30 ene. 2009

De Gatas, Amor y Ventanas.

Uno puede morir muchas veces, tantas como sea capaz de romperse un corazón. Yo hasta la fecha morí tan solo dos, pero por condición de gata aún me quedan cinco cartas que desbarajar, echar sobre la mesa y esperar a que la jugada sea al fin certera…hoy por hoy, juego con la tercera.

Los impulsos cardiacos son más potentes de los que uno mismo puede llegar a imaginarse, no son solo colapsos hormonales lo que nos hace enamorarnos, es la estrategia de la propia vida, cuando los ojos se alinean cual planetas decididos a encontrarse. Bastaría con cerrar los ojos y no mirar al contrincante, y aún así y aunque no quisiéramos seguiríamos siendo víctimas del destino. Simples mimos de calle, payasos de corazones abiertos, gente que se encuentra, y es que inevitablemente estamos destinados al amor, queramos o no.

Hasta yo, nacida de la pasión y de noches sin aliento estaría impulsada por mis propias ansias de conocimiento a caer rendida contra el tapete, con el corazón abierto sobre la mesa de juego esperando a que el otro tomase partido curando mis heridas. Cicatrizando con caricias las supurantes yagas a merced de sus estímulos, pudiendo caer debilitada entre sus fauces y morir desangrada de amor, yacer en añicos intentando recomponerme de nuevo.

Y el primero hubo de ser un cuervo, un cuervo de alas rotas incapaz de alzarse sobre su propia historia, hijo de muertos, niño sin infancia. Podría haberlo atacado, despedazar sus alas cortadas de viento y comerlo poco a poco, seguramente hasta habría disfrutado masticándolo entre mis fauces mininas, pero no lo hice, simple y llanamente decidí amarle si es que eso llega a pensarse.

No predije el final, tan solo acepté que ninguno ganaría aquella partida, jugamos en mismo equipo, intercambiamos miradas y hasta las rondas servidas eran a cuatro manos, buscamos los resquicios por donde colarnos para seguir unidos. Pero Destino siempre fue más potente que todas las promesas, más que los suspiros de quinceañera. Distancia decidió mediar y ante ella no hay jugador que gane una mano. Ni yo ni mis artes felinas consiguieron desbancar a dicha señorita, él no se fue, ¿cómo hacerlo si las alas fallaban para emprender el vuelo? Simplemente diré que la vida y otros demonios raptaron a mi cuervo.

No fue una decisión tomada a pulso, sino más bien la pataleta contra el futuro, no quise amor, no de ese que desgarra entrañas, preferí el atípico, el comestible, el que deja el sabor del jugo del sexo en la garganta. Me alíe con la pasión efímera, con los encuentros fortuitos, con todo animal capaz de hacerme vibrar en armonía durante al menos dos días, lo demás, el amor, a ese le dejé que me quemase por dentro, aleteando las alas en los años de aquel cuervo.

Hasta que apareció él, mi siempre fiel perro. No lo busqué, tan solo se cruzó en mi camino la noche precisa en el momento oportuno, a ese si le devoré y hasta le clavé las garras, le hinqué los dientes dejando que se apoderase de mi cuello y se hiciese dueño de mi cintura. Corrí, corrí tanto por bosques milenarios que me perdí en la senda de los comienzos tranquilos. Escupí sobre todo lo armónico, desgarré con mis uñas toda preedición de futuro…y al final de la etapa en partidas absurdas, ambos perdimos.

Y es que por más que una intente vararse en las promesas están tienen fecha límite, se sopesan unas a otras y terminan debilitándose. Nunca se a de pretender morir el mismo día que aquellos a los que amamos, porque inevitablemente seguimos con vida aunque no queramos. Y con el tiempo, con sus pasos, con las nuevas cartas una se da cuenta de que todo lo pasado tan solo es una quimera de nuestra propia mente que tiende a idealizar momentos que en verdad no vivimos. Porque cuando lo hicimos nos parecieron tan simples que nos dio por redibujarlos en la memoria creando playas inexistentes y momentos que en realidad carecieron de romanticismo. Pero es lo que tiene el cerebro, que va por libre, se alía con el corazón hilando una madeja de te quieros incomprensibles.

