventanas.

Uno puede morir muchas veces, tantas como sea capaz de romperse un corazón. Yo hasta la fecha morí tan solo dos, pero por condición de gata aún me quedan cinco cartas que desbarajar, echar sobre la mesa y esperar a que la jugada sea al fin certera…hoy por hoy, juego con la tercera.

Los impulsos cardiacos son más potentes de los que uno mismo puede llegar a imaginarse, no son solo colapsos hormonales lo que nos hace enamorarnos, es la estrategia de la propia vida, cuando los ojos se alinean cual planetas decididos a encontrarse. Bastaría con cerrar los ojos y no mirar al contrincante, y aún así y aunque no quisiéramos seguiríamos siendo víctimas del destino. Simples mimos de calle, payasos de corazones abiertos, gente que se encuentra, y es que inevitablemente estamos destinados al amor, queramos o no.

Hasta yo, nacida de la pasión y de noches sin aliento estaría impulsada por mis propias ansias de conocimiento a caer rendida contra el tapete, con el corazón abierto sobre la mesa de juego esperando a que el otro tomase partido curando mis heridas. Cicatrizando con caricias las supurantes yagas a merced de sus estímulos, pudiendo caer debilitada entre sus fauces y morir desangrada de amor, yacer en añicos intentando recomponerme de nuevo.

Y el primero hubo de ser un cuervo, un cuervo de alas rotas incapaz de alzarse sobre su propia historia, hijo de muertos, niño sin infancia. Podría haberlo atacado, despedazar sus alas cortadas de viento y comerlo poco a poco, seguramente hasta habría disfrutado masticándolo entre mis fauces mininas, pero no lo hice, simple y llanamente decidí amarle si es que eso llega a pensarse.

No predije el final, tan solo acepté que ninguno ganaría aquella partida, jugamos en mismo equipo, intercambiamos miradas y hasta las rondas servidas eran a cuatro manos, buscamos los resquicios por donde colarnos para seguir unidos. Pero Destino siempre fue más potente que todas las promesas, más que los suspiros de quinceañera. Distancia decidió mediar y ante ella no hay jugador que gane una mano. Ni yo ni mis artes felinas consiguieron desbancar a dicha señorita, él no se fue, ¿cómo hacerlo si las alas fallaban para emprender el vuelo? Simplemente diré que la vida y otros demonios raptaron a mi cuervo.

No fue una decisión tomada a pulso, sino más bien la pataleta contra el futuro, no quise amor, no de ese que desgarra entrañas, preferí el atípico, el comestible, el que deja el sabor del jugo del sexo en la garganta. Me alíe con la pasión efímera, con los encuentros fortuitos, con todo animal capaz de hacerme vibrar en armonía durante al menos dos días, lo demás, el amor, a ese le dejé que me quemase por dentro, aleteando las alas en los años de aquel cuervo.

Hasta que apareció él, mi siempre fiel perro. No lo busqué, tan solo se cruzó en mi camino la noche precisa en el momento oportuno, a ese si le devoré y hasta le clavé las garras, le hinqué los dientes dejando que se apoderase de mi cuello y se hiciese dueño de mi cintura. Corrí, corrí tanto por bosques milenarios que me perdí en la senda de los comienzos tranquilos. Escupí sobre todo lo armónico, desgarré con mis uñas toda preedición de futuro…y al final de la etapa en partidas absurdas, ambos perdimos.

Y es que por más que una intente vararse en las promesas están tienen fecha límite, se sopesan unas a otras y terminan debilitándose. Nunca se a de pretender morir el mismo día que aquellos a los que amamos, porque inevitablemente seguimos con vida aunque no queramos. Y con el tiempo, con sus pasos, con las nuevas cartas una se da cuenta de que todo lo pasado tan solo es una quimera de nuestra propia mente que tiende a idealizar momentos que en verdad no vivimos. Porque cuando lo hicimos nos parecieron tan simples que nos dio por redibujarlos en la memoria creando playas inexistentes y momentos que en realidad carecieron de romanticismo. Pero es lo que tiene el cerebro, que va por libre, se alía con el corazón hilando una madeja de te quieros incomprensibles.

