31 may. 2008

Dos Cañas


Ha estado esperando en el sofá más de media hora, pero el reloj en si no importaba, de antemano sabía que la persona que esperaba llegaría tarde, es como una especie de juego que han creado entre ellos. Cuando ella espera él siempre se retrasa, la hace desquiciarse pensando que la dejará tirada, y justo antes de que ella llame enfadada él toca le timbre, y rinde una sonrisa en el umbral de la muerta mientras la da dos besos. A veces es al revés, y ella, la puntualidad naciente, decide pintarse los ojos sutilmente a última hora, sabe que eso le molesta, pero es su juego, el de siempre esperar al otro.

Han estado cenando los dos en la mesita de la terraza, hacía humedad y ella ha sentido como los pulmones comenzaban a pitarla, así que se ha encendido un cigarrillo para espantar el asma. Realmente no ha escuchado la conversación de su madre, ambos hablaban acaloradamente sobre la economía del país, pero ella estaba lejos, tan lejos que no conseguía sentir su alma. Quizás porque en parte siente se la han robado o más bien regalado, como si fuese algo inevitable ha pensado en la distancia.

Su amigo cruzó los cubiertos mirándola fijamente, clavándola sus ojos verdes de gato con esa expresión machista y egocéntrica que siempre le ha caracterizado, pero que a ella la hace sentirse hermana. Por que sabe de antemano que él necesita esos cuidados, y en el fondo siempre ha sido como una madre para ese solitario.
Se ha levantado y a abierto el cajón del mueble del salón, ha sacado la botella de patxaran y escogido el vasito con el mapa de aquella tierra madre. Lentamente ha pasado un trapo húmedo por el grabado de Euskal Herria, sonríe, porque cada vez que hace ese gesto recuerda aquellos bosques y siente como si desplegase invisibles alas en pos de una libertad etérea, que se la escapa en un suspiro. Vuelve a pensar en la distancia, mira el reloj y busca el móvil con la vista, silencio.

Él ha tomado un chupito a tragos cortos, mientras ella esperaba sentada y vestida a que se decidiese a levantarse, nuevamente el juego. Él siempre la ha llevado la contraria, le gusta, le hace sentir importante no cumpliendo sus caprichos. Pero esta noche no la apetecía jugar a hermanos gemelos, y ha decidido ponerse la chaqueta y coger el bolso en señal de prisas, no le ha quedado más remedio que meterse las manos en los bolsillos y seguirla.

Nuevamente el húmedo salitre, ella ha vuelto a notar los pitos contagiosos de los pulmones, como si subiesen hasta su corazón haciéndolo temblar en silencio, porque esa noche todo la parece demasiado tranquilo y se pregunta que estará haciendo la distancia, porque parece que no la recuerda. Aún así ha sonreído y dado la buena noticia.

-¿Qué te parece lo del curso?

-Genial, yo quería hacerlo, te están dando una gran oportunidad, es como un modulo medio –ha contestado él con la mirada perdida.

-Lo se, es una gran oportunidad.

-Eres muy jóven, y me gusta ver como te labras tu futuro, te lo estás currando y es lo importante –la ha dicho con una media sonrisa. Ella sabe que en verdad ninguno de los dos están allí, ambos piensan en la distancia, hechan de menos caricias lejanas, aún así han seguido caminando hasta llegar a la puerta acristalada.

Él abre despacio cediéndola el paso, mientras ella se gira para darle las gracias. Suben las escaleras hasta la mesita que ella siempre escoge. Es una mujer de ideas fijas, la gusta sentirse parte de los sitios y suele tener sus manías. Siempre escoge un lugar en el restaurante o el pub donde van habitualmente, y no suele cambiarlo, la gusta sentirse cómoda en aquel espacio.

-Buenas noches pareja, ¿qué vais a tomar? –ha preguntado el barman con aire sofisticado y alegría nocturna.