Por eso, yo decidí morir tantas veces como fuese capaz de amar, pero siempre con la condición exacta de que volvería a la vida dos minutos más tarde de haberme echo cenizas. Seguramente aquella fuese la decisión más práctica, la de sin ti no soy mientras estoy contigo, pero cuando marcho créeme que vivo.
Fue entonces cuando apareció él, con sus artes de intelectual gato de calle dispuesto a desbancarme en todas las manos, no mordió ni helo, tan solo dio vueltas de campana todas y cada una de mis ideas, desaliñando todos los pretextos y hasta hundiéndome en el pensamiento profundo. Pero lento, muy lento, como quién caza un ratón me convertí en la presa de lo real, dejando las pasiones paganas a un lado de la mesa, mostrándome tal y cual era, sin ser reina ni miseria, tan solo yo, él, un tapete con cartas nunca vistas.

Dicen que el verdadero amor surge con el tiempo, que lo primero, el flechazo, lo que arde y despierta los sentidos tan solo es un efecto devastador de nuestra propia carencia afectiva. Por eso cuando los síntomas se escurren entre los días la relación toma su forma exacta que no siempre es la que uno piensa, comienzan las peleas y el yo no supe jamás esto de ti. Decepciones llevaderas hasta el pozo de los delirios, y la pareja intenta sobrevivir en los “cambiaremos” sin darse cuenta de que en verdad nunca se amaron. Solo fueron el encuentro en momento inoportuno, se empeñan en seguir juntos y decir “te amo” cuando en realidad lo único que amaron fue siempre el recuerdo idealizado de lo que nunca llegó a ser.

Y yo, como tantos. Pero con el gato siempre sería distinto, no me atravesaron ni flechas ni estacas, ni tan siquiera el olor de la sangre me hizo perder el poco juicio que me quedaba. Fue delicado, fue conocerle por cada una de sus garras, medirle, saborearle lento y suave, hasta saber que su olor sería inconfundible con la rabia. Y que el miedo, las promesas vagas no tendrían cavidad en un mundo donde todo aceptaba de él, y no digo que cada parte de su pelaje fuese perfecta, simplemente era sumamente llevadera hasta rozar el colapso. Era imperfecto, y lo bonito era reconocerlo y saberme capaz de amarle con sus mellados colmillos y las escondidas uñas, mostrándome panza arriba para ser ante sus ojos las que siempre escondí en la penumbra de mi propia luz.

Por eso aquel día, junto a la ventana, cuando el aire danzaba entre mi cabello de gata me di cuenta de que hay fases y hasta cálculos en el amor. Puede que en verdad no amemos más a unos que a otros, simplemente de diferente modo. Y que uno de ellos, el que es capaz de ver lo malo en la fase de enamoramiento y hasta quererlo, sea el verdadero y no el que unge y te hace morir mintiendo a la propia mente, pensando que todo sería perfecto.

Aquel día decidí que aquella podría ser la última vez que muriese de amor…¿se acumularían las vidas que no gasté para otra nueva ocasión?

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Señorita Pelusa junto a la ventana, Alicante Nov.2007

27 ene. 2009

Madrugadora Dama

-¡Alto bandida! ¿Cómo osas entrar en mi reino? –grito a la oscuridad que cubre la pieza. Sí, la pieza, porque siempre quise utilizar esa palabreja que tanto leí a Márquez en novelas de hojas amarilla que reposaban manoseadas en las estrechas estanterías.

Denuda pero tapada hasta las cejas siento el tintineante sonido del miedo en mi garganta, trago más no sabe a nada, solo el reseco olor a noche que se apodera de mis sentidos.
Me cubro la cabeza y espero bajo las mantas que la presencia marche o vaya, pero la siento suspirar junto a la ventana de rojas cortinas labradas.

Los gruñidos agudos del perro truenan en el espacio contiguo, y la cama cede bajo su peso, ladra y gime asustado. Me asomo entre el hueco que conseguí dejar para respirar y lo observo absurdo ladrarse a si mismo en el espejo. Parece o quizás lo sea, tonto de remate, de capirote, un poco alelao y hasta yo diría que atormentado por mis cuentos diarios y mi afición a comentarle mis paranoicas ideas.

-¡Idiota haz algo! –le grito entre dientes, pero el pobre animal debe ser sordo, o quizás sea la emoción del instante al verse a si mismo reflejado en el espejo, un recuentro con el “yo” más primitivo, se rasca las orejas y gruñe, pues el inoportuno okupa que según el chucho vive tras el cristal ha decidido ser mimo o payaso de feria imitando cada una de sus monerías.

Parpadeo absorta ante la escena, yo en cueros, el perro en conversaciones íntimas, la habitación sin día, la cama tan solo el frío espectral de quien cae en las tinieblas del no despertar.

