23 jun. 2011

San Juan 2011...Recuerdos de aquel año.


Faltan veinticuatro horas para que el reloj marque nuevamente la media noche, pero no será una media noche cualquiera, si no la nuestra, desde hace tan solo un año.


Nunca te lo he contado, pero sé que Ella tenía una playa, una de esas que conoce mucha gente pero que es propia porque algo especial ocurrió en ella, otra media noche de otro año cualquiera. Por eso Ella contabilizaba los años cada noche de San Juan, ya que de alguna manera, de una forma u otra algo terminaba ocurriendo…para bien o para mal.

Hace años que Ella murió en aquella playa. Era una playa desierta pues poco importaba si el día la llenaba de gente y ruidos. Al caer el ocaso las dunas cambiantes se mecían sobre los vientos del mediterráneo tomando otras formas, caprichosas se alejaban hacía la pineda desorganizándose, estableciéndose de nuevo para crear un paisaje diferente al llegar el alba.

Nunca te lo he contado, pero yo las conocí, a Ella y su playa. Desde el día de su muerte otra noche de San Juan me he dedicado a encender una vela cerca del mar, de su mar. Por si al oleaje le daba por devolverla a la vida, y Ella volvía a ser Ella, hasta aquella noche en la que comprendí que no regresaría. Pertenecía a la playa, como la historia que nunca te conté, esa que aún me susurran las olas a la media noche de San Juan.

Los secretos no se los lleva el viento, se arraigan a las personas que los celan entre los escondrijos de la memoria. Yo guardo el suyo, el de la playa, de todo aquello que ocurrió y hasta el de su muerte.

Yo ya te conocía, aunque aún tú no fueses consciente. Todos hablaban de ti como si de hermanos gemelos de alma nos tratásemos, comparaban nuestros caracteres, aficiones, sueños, miedos, paranoias…Te perseguía por la red, cada trabajo que hacías, proyecto, cuadro o fotografía llegaba a mis ojos a través de un click. Pero nunca te vi, cuando yo entraba, tú salías. Siempre había alguien que te había visto, todos menos yo, todos menos tú.

La noche que te conocí yo pensaba en una huída, en la playa cercana y la vela que debía encender en su memoria. Fue “La cinta blanca” de Michael Haneke el punto de inflexión para colarme en tu mente y entablar una conversación. Dirás que fue el vino, yo apuesto por la magia. Lo cierto es que el mundo entero quedó aparte, los presentes en aquella cena donde finalmente corté a tu lado aquella tortilla casera fueron relegados a la muchedumbre con la que más tarde nos toparíamos en la playa, en la nuestra, no en la de Ella.

Todo está borroso, no porque el tiempo haya licuado las memorias. Más bien diría que tan solo recuerdo tu presencia cercana, la búsqueda de tu mano, la fuerza de la tuya apretando la mía. Nuestros dedos sondeándose bajo la arena oscura. Cada milímetro de una conversación que duró horas. Cerca del mundo, de la fiesta, la música, los petardos, el ruido…tu voz era el hilo conductor de mi sonrisa, tus sueños los míos.

Sé que él te pidió que te marcharas, que te alejaras de mí.

-No puedo –le dijiste- tengo que quedarme con ella.

Aquella noche perdimos a quién creíamos un gran amigo, los demás presentes solo fueron fugaces apariciones en nuestra vida, sombras del ayer que poco importaban. Representaban el camino para nuestro re-encuentro, saltos de tiempo, trampolines hacía otra vida, la nuestra.

Desde aquella noche no ha pasado una que no me hayas recordado quién soy, quién eres, que significamos el uno para el otro. Ha sido un año de caídas en picado, de levantarnos magullados y lamernos las heridas para seguir luchando por lo que siempre hemos creído.

Perdimos un amigo, ganamos mucho más de lo cualquiera pueda imaginar.

Me faltan dedos en las manos para contar los castillos que construimos en el aire y que hemos llevado a tierra, me falta espacio para archivar el millar de fotografías de nuestros días juntos. Tengo una carpeta repleta de proyectos acabados, otra con los próximos ya numerados.

En este año me has rescatado de aquella vela que siempre encendía desde la muerte de Ella. Me has devuelto la sonrisa, la ilusión, las ganas de comerme el mundo a tu lado. Te has vuelto mi mejor amigo, mi pareja artística, el hombre que me ama y me cuida, al que amo, al que cuido. El niño que comparte mis sueños, mi gatuno, mi artista, mi hombre.

Me has traído de vuelta a la vida, me has regalado tú corazón, has remendado el mío que ahora late en tus entrañas. Me has enseñado que significaba amar, creer, compartir, confiar, crecer al lado de alguien sin miedo a la huída. Me has llevado lejos para enseñarme el mundo, ciudades europeas que había estudiado en los libros de historia y arte. Me has mostrado pueblos bajo pantanos, cuevas secretas, lugares que han ido formando un mapa de musas que ahora inspiran cada noche mi teclado.

