19 dic. 2010

I Know...........a la caza de David Lynch





http://genero.tv/watch-video/17298/

Sí, tras meses de ausencía vuelvo nuevamente a recrearme en mis paisajes oníricos, esta vez para presentaros el nuevo trabajo junto a Alex Manzanares.
Para muchos de vosotros David Lynch es siemplemente un nombre desconocido, para otros una de las figuras más importantes del cine, para nosotros una referencia de arte.

Es por ello que nos lanzamos a la caza de David Lynch participando con este videoclip para el concurso genero.tv

Lo ganadores del mismo no solo seran premiados económicamente sino que podrán formar parte del universo Lynch, dando imagen al último de sus singles.
Así que aquí os dejamos la muestra esperando que os guste, os transporte, os repugne o siemplemente os deje indiferentes. Eso sí, esperamos vuestros votos para poder cumplir nuestros sueños.

Un abrazo.

Laura Butragueño & Alex Manzanares.

Agradecimientos a Txema Ferrer!!!

21 sept. 2010

Sasha


Se había dejado caer tal y como él se lo había pedido, ahora, no era más que un espacio de piel entre la hojarasca del suelo, con el pelo alborotado, reinventado de noche, enredado entre la hiedra que cubría parte del tronco del árbol a su izquierda. Su cuerpo había quedado aniquilado contra las rocas, reposando ante el muro derruido que parecía crujir a cada paso del minutero.

Ambos se miraron, y él lo hizo a través del objetivo de una Nikon D-90. Accionó el disparador conteniendo la respiración, el viento barrió el cabello que había quedado prendido tras su oreja, dejándolo caer tímido sobre la nívea piel del rostro. De luz tan solo un candil que devolvía la imagen tras el objetivo en formas fantasmagóricas.

La tendió la mano para ayudarla a levantarse, y ella lo hizo de un salto, con la sonrisa brotando en el rostro sucio de campo. Llevaba un reguero de hojitas prendidas en el vestido noctámbulo, la capa la seguía unos metros más atrás sembrando el pánico entre las comunidades de insectos que revoloteaban a su paso.

Ambos avanzaron en silencio, meditando sobre sus propias existencias o simplemente cauterizando la sensación de magnitud que se apoderaba de una noche sin luna. Los faros del coche se posicionaron contra las ruinas, el motor rugió a los pocos segundos, más el vehículo no se puso en marcha.
Sasha había quedado parado en la retaguardia, abrazado a sus propios pensamientos se dejó caer sobre el volante, no la miró, no lo hizo, solo observó la noche.

-Eres la única persona de este mundo capaz de seguirme.

-¿A qué te refieres?

-A que nadie en su sano juicio habría aceptado venir a media noche a tirarse en medio del campo, dejar que la coman los bichos solo por unas fotos que encima no sé muy bien que haré con ellas.

-Yo sí, una exposición, y se llamará Luciérnaga.

-¿Cómo puedes estar siempre tan segura de mí?

-Será porque siempre he creído en ti.
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El coche salió de la carretera al primer volantazo, la playa se extendía desierta ante sus ojos, una fina lluvia comenzó a caer sobre los cristales, el mar pareció mugir a lo lejos, un grito agónico y desesperado que la hizo estremecer.

-¿Qué pasa si un día te digo que me voy?

Ella se había vuelto a mirarle, buscó su mano apretándola con fuerza, como aquella primera noche él respondió con tres apretones fuertes, como un código Morse que ambos habían creado para hacerse ver que estaban, sentirse cerca, una señal de comprensión inmediata cuando las palabras no fluían o simplemente no eran necesarias.

-¿Dónde quieres irte?

-¡A Berlín por ejemplo!¿qué pasa si un día decido irme?¿qué harías?

-¿Qué crees tú que haría?

Sasha bordeo los límites de los labios con la yema de los dedos, siguió hacía el mentón regalándola una caricia.

-¿Vendrías?

-¿Acaso lo dudas?

-No, de ti no.
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El perro saltó en un brinco ágil sobre las hierbas, acto seguido comenzó a masticar el césped mientras se rascaba la oreja derecha con la pata trasera. Sasha lo había seguido a toda carrera para conseguir atraparlo, llevaba una sonrisa magnética, se podría decir que hasta de satisfacción cuando observó que el can decidía parar su huida tomándose un alto en el camino.

-¡No pises el círculo!

Se quedó varado, con una mueca infantil miró al suelo observando la hierba.

-¿Qué círculo?

-¡El mágico! Es un círculo de tréboles, hay duendes ahí abajo y has estado a punto de pisarlos.

-¡Hubiese sido toda una masacre!

-Yo no me lo tomaría de forma tan irónica, he oído que son pequeñitos y que cuando les pisas los tréboles se mosquean y se visten de militares, ¡mira mira! Ahí llega el ejército.

Ambos rompieron a reír mientras Sasha intentaba escapar de las terribles hordas de duendecillos legionarios.

-Eres la única capaz de ver duendes entre la hierba.

-¿Y eso te molesta?