-¿Y qué será de mi? –gimo de nuevo -¡Muerta en cueros a la pecaminosa edad de 23 años!

Y la presencia escandalosa ríe llenando todo el espacio, y hasta me atrevería a observar luz en los sonidos. Tomo el aliento que queda en vahó y decido apostarme contra la pared y hacer frente a la muerte que sigue a carcajada limpia colapsando el ambiente.

-¿Iraunsugue? –llamo con voz de pájaro de mal agüero, pero oídos sordos se hace el dicharachero dragón -¡Otro estúpido para el montón!, ¿dónde está ese viejo escamoso cuando lo necesito?

Rebusco bajo la almohada cual perro de presa, pero no hay ni dagas ni promesas, solo alguna que otra pelusa maltrecha de la noche anterior, seguramente descendió de algún ombligo, pero apostaría a que no era el mío. Recuerdo inútilmente que esto no es cuento sino la realidad misma, y que aunque quisiera y pudiera no habría pluma en mano que me hiciese cambiar el final de la historia.

-Ejem ejem –carraspeo antes de iniciar conversación con mi verdugo -¿a qué viniste muerte infernal?

-¿Muerte? ¿Se te fue la pinza, la chola o solo perdiste el cocotero? –se dirige a mí aún sonriente, más no puedo verla y si sentirla –Lees demasiado a Poe y eso no debe ser bueno.

Imaginándome presa de una pesadilla y niña indefensa imito todas las escenas de damas muertas que recuerda mi mente recién despierta, me tumbo de lado, saco la lengua, desciende cual sirena sobre el colchón mi melena.

-¡Mátame ya! –grito desconsolada sin dejar de sacar la lengua de medio lado, observando por el rabillo del ojo al perro lavándose los cuartos traseros.

-¿Pero estás tonta?, ¿acaso no sabes quién soy? –replica la presencia hasta ahora desconocida –vengo en son de paz.

Es entonces y solo entonces cuando despierto de mi absurda posición de dama encarcelada, me recompongo digna y me siento en la cama. Más la presencia se acerca con mis bragas de encaje blanco moviéndolas a modo de bandera.

-Cuidado querida no estropees la puntilla, son unas de mis preferidas.

La miro y remiro más no me suena de nada tan delicada fémina, pienso en todas las presencias que podrían visitarme, pasando por los espíritus navideños, los del inframundo, las musas, Melancolía, Tristeza, hasta el pesado de Recuerdo que le da por creerse rey del mundo entero, pisoteo a Llanto, me río de Absurdo y caigo en la cuenta de que no se qué narices pinta esta señorita en mi mundo.

-¿Y tú eres? –al fin pregunto.

-Juguemos a un juego –obvio desde luego –yo diré palabras relacionadas con mi nombre y tú deberás averiguarlo.

Miro el reloj en rojo grabado sobre el techo de plata…¡coño las 7.30 de la mañana! ¿estará la presencia con resaca? Suspiro frustrada.

-Risa –me dice comenzando el juego.

-¡Payasa! –contesto.

-Frío, frío…

-El cielo, ¿eres un ángel?

-¡No coño! ¿dónde me viste las alas? –parece enfadada.

-No se, es que no veo, ¿me pasas las gafas? – y ya a cuatro ojos proseguimos de nuevo.

-Mar.

-Picor.

-¿Y qué tiene que ver el mar con el picor? –temperamental gruñe la doña desde el otro lado de la cama.

-Mar, tierra, sal…picor.
-Eternia querida no seas tan rebuscada –casca los dientes y trina las manos.

-Chocolate.

-No gracias estoy a dieta –los ojos la mugen y babea.

-¿Estás bien? –pregunto asustada pensando sino la dará algo a la madrugadora dama.

-¡Me alteras! ¿no te disté cuenta? Digo cosas que te gustan, cosas que te hacen…

-¿Einch? Creo que estás un poco loca…¡aaaah espera espera! ¡Si eres Locura! Querida cuanto tiempo, discúlpame sino te reconocí.

-¡Qué no coño escucha! –rebotada y hasta diría que un tanto cabreada gruñe más que el pobre perro, se levanta, se sienta, comienza a impacientarse.

-Obsesión, Celos, Paranoia…no no, espera espera, no te tires de los pelos…ya lo tengo ya….eres…eres…mira chica que no se quien eres.

-¡FELICIDAD! ¡¡¡SOY FELICIDAD!!!