En unas horas volveremos a subir a un avión para marcharnos lejos a celebrar el día que finalmente nos encontramos. Sé que en Düsseldorf no habrá petardos, reconvertiremos nuestra playa en el rio Rin. Pasearemos por las calles angostas del casco antiguo, y será allí, en alguno de aquellos lugares cuando vuelva a susurrarte al oído…

-Alex, ¡mírame! No te vayas, quédate conmigo.

Como aquella noche de San Juan…de hace tan solo un año.

Iraunsugue Eternia (Laura Butragueño)

Fotografía: Por aquel que creíamos amigo. Recuerdo de nuestra primera noche de San Juan (Mataró, junio 2010)

22 jun. 2011

Calling the Maker



El Maker me ha llamado imponiendo sus reglas, nadie es quién parece ser.
El día del juicio final puede ser un cruce de caminos, de cambios en la vida de un ser humano, decisiones que hemos de tomar con el alma.
Junto a Juan el Revelador solo hay que escoger…oscuridad o luz.

Director y Montaje: Alex Manzanares.
Guión y Producción: Laura Butragueño:
Actores: Roberto García y Laura Vivancos.
Maquillaje: Nina Prat.
Agradecimientos: Silvia Calvo y Juan Manzanares.


Nuevamente Genero TV daba la oportunidad de presentar a concurso un videoclip de creación propia. Esta vez la canción era “Calling de Maker” de la cantante Aimee Allen. Inspirada en el Apocalipsis o Juicio Final.
Podíamos recrearnos en imágenes aterradoras inspiradas en el fin del mundo, pero decidimos saltarnos las reglas y contar una historia. Una donde los personajes no fuesen lo que en un principio parecían y el hilo narrativo estuviese compuesto por emociones encontradas y decisiones difíciles a tomar que podrían cambiar el rumbo de la vida de los personajes.

Alex tuvo claro desde el primer momento que quería rodar dentro de una Iglesia, tras quince días de visitas agotadoras al párroco de la misma conseguimos el permiso de rodaje. La segunda localización debía ser un lugar cerrado donde la protagonista tuviese su tiempo de calma, una guarida en toda regla. El tercero surgió volviendo de un viaje, un monumento de estilo griego se alzaba ante nosotros en medio de ninguna parte, aquel sería uno de los puntos claves donde se realizaría la acción.
En dos semanas conseguimos reunir el atrezzo necesario, encontrar a los actores necesarios, maquilladora y todo lo que iba a suponer aquel rodaje. Contrarreloj apuramos al máximo las horas hasta conseguir lo que andábamos buscando. Un día de rodaje para las escenas numeradas como dos y tres. La primera y que a primera vista nos resultaba fácil terminó siendo una lucha contra la fe y la desconfianza por parte de los miembros de la Iglesia.

Después de una hora de suplicas y aclamar el permiso concedido la semana anterior conseguimos que se nos abriese las puertas. Tuvimos que prescindir del travelling así como de parte del equipo. Cámara al hombro y trípode, dos focos, actores, Director y Cámara, Guionista y Producción. Fuimos los únicos que atravesamos los portones centenarios.

El rodaje se hizo casi en absoluto silencio, y lo que debía durar tres horas terminó por ser una y media. Aún así y en la sala de montaje Alex pudo comprobar que el material era el que estábamos buscando. Una semana más tarde el videoclip estaba colgado y aún concursando.

Suele decirse que todos los días uno aprende algo. En este rodaje la que escribe como Jefa de Producción aprendió que todo permiso debe ir por escrito, pues las palabras se las lleva el viento. Igualmente fue una muestra de confianza no solo para con el equipo, sí no para con nosotros mismos. Ya que nos dimos cuenta de la capacidad de reacción y solución que habíamos adquirido ante tales problemáticas.
Aquí os dejamos la muestra de lo que es nuestro último videoclip. Y el cual en lugar de quitarnos las ganas de seguir adelante, nos ha dado más fuerzas para seguir luchando, para crear productos de mejor calidad y saber que somos capaces de conseguir aquello que nos propongamos.

Laura Butragueño & Alex Manzanares.

20 jun. 2011

La Cueva


No han pasado ni cinco minutos desde que vi a Alex desaparecer por la gatera. He perdido la cuenta de ellas, a estas alturas bajo el techo del mundo el tiempo deja de tener sentido alguno. Al principio su cuerpo era un reflejo de luz que avanzaba arrastrándose entre la roca, poco a poco la luminiscencia ha dado paso a una total oscuridad. Si apagase mi frontal ahora tan solo quedaría la nada.
Siento la humedad de mi cuerpo sudoroso bajo las capas de ropa, respiro lentamente intentando no ahogarme, el oxígeno aquí abajo es mínimo. El ambiente pesado, húmedo, los pies resbalan a cada paso debido a las filtraciones de agua. He dejado de escuchar su respiración entrecortada, el paso de su cuerpo arrastrando la gravilla…silencio.