Por eso, yo decidí morir tantas veces como fuese capaz de amar, pero siempre con la condición exacta de que volvería a la vida dos minutos más tarde de haberme echo cenizas. Seguramente aquella fuese la decisión más práctica, la de sin ti no soy mientras estoy contigo, pero cuando marcho créeme que vivo.
Fue entonces cuando apareció él, con sus artes de intelectual gato de calle dispuesto a desbancarme en todas las manos, no mordió ni helo, tan solo dio vueltas de campana todas y cada una de mis ideas, desaliñando todos los pretextos y hasta hundiéndome en el pensamiento profundo. Pero lento, muy lento, como quién caza un ratón me convertí en la presa de lo real, dejando las pasiones paganas a un lado de la mesa, mostrándome tal y cual era, sin ser reina ni miseria, tan solo yo, él, un tapete con cartas nunca vistas.

Dicen que el verdadero amor surge con el tiempo, que lo primero, el flechazo, lo que arde y despierta los sentidos tan solo es un efecto devastador de nuestra propia carencia afectiva. Por eso cuando los síntomas se escurren entre los días la relación toma su forma exacta que no siempre es la que uno piensa, comienzan las peleas y el yo no supe jamás esto de ti. Decepciones llevaderas hasta el pozo de los delirios, y la pareja intenta sobrevivir en los “cambiaremos” sin darse cuenta de que en verdad nunca se amaron. Solo fueron el encuentro en momento inoportuno, se empeñan en seguir juntos y decir “te amo” cuando en realidad lo único que amaron fue siempre el recuerdo idealizado de lo que nunca llegó a ser.

Y yo, como tantos. Pero con el gato siempre sería distinto, no me atravesaron ni flechas ni estacas, ni tan siquiera el olor de la sangre me hizo perder el poco juicio que me quedaba. Fue delicado, fue conocerle por cada una de sus garras, medirle, saborearle lento y suave, hasta saber que su olor sería inconfundible con la rabia. Y que el miedo, las promesas vagas no tendrían cavidad en un mundo donde todo aceptaba de él, y no digo que cada parte de su pelaje fuese perfecta, simplemente era sumamente llevadera hasta rozar el colapso. Era imperfecto, y lo bonito era reconocerlo y saberme capaz de amarle con sus mellados colmillos y las escondidas uñas, mostrándome panza arriba para ser ante sus ojos las que siempre escondí en la penumbra de mi propia luz.

Por eso aquel día, junto a la ventana, cuando el aire danzaba entre mi cabello de gata me di cuenta de que hay fases y hasta cálculos en el amor. Puede que en verdad no amemos más a unos que a otros, simplemente de diferente modo. Y que uno de ellos, el que es capaz de ver lo malo en la fase de enamoramiento y hasta quererlo, sea el verdadero y no el que unge y te hace morir mintiendo a la propia mente, pensando que todo sería perfecto.

Aquel día decidí que aquella podría ser la última vez que muriese de amor…¿se acumularían las vidas que no gasté para otra nueva ocasión?

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Señorita Pelusa junto a la ventana, Alicante Nov.2007

27 ene. 2009

Madrugadora Dama

-¡Alto bandida! ¿Cómo osas entrar en mi reino? –grito a la oscuridad que cubre la pieza. Sí, la pieza, porque siempre quise utilizar esa palabreja que tanto leí a Márquez en novelas de hojas amarilla que reposaban manoseadas en las estrechas estanterías.

Denuda pero tapada hasta las cejas siento el tintineante sonido del miedo en mi garganta, trago más no sabe a nada, solo el reseco olor a noche que se apodera de mis sentidos.
Me cubro la cabeza y espero bajo las mantas que la presencia marche o vaya, pero la siento suspirar junto a la ventana de rojas cortinas labradas.

Los gruñidos agudos del perro truenan en el espacio contiguo, y la cama cede bajo su peso, ladra y gime asustado. Me asomo entre el hueco que conseguí dejar para respirar y lo observo absurdo ladrarse a si mismo en el espejo. Parece o quizás lo sea, tonto de remate, de capirote, un poco alelao y hasta yo diría que atormentado por mis cuentos diarios y mi afición a comentarle mis paranoicas ideas.

-¡Idiota haz algo! –le grito entre dientes, pero el pobre animal debe ser sordo, o quizás sea la emoción del instante al verse a si mismo reflejado en el espejo, un recuentro con el “yo” más primitivo, se rasca las orejas y gruñe, pues el inoportuno okupa que según el chucho vive tras el cristal ha decidido ser mimo o payaso de feria imitando cada una de sus monerías.

Parpadeo absorta ante la escena, yo en cueros, el perro en conversaciones íntimas, la habitación sin día, la cama tan solo el frío espectral de quien cae en las tinieblas del no despertar.

