20 feb. 2009

Aromas

Absorbió a tragos el aroma en su pelo, marcando la línea de su cuello en dirección a los labios, deteniéndose en la comisura, ungiéndola de viento, formando remolinos alrededor de las aureolas de sus pechos. Deambuló entre el eclipse perpetuo de la mañana que despuntaba en soles etéreos, mezclando el susurró que se la escapó sincero en dirección a un cielo encapotado de vida, con el mar mugiendo a lo lejos, desperezándose las olas, mordiendo las orillas con sabor a sal.

Y el césped crujía bajo su caminar seguro y lento, parando la marcha en cada pedazo de si misma que se caía para reconstruirse de nuevo en una sonrisa perpetua de mañana temprana. Mientras el perfume embriagaba sus sentidos mojándola en deseo, marcando un reloj sin agujas parado hacía tiempo.

Su imagen en recuerdo frente a un espejo nocturno, vestido a medias, con la palidez de la piel reflejándose en paz, dejando caer las gotas del veneno inocuo sobre su cuello, condensado el aroma que tomaba cada partícula del ser. La habitación borracha de amor gimió segura, y hasta los muebles crujieron cuando el soplo de un te quiero paseó tranquilo contra la pintura rojiza del cuarto. Enmarañándose en los labios, vagando a zancadillas sobre los abrazos.

Suspiró, muriendo en cada aliento robado de la noche anterior, varándose en los momentos precisos de dos cuerpos desnudos, cayendo al vacío del amor limpio, sin travas, sintiéndose segura en cada mirada. Volviendo a recordarle entre las cálidas sábanas de una cama hacía ya tiempo compartida. Escribiendo al amanecer en cada cicatriz curada del alma que ya no sangraba en tinta…

…tu olor me tomó por sorpresa y me he quedado enredada en tu aroma…

Y al deshacer las palabras en alientos, la imagen de otros tiempos la tomó por sorpresa, siendo víctima de sus propias vivencias volvió a una estación desconocida, a un punto de encuentro entre dos líneas. Nuevamente sobre aquel balcón él volvió a besarla, tranquilo, sin prisas, envolviéndola en los silencios de promesas no dichas y en cambio cumplidas.

Y a lo lejos, meciéndose sobre el horizonte siempre danzaría el mar.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Tossa, Girona (Feb-2009)

12 feb. 2009

De estilos en metro.

El frío se resbalaba hacía las entrañas engañando a la gravedad, hundiéndose en las canillas y subiendo por las piernas hasta alcanzar las manos. Y ella temblaba, más por los nervios contagiados de su estómago que por la necesidad de cubrirse un poco más. Arropada, contra la paredes miraba perdida el pasear de los trenes siempre nocturnos, dejándose llevar en cada paso de los agitados pies que pasaban a milímetros de su cuerpo, zapatos caros, botas juveniles, altas, bajas, de tacón de aguja, zapatillas de deportes, anchas, cortas, planos, medianos, bonitos, feos…un sin fin de modelos con los que cubrir la necesidad de caminar en dirección correcta.

Ella, en cambio, se había adaptado a la opuesta, en la contrariedad de quien decide sentarse en una estación de metro cualquiera a mirar la vida, unas horas, tan solo lo suficiente como para mamar historias de cada boca cercana, escudriñando las conversaciones lejanas, siendo la lengua del hombre que busca caricias extrañas en la oreja de su compañera. Y hasta la baba del perro del policía que registra con la mirada a todos y cada uno los pasajeros que anidan en los escombros de aquel lugar.

Podría haberse parado a mirar a cualquiera, morirse en el suspiro de la quinceañera, arañar la piel del drogadicto, emborracharse del amor de aquel chico guitarra en mano, colgarse de la cresta de algún punky, dormirse simplemente entre cartones, encaramarse a todas y cada una de aquellas mentes. Pero aquella tarde, él y solo él fue el elegido, como quién escoge un marisco en una pecera llena de insectos marinos.
Arrugada tez de oscuridad nocturna, de manos anchas y uñas pálidas, soplo de muerte y aliento de niño, con ojos menudos casi escondidos.
Y bolígrafo negro en mando calculó la caligrafía antes de lanzarse a devorar sílabas contra el papel, para segundos antes hablar con el desconocido personaje que se la antojó escoger.