-Aaaaah válgame la virgen y todos los ángeles caídos, ¿y qué quieres a estas horas? –pregunto decepcionada con una estúpida sonrisa en la boca.

-¿Cómo qué que quiero? Soy yo, ¡Felicidad!

-Ya ya eso ya lo escuché…¿y? –interrogo a la tonta presencia que da saltos y cabriolas sobre mi cama –cuidado con el perro, muerde y araña, como la dueña cuando está cabreada.

-¿Esa no era tu gata?

-Si también, pero Pelusa es más aficionada a arrancar ojos, a este le gustan más las manos, son distintos aunque parezcan iguales –intento explicarla, pero antes de hacerla una disertación sobre mis bichos y sus peculiaridades decido terminar la visita cuanto antes –bueno y en verdad, ¿qué querías?

-Vine a quedarme en tu vida.

-¡Oh que bonito querida! ¿y para eso me despiertas? ¡so cretina!

Cierro los ojos y agarro al perro, la ducha suena de fondo con cánticos mañaneros…babeo más diré que era el perro, sonrío y ladro mientras me duermo.
La escucho agitarse junto a la pata de la cama, rebuscar las llaves de las esposas bajo el colchón.

-No te molestes cielo, las escondí en un cajón –me dirijo a ella más soy victima del sueño – si te portas bien luego te llevaré a dar un paseo.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Viaje a Irati (Navarra, Oct. 2007)

26 ene. 2009

Tormenta de ideas en días soleados

Sepia…

…maderas que cubren locales con olor a café recién hecho, leche que bulle, tazas blancas tiznadas de negro…ocre.

Y el mar embravecido muge cercano, las olas fluyen en la mente de quien las observa, las ideas nacen en cada empuje.

Delicada juguetea con los dedos sobre la mesa, música de fondo…cambio de plano, rojo y blanco…

Las musas se recrean en la orilla bebiendo la sal de las palabras, imágenes sin nostalgia, todo se tiñe en colores variados…blanco y rojo, paraguas y mimos.

Acordes lejanos resuenan en su mente, pisadas que se alejan en el horizonte, la arena se hunde.

Espera, mira a la puerta expectante, sonríe en una nueva secuencia y el muchacho pedalea por las calles abarrotadas de gente, huele a café, siempre café.

Realidades, canturrea, siente un abrazo protector que la cubre y la mece bajo el sol de Enero.

-¿En qué piensas?

-En el proyecto.

El sol incide sobre sus ojos, verde opaco, limpio mundo de sonrisas…eso es, sonrisas, finales, mimos, parques, calles, café, colores, sepia de nuevo, torbellino de imágenes y el perro ladra de fondo.

Tres finales a escoger, según el gusto del consumidor, cortado o con la leche fría…mejor del tiempo. Y a lo lejos el castillo se sume en la caricia del viento, acantilados mortales donde grazna el mar, las gaviotas sobrevuelan la cosa, pueblos blancos.

Más cánticos…legamos al final…tres finales, si eso es.

La puerta de la cafetería se abre, él entra, pero…¿quién espera en la mesa? Aquella muchacha en sepia…esperado, final esperado…cambia los tornos, ¿otro muchacho?

Fotos de lejos, otras cercanas, arena blanca…transparente su mente, las musas vuelven.

Un objeto sobre la mesa, algo diferente, giro en la historia, última secuencia, un único plano y la margarita sostenida sobre un café en plato.

-Lo tengo –suspira hablando con la mar.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Tossa (Girona) Enero 2009

20 ene. 2009

Historias de parques y perros

*Ren: “Flor de Loto” en japonés, nombre masculino de uno de los personajes del manga “Nana & Nana”
*Rem: (Rapid Eye Movement) es la fase del sueño durante la cual suceden los ensueños más intensos.
*Renm: Flor de Loto en fase del sueño intenso.


Todos intentaban clasificarle y etiquetarle, ponerle una marca y señal de distinción cómo si fuese un objeto cualquiera, unas zapatillas caras, un sombrero y hasta un peinado de peluquero concreto.

-Es un braco….no noooo sin duda es un pastor alemán enano, mmmm aunque tiene pinta de beagel….

-Es mestizo –solía contestar ella.

Y cada día en los paseos todos paraban ante sus curiosos ojos de musgo preguntando una y otra vez “¿Qué raza es?” cómo si eso fuese importante, porque enmarcarle en un tipo concreto era lo único que interesante, compararle, etiquetarle, nombrarle.