-¿Y qué será de mi? –gimo de nuevo -¡Muerta en cueros a la pecaminosa edad de 23 años!

Y la presencia escandalosa ríe llenando todo el espacio, y hasta me atrevería a observar luz en los sonidos. Tomo el aliento que queda en vahó y decido apostarme contra la pared y hacer frente a la muerte que sigue a carcajada limpia colapsando el ambiente.

-¿Iraunsugue? –llamo con voz de pájaro de mal agüero, pero oídos sordos se hace el dicharachero dragón -¡Otro estúpido para el montón!, ¿dónde está ese viejo escamoso cuando lo necesito?

Rebusco bajo la almohada cual perro de presa, pero no hay ni dagas ni promesas, solo alguna que otra pelusa maltrecha de la noche anterior, seguramente descendió de algún ombligo, pero apostaría a que no era el mío. Recuerdo inútilmente que esto no es cuento sino la realidad misma, y que aunque quisiera y pudiera no habría pluma en mano que me hiciese cambiar el final de la historia.

-Ejem ejem –carraspeo antes de iniciar conversación con mi verdugo -¿a qué viniste muerte infernal?

-¿Muerte? ¿Se te fue la pinza, la chola o solo perdiste el cocotero? –se dirige a mí aún sonriente, más no puedo verla y si sentirla –Lees demasiado a Poe y eso no debe ser bueno.

Imaginándome presa de una pesadilla y niña indefensa imito todas las escenas de damas muertas que recuerda mi mente recién despierta, me tumbo de lado, saco la lengua, desciende cual sirena sobre el colchón mi melena.

-¡Mátame ya! –grito desconsolada sin dejar de sacar la lengua de medio lado, observando por el rabillo del ojo al perro lavándose los cuartos traseros.

-¿Pero estás tonta?, ¿acaso no sabes quién soy? –replica la presencia hasta ahora desconocida –vengo en son de paz.

Es entonces y solo entonces cuando despierto de mi absurda posición de dama encarcelada, me recompongo digna y me siento en la cama. Más la presencia se acerca con mis bragas de encaje blanco moviéndolas a modo de bandera.

-Cuidado querida no estropees la puntilla, son unas de mis preferidas.

La miro y remiro más no me suena de nada tan delicada fémina, pienso en todas las presencias que podrían visitarme, pasando por los espíritus navideños, los del inframundo, las musas, Melancolía, Tristeza, hasta el pesado de Recuerdo que le da por creerse rey del mundo entero, pisoteo a Llanto, me río de Absurdo y caigo en la cuenta de que no se qué narices pinta esta señorita en mi mundo.

-¿Y tú eres? –al fin pregunto.

-Juguemos a un juego –obvio desde luego –yo diré palabras relacionadas con mi nombre y tú deberás averiguarlo.

Miro el reloj en rojo grabado sobre el techo de plata…¡coño las 7.30 de la mañana! ¿estará la presencia con resaca? Suspiro frustrada.

-Risa –me dice comenzando el juego.

-¡Payasa! –contesto.

-Frío, frío…

-El cielo, ¿eres un ángel?

-¡No coño! ¿dónde me viste las alas? –parece enfadada.

-No se, es que no veo, ¿me pasas las gafas? – y ya a cuatro ojos proseguimos de nuevo.

-Mar.

-Picor.

-¿Y qué tiene que ver el mar con el picor? –temperamental gruñe la doña desde el otro lado de la cama.

-Mar, tierra, sal…picor.
-Eternia querida no seas tan rebuscada –casca los dientes y trina las manos.

-Chocolate.

-No gracias estoy a dieta –los ojos la mugen y babea.

-¿Estás bien? –pregunto asustada pensando sino la dará algo a la madrugadora dama.

-¡Me alteras! ¿no te disté cuenta? Digo cosas que te gustan, cosas que te hacen…

-¿Einch? Creo que estás un poco loca…¡aaaah espera espera! ¡Si eres Locura! Querida cuanto tiempo, discúlpame sino te reconocí.

-¡Qué no coño escucha! –rebotada y hasta diría que un tanto cabreada gruñe más que el pobre perro, se levanta, se sienta, comienza a impacientarse.

-Obsesión, Celos, Paranoia…no no, espera espera, no te tires de los pelos…ya lo tengo ya….eres…eres…mira chica que no se quien eres.

-¡FELICIDAD! ¡¡¡SOY FELICIDAD!!!