-Podría escribir simple y llanamente… “encorvado de tez pálida, el anciano..mmm..señor..mmm ¡Martinez! Avanzó como cada jueves por los pasadizos iluminados del metro de Barcelona. Intentando esquivar a la muchedumbre de jóvenes universitarios que enfrascados en conversaciones académicas se amontonaban como piojos en guardería en el vagón central. Cansado, apoyado sobre el bastón que hubo de regalarle su hijo las navidades pasadas, buscó el final del tren para acomodarse contra las ventanas, entre las piernas de un joven con rastas y las abultadas maletas de la vendedora de pintalabios”

Y en verdad, su voz se alzó unos segundos por encima de la muchedumbre, apagando las luces a cada palabra de toda la estación. A oscuras y sin ver nada, borró lo dicho anteriormente en escritos sobre el papel y comenzó de nuevo, esta vez en voz alta.

-¡Sí podría! Podría hacerlo, pero también podría decir esto… “ De pasear antiguo y ojeroso, avanzaba como cada jueves el Sñr. Martinez por los largos pasadizos de angostas escaleras de aquel metro cualquiera, sin parada precisa en una Barcelona antigua que se demolía en historia, construyéndose sobre las ruinas de una gran obra de Gaudí. Aunque él, lejos de todo aquello, tan solo sabía rememorar los años en los que el metro no andaba infectado de muchedumbre nerviosa, años, en los que su camiar altivo hubo de robar el corazón de damas. Y ahora el alma en vuelco se le tornaba cansada, envejecida, mustia y hasta desconsolada buscando un lugar donde morar en vagón lejano. Apoyándose contra la juventud de quien tarde o temprano sería veterano, de rastas en pelo y música en oído, cerca del maletín de cosméticos y la señorita de ceño fruncido que intentaba sopesar la pena en tragos y las ganas de comerse al joven moreno que absorto moría en sueños contra el cristal, recitándose una y otra vez lo aprendido en el espejo, en como decir simplemente a la que añoraba…te quiero”

Fue entonces, cuando la estación recobró la luz y la gente siguió su marcha, y aunque todos la oyeron nadie se paró a decir nada, en senderos oscuros, ¿quién habría de reconocerla?

Pero el viento que se colaba entre las paradas hubo se seguirla en su caminar hacía casa, de vuelta a la realidad de tarde en mañana.

-Podrías, ¿por qué no?, pero dime, si lo hicieras, si cambiaras, ¿seguirías entonces siendo Eternia?

Y ella no respondió, se limitó a describir lo ocurrido, plantando flores oníricas sobre realidades materiales, escabulléndose en los sueños, dotando al mundo de una luz que probablemente solo ella en su locura conseguía ver, volviendo simplemente a ascender, pensando que tal vez… podría ser lo que nunca fue.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Barcelona en metro, Navidades 2008.

Érase una vez...

Y alzando la pluma sobre la última palabra de aquel cuaderno, la tinta cayó sobre su propio peso en un estado gravitatorio de existencia pura. Dejando sobre el papel el borrón de un fin sin remedio y el comienzo sin ideas en el papel sobrante, como quien vuelve sobre sus pasos sin saber a donde dirigirse, el inventor de ideas cayó rendido derramando suspiros por cada poro, desplazando los ojos hasta el interior de su ser, muriendo lento a cada gota que caía sobre la verde pradera de almohada bajo sus pies.

-¡Y si ya no hay historias! ¿quién seré?