Pero él era simplemente Renm, Renm el corredor sin metas, Renm el del sueño tranquilo, Renm el que saltaba en altura al ver llegar a sus dueños, Renm el mordedor de sofás, Renm el carismático, el juguetón, el que podía pasarse horas con un peluche entre las fauces.

Renm bola de pelo el abandonado, Renm y sus lametones de agradecimiento por ser adoptado, Renm el que crecía a pasos agigantados, Renm el dueño y señor de la cama, Renm y sus bostezos ruidosos….

…simple y llanamente Renm, un pequeño cachorro.

Entonces, ¿por qué era tan importante ponerle raza, encuadrarle en un estatus perruno, marcarle como si fuese un simple producto?

Al fin y al cabo él seguiría siendo una flor de loto en fase de sueño intenso…Renm, siempre el alegre Renm.

Iraunsugue Eternia

Fotografía- Renm y su primer día en la nieve, Setcases (Girona, Navidades 2008)

13 ene. 2009

De tumbas sin nombre

Aún y aunque estés muerto…

… hablo contigo en los sueños, suelo hablarte de olas que nacen en orillas de playas desiertas cubiertas de hogueras en noches mágicas, de bosques que atrapan hadas, de ríos cubiertos de nieve donde duerme en invierno la Diosa, de cuevas y dragones petrificados en rocas. De tesoros en palabras filosóficas a la luz de una candela que brilla perpetua en el cielo de otoño.

De innumerables paseos cámara en mano, de desiertos con sabor a té escondidos en el vergel que nadie encuentra, de búsquedas sin motivo, de acuarelas viejas en vagabundos museos, de miradas con sabor a estrellas del levante.

De folios en blanco, de bocetos que no ven la luz, de tumbas sin nombre, de flores marchitas, de tu muerte…de la mía.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Mataró Julio 2008 (Barcelona)

12 ene. 2009

Soplo de Invierno

Has pasado a mi lado como brisa de invierno, desgarrando miradas con tu gélido aliento, dispar, distante, ensimismado. Te has marchado de la mesa olvidando un café casi apurado, donde el último trago tan solo es el resquicio de lo que no apareció tras la puerta, esa, que has pasado interminables minutos observando, dormida, abstraída, casi despierta.

Del estómago en puño y corazón en vuelco me he girado a tu paso, rodeándome de una fragancia juvenil, de primavera errónea, de sueño en una sola copa, de un solo trago. Y hasta he tenido que buscar el calor en unos ojos claros, melancólicos a la par de risueños, de verde claro.

-¿Qué ocurre? –pregunta él, mientras sorbe la pajita de whisky en café.

-La soledad, tan solo eso…nada más.

-¿La tuya? –pregunta en sorpresa.

-¿La mía? No, la de ella –y te he señalado, mientras marchabas por la puerta.

Has dejado el vahó de todas las preguntas sin respuesta, de la sensación de agobio y peso del alma sobre la barra en céntimos de propina, el pañuelo olvidado que cuelga noble sobre la mesita.

-A veces observo –le he dicho, mientras sorbía despacio el chocolate ambiguo –a la gente, sus miradas, sus ropas, sus gestos…me pierdo en ellos para darlos la vuelta, comprender que buscan, en que piensan. Entonces escribo, de cabeza, de memoria, solo para mí.

Y él, me ha preguntado con la mirada de quien marca acordes entre los dedos, dibujando despacio una sonrisa en mi pelo, dando paso a mi voz, invitándome a escribir sobre ti que nada conozco, analizándote en notas, calculándote en versos.

-Soledad, soledad rítmica de quién burbujea pensamientos en la taza de un café, y la cucharilla de plata no es más que la excusa en la que sumirse desnuda en alma, sola en compañía de una taza. Despacio, atenta, has intentado no mirar la puerta, quedarte en la despensa de tus pensamientos, dormirte en la cuchara que da vueltas. Pero la puerta te llama y te agobia, mientras buscas llamadas inexistentes en el teléfono que escondes entre tus manos. Estas sola, esperando que se abran los cristales y el gélido invierno te robe la risa, te haga de chispa, te cubra en deseo, te cumpla niña todos tus sueños…pero él no ha venido, y tu marchas a prisa dejándote el último trago de un café ya frío.

Mientras, él, a compuesto melodías en susurros, y mi voz ha dejado de sonar para dar paso a su solo, ambos hemos reído.