Soy consciente de que los sonidos que provienen del fondo no pertenecen a la risa de los niños, pitidos agudos, si me vuelvo el frontal me mostrará cientos de túneles que dan a parar a los pisos inferiores. La luz atrae el aleteo de los murciélagos, ríen, se que ríen. Prefiero no pensar en ello.

Llevamos una hora bajo tierra –calculo- me he deslizado entre la roca, arrastrado, bajado paredes apoyándome en la piedra férrea, aferrada a cuerdas mojadas por donde resbalaban mis dedos. He creído caer unas cuantas veces, si hubiese ocurrido seguramente habría terminado aterrizando en el último piso escavado por los mineros, está inundado y las posibilidades de salir con vida de ahí abajo son más bien cero.
Alguien antes que nosotros se dedicó a marcar las paredes. Las flechas verdes simbolizan el camino, las S la salida. Las cruces rojas el peligro, las X tan solo son puntos ciegos.

Sé que es mi turno, la voz de Alex se ha escuchado lejana en la galería de al lado, debo arrastrarme con cuidado para no darme contra el techo. Todo es tan estrecho que he pensado que no sería capaz de volver a hacerlo. Medito en que he entrado, hemos llegado a la vagoneta olvidada, ahora solo es ascender a la superficie.
Fuera miles de personas sufren de ahogo, o eso dicen a la gente que les pregunta por su estado. Porque en realidad nadie se atreve a hablar de ella. Ella aparece un día sin previo aviso, se presenta en tu vida bajo una taquicardia constante, arrebatándote la respiración, saltándote las lágrimas. Cuando ella llega una piensa que será la última, porque a menudo es tan fuerte que al terminar caes rendida, agotada y sin sentido. O mejor dicho sintiéndote el ser más olvidado de la tierra. Ella siempre acompaña un motivo, en mi caso demasiados. Algunos la llaman Nervios…yo siempre por su nombre, Ansiedad.

Aquí abajo ella podría capturarme en cualquier momento, tiene todas las de ganar. Escucho el sonido de mi corazón agitado, la respiración que falla. Solo hay una cosa que ella no sabe, en La Cueva ella carece de importancia, su nombre solo funciona allí arriba, en la superficie. Aquí, bajo tierra en la mina predomina la otra, la Supervivencia.

Aspiró hondo antes de avanzar, me agacho intentando no dar con la cabeza en la roca, el casco amortigua el golpe. Sigo deslizándome entre el barro y la gravilla, un golpe seco me lleva a morderme los labios, abro los ojos a la par que un murciélago pasa ante ellos rozándome la nariz con sus alas. Veo la luz al final de la gatera, Alex se ha sentado a esperar indicando su frontal hacía la salida para que pueda avanzar con más luz. Me es imposible mover el codo, he debido darme con alguna piedra, pero debo avanzar. Sigo reptando hasta que mis pies salen de la gatera y alzo finalmente el cuerpo. La galería se cubre de colores ocres, resto de hierro, aún quedan las vías que en su día utilizaban los mineros para sacar el material de la montaña.

Seguimos avanzando, sé que cuando llegue arriba ella ya no estará porque Supervivencia se ha vuelto más importante que Ansiedad, y si no la pienso, si la ignoro quizás deje de acecharme. Me aferró a la cuerda dejando caer el cuerpo, tan solo los pies quedan contra la pared, abajo no hay nada, solo vacío y oscuridad. Siento el cuerpo de Alex temblar al otro lado. “No voy a caerme” pienso, finalmente doy un salto y consigo llegar a su lado. Escucho como deja salir un profundo suspiro, sé que no deberíamos haber bajo solos, en grupo, siempre en grupo. Pero necesitaba de aquello, de La Cueva.

Poco a poco los pulmones van reaccionando ante el oxígeno, la entrada está cerca, ahora la llamamos salida. La luz se filtra entre los árboles y vemos la puerta de hierro que cruzamos hace dos horas y media. Alex me abraza, lo hace con fuerza.

—Campeona, mi campeona.

Me ha susurrado al oído, sonrío mientras me deshago del casco.
La luz me ciega, huele a bosque y a la mar cercana. Todo aquello que llevaba a las espaldas ha quedado atrás, entre los aleteos-risas de los murciélagos. Ya nada tiene importancia, solo nosotros, tan solo seguir adelante.

Iraunsugue Eternia (Laura Butragueño)

Fotografía: Alex Manzanares (Mina Can Palomares, Malgrat de Mar)
¡Gracias por esa gran experiencia que me ayudaste a vivir, no desisto, sé que las próximas cuevas son más duras, pero estoy dispuesta a superarlas todas!

7 jun. 2011

Tráiler Book del libro "Y tu luz en mis tinieblas"


Tras meses de espera y aprovechando la última presentación del libro “Y tu luz en mis tinieblas” en el Encuentro Artístico que tuvo lugar en el Centre Cívic Pla d’en Boet . Pudimos hacer el primer pase del Tráiler Book del mismo.

Aquí os dejo la muestra!

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

Dirección: Alex Manzanares.
Guión: Laura Butragueño.
Producción: Mundo Hormigón.