-Amigos –contestan ambos riéndose. Ya se han acostumbrado, porque siempre buscan un espacio en el grupo para quedarse solos, se han convertido en confidentes de penas, y ella es al único que se las cuenta del todo. Entre ellos no hay secretos, ni principio, ni fin. Su relación pudiese parecer extraña a simple vista, salen solos, compran solos, se ríen solos, lloran solos. Porque en verdad se han hermanado en el tiempo, y no hace tanto que se conocen, pero ambos comparten sueños, pero sobretodo una infancia difícil y una adolescencia marcada por el desastre y la falta de amor propio.

-Perdonar, bueno, pues ¿qué vais a tomar amigos? –pregunta nuevamente el camarero sin perder la sonrisa fingida.

-Dos cañas, ¿tienes Estrella Galicia? –se adelante él.

-No, antes la teníamos –comienza a explicarles el camarero –pero la verdad es que la pedía poca gente y ya no la traemos. Vamos a hacer una cosa, decirme si preferís algo fuerte o suave y a ver si acierto.

Ella sonríe, se sabe aquel juego, es un hombre de la noche, sabe distinguir en el aspecto que necesita cada uno, lo compara con un psicólogo nocturno.

-Mañana tengo que currar, así que algo flojito –comenta él –y para mi amiga lo mismo, que la sienta mal la cerveza fuerte.

Ha sentido la mirada sobre su piel, pero no se inmuta, sigue sentada mirando al infinito pensando sin darse cuenta nuevamente en la distancia.

-¿Te gustó lo que te serví la última vez? –la pregunta directamente. Ella se extraña porque hace más de dos meses que no coincide con aquel camarero, y realmente solo se vieron dos noches.

-¿Te acuerdas? –sale de su letargo y sonríe sorprendida –si lo mismo de la otra vez.

-Claro, si, te recuerdo te sentaste además si no me equivoco en la misma mesa y luego estuviste jugando con una amiga a los dardos –la mira fijamente, pero ella desvía la mirada, piensa en otros ojos, lejanos, muy lejanos.

-¡Que buena memoria! –finge sorpresa, porque en realidad poco la importa si ese desconocido la recuerda.

-Bueno, hay personas difíciles de olvidar –guiña un ojo, mientras reposa sobre la mesita un cenicero impoluto –dejarme que os invite a dos chupitos, pienso os van a gustar.

No ha pasado más de diez minutos, pero ambos han entrado en una conversación fluida sobre el futuro de ella. Él insiste que debe hacerlo todo antes de los treinta, que le mire a él, que perdió el tiempo, que debe seguir estudiando. Ella ha hablado de todos esos planes, bajo la mirada orgullosa de su amigo, parece que por unos minutos han conseguido centrarse, pero el camarero ha aparecido de nuevo con su verborrea nocturna para desplazarles.

Deja las cervezas sobre la mesa, y los muestra los chupitos.

-Esto se toma de la siguiente manera –comienza a explicarles mientras se dirige a ella –os tomáis los chupitos a sorbos lentos y luego un largo trago de cerveza, veréis el gusto que deja en el paladar.

Siguen las instrucciones al pie de la letra, ella necesita que se marche, siente como el estómago comienza a volverse una cuerda de nudos que la aprietan hasta el pecho, la ansiedad se vuelve en su contra y tiene que respirar un momento. Ha aprendido a controlarla desde que era una niña, no hay problema, respira profundo, se calma a si misma y toma aquella bebida, suspira al terminar, todo en calma, pero sigue habiendo nudos.

Sabe de antemano que los produce el silencio, y que si no habla seguirán estrujándola el aliento por dentro. Mira el móvil, ya no escucha al camarero, nada, tan solo la nada.
Odia esa mirada, la hace sentirse enferma, porque es tan solo la hipocresía de las luces tenues, la forma en que se gana con galanterías clientas, y ella va a ese pub porque está cerca, la gusta, la apetece. No necesita gestos fingidos, la dan ganas de hablar y decirlo, se muerde la lengua.
Han pasado un largo rato contándose todo lo que hicieron, pero ambos parecen ensimismados en sus propios pensamientos.