-¿Vas a llorar? –me ha preguntado.

-No, solo me dio pena esa chica, llevaba la tristeza en sus ojos.

-A veces compongo música, en mi cabeza, mientras trabajo o camino…

-Sí, lo se, yo letras…solo letras.

Más tarde, cuando la mesa ha quedado vacía y el hielo caía en lluvia, el frío de la noche nos ha sorprendido a los dos. Y él se ha vuelto anhelante buscando mi boca, persiguiendo mis ojos, mirándome fijo, envolviéndome en noche.

-Yo también te quiero –he respondido, mientras mi estático cuerpo de hielo se ha derretido entre sus brazos.

Y al marchar, tú has vuelto en busca del pañuelo olvidado…nosotros, ante tus ojos, tan solo una pareja que se añeja en abrazos, diminutos puntos de lluvia bajo un paraguas de azabache trazado.
Iraunsugue Eternia

Fotografía-Setcases (Girona) Navidades 08

7 ene. 2009

La Sala 5

Leve, muy leve la moqueta se hunde rugosa bajo los pasos ciegos que se aproximan por el oscuro pasillo de negras paredes envueltas de olores acres, extraños, mezcla de piel sudorosa, risas y llantos. Dulzor de palomitas aguadas en burbujeantes brebajes mezclados con prisas, sonrisas desinteresadas, armonioso juego de manos entre nachos y plastificadas pajitas.

El sonido retumba, finales aproximados equivalentes a una vida, a las miles que recorren los pasillos cada día, yo, como tantas otras, perdida entre las horas que marcan los pases. Tan solo un alma cual brillo podría equivocarse con la salida en verde brillante, bajo el neon de prohibido me escondo, observando rostros que mueren y sueñan, y tú, entre ellos, no eres más que otra simple presencia.

Sí, es cierto, podría perderme en el pelo de la quinceañera que mágicamente camela con besos de chicle los labios de quien la atrapa y la encuentra. ¿Y por qué no? de la mujer de rulos en rizos que mira el reloj mientras se pone el abrigo, y hasta del silencioso grupo de niños que aplastados contra la butaca piensan ser parte de un mundo en relieve de tintas logradas, animados personajes con miles de máscaras. Sin saber, que en unos años, vestirán todas y cada una de ellas cuando la sociedad los llame a jugar en este mundo equivalente a una selva.

Pero no se ha perdido mi mirada en ninguna caligrafía igualitaria que portan quienes a mí alrededor se encuentran, ni tan siquiera en los kilos de desechos que se aglomeran en los escondrijos de telarañas desechas entre butacas maltrechas.

No hay luces, aunque se enciendan, al mirarte a mí tan solo me llega tristeza. He quedado postrada en el pasillo. Incapaz de revivirme en los segundos y en las voces que claman mi atención desde lo alto, eres el último eslabón de esta cadena, la última persona de una sala repleta de muertos butacones que esperan.
Sentado, has quedado recluido entre la última escena de la parodia, observando atento las letras divisorias que marcaban el final…por mucho que mires, te aseguro que no hay más.

La pantalla se queda en blanco y tú asciendes desde lo profundo de tu alma, intentando aclarar la respiración en la garganta profunda de pensamientos selváticos. Te has puesto el abrigo, sin dejar de observar las salidas que hay a tu alrededor, para volver a sentarte. Entonces y tan solo entonces, cuando la pequeña de rubia melena te tira del traje comprendo, que realmente allí fuera, para ti todo hace tiempo que muerde en los silencios, corrosiva soledad que se te agolpa en el pecho.

Muero, ¿por qué no decirlo? Mientras asciendo escaleras arriba sin dejar de perderme en tus sueños, ¿acaso tienes?, ¿o también se fueron? Pantalla en blanco, luces arriba, las últimas filas limpias y tú postrado aún en ese hueco rojizo que lleva a ser territorio desierto, la niña te apremia, pero tú, aún… no estás despierto.

Te incorporas melancólico, y yo tan solo te observo por el rabillo del ojo, intentando no ser vista, siendo consciente de que nuestras miradas se han cruzado, como con tantas otras personas durante las horas tardías.

Te marchas, silencioso, con la niña de la mano que explica y complica, pero tú, tú y tu mirada aun reposan en el mundo de preocupaciones adultas, incapaces de volver al recobijo que hasta hora fue este espacio de marionetas pintadas, cueva de niños, tan solo y simplemente…la sala 5.

Iraunsugue Eternia