-Aaaaah válgame la virgen y todos los ángeles caídos, ¿y qué quieres a estas horas? –pregunto decepcionada con una estúpida sonrisa en la boca.

-¿Cómo qué que quiero? Soy yo, ¡Felicidad!

-Ya ya eso ya lo escuché…¿y? –interrogo a la tonta presencia que da saltos y cabriolas sobre mi cama –cuidado con el perro, muerde y araña, como la dueña cuando está cabreada.

-¿Esa no era tu gata?

-Si también, pero Pelusa es más aficionada a arrancar ojos, a este le gustan más las manos, son distintos aunque parezcan iguales –intento explicarla, pero antes de hacerla una disertación sobre mis bichos y sus peculiaridades decido terminar la visita cuanto antes –bueno y en verdad, ¿qué querías?

-Vine a quedarme en tu vida.

-¡Oh que bonito querida! ¿y para eso me despiertas? ¡so cretina!

Cierro los ojos y agarro al perro, la ducha suena de fondo con cánticos mañaneros…babeo más diré que era el perro, sonrío y ladro mientras me duermo.
La escucho agitarse junto a la pata de la cama, rebuscar las llaves de las esposas bajo el colchón.

-No te molestes cielo, las escondí en un cajón –me dirijo a ella más soy victima del sueño – si te portas bien luego te llevaré a dar un paseo.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Viaje a Irati (Navarra, Oct. 2007)

26 ene. 2009

Tormenta de ideas en días soleados

Sepia…

…maderas que cubren locales con olor a café recién hecho, leche que bulle, tazas blancas tiznadas de negro…ocre.

Y el mar embravecido muge cercano, las olas fluyen en la mente de quien las observa, las ideas nacen en cada empuje.

Delicada juguetea con los dedos sobre la mesa, música de fondo…cambio de plano, rojo y blanco…

Las musas se recrean en la orilla bebiendo la sal de las palabras, imágenes sin nostalgia, todo se tiñe en colores variados…blanco y rojo, paraguas y mimos.

Acordes lejanos resuenan en su mente, pisadas que se alejan en el horizonte, la arena se hunde.

Espera, mira a la puerta expectante, sonríe en una nueva secuencia y el muchacho pedalea por las calles abarrotadas de gente, huele a café, siempre café.

Realidades, canturrea, siente un abrazo protector que la cubre y la mece bajo el sol de Enero.

-¿En qué piensas?

-En el proyecto.

El sol incide sobre sus ojos, verde opaco, limpio mundo de sonrisas…eso es, sonrisas, finales, mimos, parques, calles, café, colores, sepia de nuevo, torbellino de imágenes y el perro ladra de fondo.

Tres finales a escoger, según el gusto del consumidor, cortado o con la leche fría…mejor del tiempo. Y a lo lejos el castillo se sume en la caricia del viento, acantilados mortales donde grazna el mar, las gaviotas sobrevuelan la cosa, pueblos blancos.

Más cánticos…legamos al final…tres finales, si eso es.

La puerta de la cafetería se abre, él entra, pero…¿quién espera en la mesa? Aquella muchacha en sepia…esperado, final esperado…cambia los tornos, ¿otro muchacho?

Fotos de lejos, otras cercanas, arena blanca…transparente su mente, las musas vuelven.

Un objeto sobre la mesa, algo diferente, giro en la historia, última secuencia, un único plano y la margarita sostenida sobre un café en plato.

-Lo tengo –suspira hablando con la mar.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Tossa (Girona) Enero 2009

20 ene. 2009

Historias de parques y perros

*Ren: “Flor de Loto” en japonés, nombre masculino de uno de los personajes del manga “Nana & Nana”
*Rem: (Rapid Eye Movement) es la fase del sueño durante la cual suceden los ensueños más intensos.
*Renm: Flor de Loto en fase del sueño intenso.


Todos intentaban clasificarle y etiquetarle, ponerle una marca y señal de distinción cómo si fuese un objeto cualquiera, unas zapatillas caras, un sombrero y hasta un peinado de peluquero concreto.

-Es un braco….no noooo sin duda es un pastor alemán enano, mmmm aunque tiene pinta de beagel….

-Es mestizo –solía contestar ella.

Y cada día en los paseos todos paraban ante sus curiosos ojos de musgo preguntando una y otra vez “¿Qué raza es?” cómo si eso fuese importante, porque enmarcarle en un tipo concreto era lo único que interesante, compararle, etiquetarle, nombrarle.