-Estás enamorado –se ha decidido a decirle.

-¿Tú crees?

-Sí, y me encanta verte así, por fin ver que alguien te llena de verdad –se abrazan en los centímetros que los separan, no se tocan, pero ambos sienten aquel amistosos abrazo.

-¿Qué te parece ella? –pregunta eludiendo la mirada por miedo a la respuesta.

-Sencillamente perfecta, tiene unos ojazos impresionantes y como mujer denota poderío, carácter, y te llena que es lo importante. Y bueno a mi personalmente me cae genial.

-Sabes, tienes razón, al principio pensé que teniendo ambos tanto carácter saldría mal, pero cada día la conozco más y mira, si, me estoy enamorando –intenta no mostrar entusiasmo, suele controlar sus sentimientos evitando que los demás puedan leer en sus gestos. Pero ella es su amiga, y ha aprendido a conocerle, en parte podría decirse que sabe leerle la mente –pero ella tiene dudas.

-¿Dudas? –ha preguntado extrañada mientras elevaba una ceja en señal de extrañeza.

-Sí, por la distancia y eso, que lo lleva mal –hace una pausa para tomar un trago corto de cerveza, cierra los ojos mientras la saborea –y yo no puedo decirla que estoy acostumbrado, que todas mis novias han sido de fuera, y que para mí esto es normal.

-Bueno –intenta medir las palabras –supongo que yo si se lo diría, pero yo suelo hablar más de la cuenta. Mejor que no sepa nada, el pasado, pasado está.

Se ha girado nuevamente para mirar el móvil, mientras se repetía a si misma que aquella estampa era un tanto estúpida, y que debería intentar olvidar a la distancia un momento. Pero su pensamiento la juega malas pasadas y más a esas horas de la noche.

-¿Tienes algo que contarme? –pregunta él de repente.

-¿Yo, ¿por qué? –se ha puesto nerviosa, así que ha buscado el botellín para no tener que mirarle. Son diferentes, muy diferentes, ella es incapaz de no mostrar lo que siente y por su lado él se le antoja imposible dejar ver los sentimientos. Pero por alguna extraña razón se conocen, y ambos miden el terreno.

-Estas distinta, rara.

-¿Rara?, ¿yo? -podría seguir fingiendo, porque en verdad no sabe muy bien porque está callando aquello. Él es su mejor amigo, y desde luego no es precisamente un hombre incapaz de no leer entre las líneas de conversaciones absurdas. Pero piensa que si habla pensará más, y si piensa más comenzará a pensarle, y entonces terminará con la mirada perdida en la pared imaginando unos ojos verdes. –sí, es verdad, ha pasado algo.

Sonríe pícara, quizás con una expresión soñadora que el interpretará enamoradiza, y ella no le quitará la razón, la conoce, demasiado para su gusto. Todo ha surgido como un torrente de recuerdos que ha depositado entre los cigarrillos, mientras el nudo del estómago se deshilachaba en las preguntas de él, y las afirmaciones y respuestas de ella.
Él sonreía, mientras ella se afanaba en intentar contarle todo para que entendiese, pero él entendía, no hacía falta más, solo hacía falta verla.

-Te llevo este fin de semana hasta Valencia, tengo que coger el avión a Milán –la ha propuesto.

-No, este finde no puede ser –ha meditado en ello a pesar de la negativa. Pero sobretodo la ha gustado observar un atisbo de luz en sus pupilas, porque se le han iluminado al pensar en el viaje –. Pronto estarás de nuevo con ella.

-No lo entiendo, no se porque hay que esperar tanto, nueve horas no son normales, nueve horas no son por nada –la ha insistido –yo soy tío, y te aseguro que no me tiro nueve horas al teléfono.

-No claro, solo te pasas el día enganchado a internet –se han reído juntos unos instantes, nuevamente ambos han mirado el móvil.