Levemente comenzó a palidecer perdiendo la vida a cada sílaba insonora que se le atragantaba en la lengua, muriendo por cada cuento incapaz de salir a flote, desquebrajándose por todas las historias nunca escritas, por las pensadas que se quedaron en el desfilado incoloro de mentes abstractas, por aquellas que sin razón ni asombro pasaron inadvertidas ante sus ojos…

… y antes de que la pena se cubriera en risa y la lágrima fácil mudase en otoño, suspiró dejando salir al aire que a bocanadas se le escapaba en vida, todos los cuentos que guardó dentro, los que quemaban ahora huían volviéndose neutros. Aferrándose a los árboles que silbaban odas, abrazando a los transeúntes que inevitablemente olvidaron infancias de hadas y escobas. Y en aquel momento todos y cada uno de aquellos que elevaron a su vez las plumas en teclas para emitir sensaciones en palabras correctas, se olvidaron de lo que querían decir, las ideas vagas reposaban sin rumbo sobre mentes incapaces de alcanzarlas y alzarlas sobre el papel.

Se secó el tintero de todos los escritores vivos, muriendo uno a uno todos los versos, deshaciéndose las rimas contra papeles en blanco, olvidándose los comienzos de todas las historias…desapareciendo los libros de nobeles autores. Y las ideas sin rumbo fueron a parar a los pies del principio de todos los cuentos antes escritos, esperando a ser rescatadas quizás por las palabras de un niño. Uno capaz de recordar el comienzo de todos los principios, recomponer las piezas de un puzzle en sílabas encadenadas, alzar la voz para volver a reencarnarlas, escribir con caligrafía infantil en el tiempo con voz baja…

...Érase una vez, un mundo que se volvió palabra…

Y quizás así, el inventor de ideas mudaría la pena en versos y volvería a dotar de vida los escritos de aquellos a los que la tinta se les fundió en madrugada, incapaces ahora de describir sentimientos en papeles de nácar.

Iraunsugue Eternia

Fotografía de google.

6 feb. 2009

1.30h

En la oscura densidad de la noche en su piel recorre todos los parámetros que podría llevarla al placer, alzado y en asta gime bajo las sábanas.

-Son la 1.30h de la madrugada –surra en un eco de silencios pausados.

Ella no se responde, tan solo ríe bajo el peso del deseo recorriendo con su lengua cada centímetro de su estómago, hasta tomarlo entero y hacerlo suyo. Delicadas manos de pianos estrategas que manejan máquinas inteligentes deslizándose por su cuerpo, estremeciendo la oscuridad en un solo latir de dos corazones henchidos de amor. Prietos, de sal y deseo despiden las sábanas bajo la cama mientras la alza sobre su cuerpo, aferrada a la cabecera él entra en su mundo, caliente, jugoso, apretando las nalgas hasta llegar al fondo, calibrándose en la perfección de movimientos sonoros.

Bajo su tacto, ella encuentra el interruptor dando luz a la escena, subiendo el telón de sus propias formas para que él pueda verlas, se incorpora sobre la almohada tomándola de la cintura, leve muy leve la observa tras la maraña de cabellos oscuros. Esmeralda en ojos del deseo profundo.
Y Ella desliza las manos hasta tomarlo de las muñecas, apretando con fuerza hasta hacerle su esclavo, entrando y saliendo en delicados paseos hasta el interior de su propia excitación, sudando, bebiendo de la boca que la clama en gritos, parando en el momento preciso.

-¿Eres mío? –le ha preguntado en gemidos.

-Soy tuyo, solo tuyo –contesta entre jadeos engañándola un momento, girándola sobre su propio peso hasta tomar nuevas posiciones, y ahora Ella victima de la lujuria abre las piernas dejándole penetrar hasta hacerle consciente.

Juegan los dedos entre sus piernas de ojos en blanco, apresurados movimientos capturados en un cristal de espejo, que devuelve el reflejo de dos cuerpos encarcelados en rejas nunca visibles de lascivos deseos. Él se rompe en mil pedazos estallando contra su vientre, ella, simplemente se deja llevar por la oleada de placer que la quema las entrañas hasta volverse rígida mientras lo araña la espalda.

Y al descender la pareja sobre la cama, de cuerpos de medio lado enredados en pasiones de posiciones pragmáticas, él cae rendido en sueños profanos de dama desnuda, aferrado a su pecho como cada noche, de cabeza ladea ella lo imagina con sus ojos verdes mirando al interior de su ser. Y al escuchar el sonido del durmiente en calmada respiración, alza la voz por encima de sus pensamientos.