Pero él era simplemente Renm, Renm el corredor sin metas, Renm el del sueño tranquilo, Renm el que saltaba en altura al ver llegar a sus dueños, Renm el mordedor de sofás, Renm el carismático, el juguetón, el que podía pasarse horas con un peluche entre las fauces.

Renm bola de pelo el abandonado, Renm y sus lametones de agradecimiento por ser adoptado, Renm el que crecía a pasos agigantados, Renm el dueño y señor de la cama, Renm y sus bostezos ruidosos….

…simple y llanamente Renm, un pequeño cachorro.

Entonces, ¿por qué era tan importante ponerle raza, encuadrarle en un estatus perruno, marcarle como si fuese un simple producto?

Al fin y al cabo él seguiría siendo una flor de loto en fase de sueño intenso…Renm, siempre el alegre Renm.

Iraunsugue Eternia

Fotografía- Renm y su primer día en la nieve, Setcases (Girona, Navidades 2008)

13 ene. 2009

De tumbas sin nombre

Aún y aunque estés muerto…

… hablo contigo en los sueños, suelo hablarte de olas que nacen en orillas de playas desiertas cubiertas de hogueras en noches mágicas, de bosques que atrapan hadas, de ríos cubiertos de nieve donde duerme en invierno la Diosa, de cuevas y dragones petrificados en rocas. De tesoros en palabras filosóficas a la luz de una candela que brilla perpetua en el cielo de otoño.

De innumerables paseos cámara en mano, de desiertos con sabor a té escondidos en el vergel que nadie encuentra, de búsquedas sin motivo, de acuarelas viejas en vagabundos museos, de miradas con sabor a estrellas del levante.

De folios en blanco, de bocetos que no ven la luz, de tumbas sin nombre, de flores marchitas, de tu muerte…de la mía.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Mataró Julio 2008 (Barcelona)

12 ene. 2009

Soplo de Invierno

Has pasado a mi lado como brisa de invierno, desgarrando miradas con tu gélido aliento, dispar, distante, ensimismado. Te has marchado de la mesa olvidando un café casi apurado, donde el último trago tan solo es el resquicio de lo que no apareció tras la puerta, esa, que has pasado interminables minutos observando, dormida, abstraída, casi despierta.

Del estómago en puño y corazón en vuelco me he girado a tu paso, rodeándome de una fragancia juvenil, de primavera errónea, de sueño en una sola copa, de un solo trago. Y hasta he tenido que buscar el calor en unos ojos claros, melancólicos a la par de risueños, de verde claro.

-¿Qué ocurre? –pregunta él, mientras sorbe la pajita de whisky en café.

-La soledad, tan solo eso…nada más.

-¿La tuya? –pregunta en sorpresa.

-¿La mía? No, la de ella –y te he señalado, mientras marchabas por la puerta.

Has dejado el vahó de todas las preguntas sin respuesta, de la sensación de agobio y peso del alma sobre la barra en céntimos de propina, el pañuelo olvidado que cuelga noble sobre la mesita.

-A veces observo –le he dicho, mientras sorbía despacio el chocolate ambiguo –a la gente, sus miradas, sus ropas, sus gestos…me pierdo en ellos para darlos la vuelta, comprender que buscan, en que piensan. Entonces escribo, de cabeza, de memoria, solo para mí.

Y él, me ha preguntado con la mirada de quien marca acordes entre los dedos, dibujando despacio una sonrisa en mi pelo, dando paso a mi voz, invitándome a escribir sobre ti que nada conozco, analizándote en notas, calculándote en versos.

-Soledad, soledad rítmica de quién burbujea pensamientos en la taza de un café, y la cucharilla de plata no es más que la excusa en la que sumirse desnuda en alma, sola en compañía de una taza. Despacio, atenta, has intentado no mirar la puerta, quedarte en la despensa de tus pensamientos, dormirte en la cuchara que da vueltas. Pero la puerta te llama y te agobia, mientras buscas llamadas inexistentes en el teléfono que escondes entre tus manos. Estas sola, esperando que se abran los cristales y el gélido invierno te robe la risa, te haga de chispa, te cubra en deseo, te cumpla niña todos tus sueños…pero él no ha venido, y tu marchas a prisa dejándote el último trago de un café ya frío.

Mientras, él, a compuesto melodías en susurros, y mi voz ha dejado de sonar para dar paso a su solo, ambos hemos reído.