-Me ha mandado besos para ti.

Ella se ha limitado a responder con un gesto de asentimiento, sabe que ahora le toca hablar a él. Así que le ha dejado ponerse en papel de adulto, le ha escuchado petrificada, porque la conversación la interesa y la estaba aclarando dudas. Siempre la vino bien su opinión masculina, en un rato ella terminaría aconsejándole a él.
Al terminar ambos han vuelto a mirar el teléfono cómplices de la distancia y el silencio, a continuación han bostezado.

-¿Estas cansado?

-Joder si, llevo currando 12horas toda la semana, y mañana me quedan otras siete –ha respondido -¿tú no estas cansada tía?

-No, no se, no tengo sueño –la noche la despereza, sintiéndose participe de la oscuridad, la invita a volar, pero sobretodo a sumergirse en la escritura de los pensamientos. Vuelve a pensarle, ¿la estará pensando él? –. Vámonos, mañana más.

Se han levantado y al bajar las escaleras el camarero la ha cedido el paso, no le ha mirado, tan solo ha vuelto a fijar la vista en el infinito hasta chocar contra la barra. Ha sacado el monedero y él se ha adelantado a cogerla una mano desaprobando la hazaña.

-No, hoy pago yo, déjame que me apetece –le ha dicho, y él se ha hechado para atrás comprensivo.

Al salir a la calle han notado la subida de temperatura, olía a mar y salitre nocturno, se la ha pegado en la melancolía como herrumbre, hasta desgastarla la sonrisa y quedar velada la mirada. Él caminaba con las manos en los bolsillos a su lado, ha seguido hablando de la distancia de ella, entusiasmado, cavilando nuevamente en esas nueve horas que ella ha comentado.
Han llegado hasta la puerta de casa sin dejar de hablar, la distancia, la distancia, ninguno de los dos pueden quitárselo de la cabeza. En el fondo están enganchados a ella, aunque les gustaría romper las barreras y aparecer allí donde se encuentren.

Se han dado un corto abrazo para despedirse, él ha esperado hasta que ella ha conseguido traspasar las rejas y saludarles casi desde el ascensor con la mano, entonces lo ha visto marchar.
Ahora seguramente él estará meditando en casa, lo conoce, sabe que parece no mostrar nada pero que en el fondo puede que sienta más que nadie, a ojos ajenos tal vez se mude extraño. Para los que le conocen se saben que en verdad es un volcán de sentimientos, incapaz de entrar en erupción, tan solo en la calidez de una conversación agitada por la saporífera cerveza que sube lenta hasta el cerebro.

Ella se ha desmaquillado con una mano mientras acariciaba a la gatuna presencia que tenía al lado, tras una sesión de bufidos intencionado al juego la ha perseguido corriendo por toda la casa. Se han sentado cerca, ella sobre la silla con las piernas cruzadas mientras escribía meditativa, la gata junto a la ventana, pensativa, observando el oscuro horizonte.
El silencio se ha roto y ella ha sonreído, en esos instantes tras contestar ha pensado que debería ir a dormir, pero es que la faltaba algo, y no consigue conciliar el sueño, no sin él...

Iraunsugue Eternia

4 Atravesaron la realidad:

haThus dijo...

"La distancia" siempre te piensa, incluso a las 6:00 de la mañana. No sientas inquietud por eso.

Besos desde la distancia.

Iraunsugue_Eternia dijo...

Y yo como ves siempre pienso en la “distancia”, a todas horas..incluso durmiendo sueño con esa “distancia”.

Besos de pronto estaremos cerca.

haThus dijo...

Por cierto ese camarero tiene que tener muy buena memoria o estar coladito por tí. ¿Mira que si me pongo celoso ahora? jajaja.

Besos de cada vez está más cerca.

Iraunsugue_Eternia dijo...

Jajajaja ná tendrá buena memoria seguramente, ¿tú celoso? Jajajajaja serías entonces digno de estudio ;)

Besos de ya no queda nada para ese día.