-No sabes lo mucho que confío en ti, no te imaginas cuanto.

Él se ha retorcido en murmullos buscando su boca, varando la lengua contra su cuello, durmiendo ambos juntos, muy prietos…con la felicidad plasmada en sus cuerpos.

Iraunsugue Eternia

4 feb. 2009

Historia de un Suicidio

-¿Qué son esos ruidos?

-Creo que Tristeza revoloteando por el salón.

-¿Tú la llamaste?

-¿Bromeas Eternia? Yo soy solo una musa, ¿para que iba a querer yo a esa en nuestros dominios?

-Om, pues alguien debería salir y decirla que se nos terminó el café.

-Pobre, no la hará mucha gracia saber que aún tenemos a Felicidad en casa…deberíamos buscar una alternativa, quizás llamar a Melancolía, ellas siempre se llevaron bien.

-¿A Melancolía? ¡ciertamente esas dos son una pareja bastante aburrida!

-Depresivas diría yo.

-¿Y qué propones Musa? Salimos sin hacer ruido...seguramente se cansará de hacer el indio por la casa y decidirá marcharse.

-Mmmm no, últimamente parece que todas quieren quedarse y este cuarto es realmente pequeño.

-Bien, entonces tápala la boca mientras yo la tiro por el balcón.

-¿Quieres que la matemos?

-No Musa no, ¿matar?, ¿nosotras? Me es más fácil suicidarla, al fin y al cabo sería un grandioso final para alguien de su calaña.

-Om, si, estamos de acuerdo, vamos a ello.

Y horas más tarde, las autoridades de los Sentimientos se encontraron a tristeza maltrecha y un tanto desmembrada muerta en los patios traseros de aquella casa…hasta la fecha no se han encontrado culpables, porque siendo sinceros, ¿quién no hubiese querido hacer aquello antes?

Iraunsugue Eternia
Cuadro "La Mort de Marat" Jacques-Louis David 1793

Pesadillas II

Diminuta y pequeña se balancea sobre su propio cuerpo aferrada a las cuerdas de sus piernas, columpio de antaño en verde esmalte descascarillado, de hierro oxidado y horas de infancia.

Columpio de lágrimas,
balancín de silencios,
trampolín de cuentos que inventa en oscuros parajes desiertos.

Y el parque está vacío y solo lo cubren los cuervos,
-¿De qué tienes miedo niña de blanco?
Preguntan a media voz los bancos lacados cubiertos de moho.

-De los monstruos del armario –contesta dejándose mecer por las pesadillas que impulsan los vuelos rasgados.
Los demonios que habitan bajo la cama han cubierto el suelo de hollín y más allá no hay horizonte, ni luz, tan solo espacios en gris.

Tararea consciente de su propio estado, dejándose balancear por el pasado…y a lo lejos suenan los cascabeles metálicos que cuelgan de las cordoneras de sus zapatos. Las piernas heridas de caídas en rocas, arañazos de tiempo en sal gorda.

-Escuece la sal –dice la niña y los muertos se revuelven en sus picas.

-¿Dónde están tus alas? –preguntó el gran dragón, cubriendo de fuego en coronas ardientes los montes cercanos llenos de sierpes.

-Rotas y heridas, tan solo marchitas –tatarea pequeña la niña escondida.

Y la sangre burbujea en los charcos de cuchillas mientras el barro se hunde hacía el final de los tiempos, ya no hay columpios, tan solo pájaros muertos.
Los parques se desquebrajan en páginas negras, la tinta que mancha en palabras huecas.

-¿Moriremos hoy? –dice la dama en negro.

-Seguramente sí, y mañana renaceremos.

Se columpia tristeza en el huracán,
se esconde alegría bajo la cama,
ya ni siquiera habla nostalgia.

El silencio ha capturado a todas las niñas aladas.…cerrando tras de si todas las entradas.

Iraunsugue Eternia

Ilustración de google.