-¿Vas a llorar? –me ha preguntado.

-No, solo me dio pena esa chica, llevaba la tristeza en sus ojos.

-A veces compongo música, en mi cabeza, mientras trabajo o camino…

-Sí, lo se, yo letras…solo letras.

Más tarde, cuando la mesa ha quedado vacía y el hielo caía en lluvia, el frío de la noche nos ha sorprendido a los dos. Y él se ha vuelto anhelante buscando mi boca, persiguiendo mis ojos, mirándome fijo, envolviéndome en noche.

-Yo también te quiero –he respondido, mientras mi estático cuerpo de hielo se ha derretido entre sus brazos.

Y al marchar, tú has vuelto en busca del pañuelo olvidado…nosotros, ante tus ojos, tan solo una pareja que se añeja en abrazos, diminutos puntos de lluvia bajo un paraguas de azabache trazado.
Iraunsugue Eternia

Fotografía-Setcases (Girona) Navidades 08

7 ene. 2009

La Sala 5

Leve, muy leve la moqueta se hunde rugosa bajo los pasos ciegos que se aproximan por el oscuro pasillo de negras paredes envueltas de olores acres, extraños, mezcla de piel sudorosa, risas y llantos. Dulzor de palomitas aguadas en burbujeantes brebajes mezclados con prisas, sonrisas desinteresadas, armonioso juego de manos entre nachos y plastificadas pajitas.

El sonido retumba, finales aproximados equivalentes a una vida, a las miles que recorren los pasillos cada día, yo, como tantas otras, perdida entre las horas que marcan los pases. Tan solo un alma cual brillo podría equivocarse con la salida en verde brillante, bajo el neon de prohibido me escondo, observando rostros que mueren y sueñan, y tú, entre ellos, no eres más que otra simple presencia.

Sí, es cierto, podría perderme en el pelo de la quinceañera que mágicamente camela con besos de chicle los labios de quien la atrapa y la encuentra. ¿Y por qué no? de la mujer de rulos en rizos que mira el reloj mientras se pone el abrigo, y hasta del silencioso grupo de niños que aplastados contra la butaca piensan ser parte de un mundo en relieve de tintas logradas, animados personajes con miles de máscaras. Sin saber, que en unos años, vestirán todas y cada una de ellas cuando la sociedad los llame a jugar en este mundo equivalente a una selva.

Pero no se ha perdido mi mirada en ninguna caligrafía igualitaria que portan quienes a mí alrededor se encuentran, ni tan siquiera en los kilos de desechos que se aglomeran en los escondrijos de telarañas desechas entre butacas maltrechas.

No hay luces, aunque se enciendan, al mirarte a mí tan solo me llega tristeza. He quedado postrada en el pasillo. Incapaz de revivirme en los segundos y en las voces que claman mi atención desde lo alto, eres el último eslabón de esta cadena, la última persona de una sala repleta de muertos butacones que esperan.
Sentado, has quedado recluido entre la última escena de la parodia, observando atento las letras divisorias que marcaban el final…por mucho que mires, te aseguro que no hay más.

La pantalla se queda en blanco y tú asciendes desde lo profundo de tu alma, intentando aclarar la respiración en la garganta profunda de pensamientos selváticos. Te has puesto el abrigo, sin dejar de observar las salidas que hay a tu alrededor, para volver a sentarte. Entonces y tan solo entonces, cuando la pequeña de rubia melena te tira del traje comprendo, que realmente allí fuera, para ti todo hace tiempo que muerde en los silencios, corrosiva soledad que se te agolpa en el pecho.

Muero, ¿por qué no decirlo? Mientras asciendo escaleras arriba sin dejar de perderme en tus sueños, ¿acaso tienes?, ¿o también se fueron? Pantalla en blanco, luces arriba, las últimas filas limpias y tú postrado aún en ese hueco rojizo que lleva a ser territorio desierto, la niña te apremia, pero tú, aún… no estás despierto.

Te incorporas melancólico, y yo tan solo te observo por el rabillo del ojo, intentando no ser vista, siendo consciente de que nuestras miradas se han cruzado, como con tantas otras personas durante las horas tardías.

Te marchas, silencioso, con la niña de la mano que explica y complica, pero tú, tú y tu mirada aun reposan en el mundo de preocupaciones adultas, incapaces de volver al recobijo que hasta hora fue este espacio de marionetas pintadas, cueva de niños, tan solo y simplemente…la sala 5.

Iraunsugue Eternia