-No, al contrario, me hace feliz recordar que eres única.
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Pasó el colgante sobre su cabeza dejándolo caer sobre su pecho, Francia oscurecía en un atardecer rojizo que comenzaba a esconderse tras los muros del castillo. Ella había quedado frente al espejo, ensimismada con aquel abalorio que engarzaba ahora su cuello, una lágrima resbaló danzando zigzagueante hasta precipitarse desde su mandíbula hasta el pecho.

-No tenías porque comprarlo.

-Sí, si que tenía que hacerlo.

-Es un reloj de sol, un mini reloj de sol, aquí dice que si lo pones mirando hacia el sur te marcará la hora.

Sasha lo aferró con ambas manos para mirarlo más de cerca.

-¡Pero parece que está roto!¿por qué está en dos partes?

-Se supone que debes dar una a la persona qué….

La selló los labios con un beso, uno diminuto y entusiasta.

-Pues yo quiero que lleves amabas partes, porque sin ellas no podrás saber la hora y te perderías, así que quiero que lo lleves completo. Como a ti misma, sin dejar de ser tú, como ahora, dejándome ser yo, siendo solo uno.

Iraunsugue Eternia

De Dos sin Uno

Ella: -¿Por qué tú y yo no tenemos una canción?¿un lugar?¿un estado en el cual perdernos?

Él: -¿A qué te refieres?

Ella: -A que todas las parejas tienen esa canción, o ese sitio especial, o ese momento que solo ambos conocen y tú y yo…

Él: -¡Eso son tonterías!

Ella: -No, no lo son, para mí nunca lo fueron.

Él: ¡Sí lo son! Créeme que lo son, ahora eres joven pero con los años te darás cuenta de que eso no es más que algo estipulado por la sociedad. No es necesario para la convivencia.

Ella: -Seguramente tengas razón, no es necesario para la convivencia, pero sí para el amor, sí para mí….y debería serlo para ambos.

Iraunsugue Eternia

10 ago. 2010

CoLaPsOs MeNtAlEs I

Tengo el paladar ahogado de secretos, las yemas de mis dedos han sangrado de pecado, se deshilachan los tiempos de anuncio y comienzo a corromperme por dentro. Soy una lágrima seca hundida en el fondo de un precipicio milimétrico, me abstraigo del mundo, de los rencores y la vanidad contagiada que colapsa mi ente.

Pienso y me hundo.

¿Alguien sería capaz de sobrevivirse a si misma?

Pregunto en la soledad de una casa-ruina, desvencijada, con las cajas de recuerdos aún amontonadas en la entrada o salida de una cárcel naranja.

Me he perdido en el bosque de mis propias pesadillas buscando tan solo una luz que guíe un camino
solo sangro y pienso,
pienso y sangro.

El único camino que queda ante mis ojos es el de introspección, bastarda mentira que me araña los sentidos cuando las horas marcadas no son más que cataclismos en mi mente.

Me pierdo y me encuentro.
Me ahogo en la espiral de mi propia metamorfosis.

Saldremos, como siempre el universo colapsado cederá ante la lógica, aunque ambas sabemos que la pasión terminará siendo el único caballo desbocado capaz de alzarnos sobre las mentes humanas.

La mía, la tuya, la de amabas.

Laura Butragueño
Iraunsugue Eternia.

26 jun. 2010

InVade-Me

Castígame…
y cuando lo hagas que sea bien fuerte,
pégame con todos los impulsos eléctricos que recibo de tus esencias.
Acribíllame en silencio,
con cada una de las miradas que atraviesen fugaces mi alma y me ahondan tan dentro.
Déjame sin aire,
hazlo despacio,
amordazando mi cuello entre tus manos mientras malversas tus labios contra los míos.
Despójame de todos mis aliento,
déjame sin aire,
lléname de todos tus suspiros.

Levántate en armas y hazme tu víctima.
Fustígame con todos los ecos de tus placeres,
hazme gemir en cada palabra no dicha.
Ponme contra una pared,
abusa de esta tu rehén mientras tus manos sobrepasan los límites de las prendas.
Asalta mis costas, hazlo con la lengua.

Traspasa las barreras de todas mis fronteras en cada embestida tuya,
quémame en caricias.
Derrota cada barricada que nos imponen las mentes.
Succiona mis sentidos,
bebe mis miradas.
Sórbeme despacio,
quémame en arte, hazlo sin miedo,
Secuéstrame en tus brazos,
hazme tu víctima,
víctima de ti.

Iraunsugue Eternia
(Laura Butragueño)

25 jun. 2010

...sanT joaN


Todas las playas se vertieron sobre sus propias esferas, la arena cedió levemente bajo el peso de su cuerpo, se sentía viva, extrañamente en sintonía con el mundo que giraba a su alrededor. La música quedaba lejana a pesar de la corta distancia entre su ser y el escenario, las luces se agolparon contra la última ola que besó la arena, unos instantes antes de que introdujese los pies en el líquido amniótico de la madre Gaia.

-Soy un ser que no está.

Su voz se perdió en un hilo incoloro sobre el horizonte de luces multicolor, estallando en tres millares de partículas de pólvora que cedían a la gravedad salpicando el océano. La gasa del níveo vestido quedó suspendida sobre la marea, su cuerpo desnudo bajo la tela se estremeció al contacto con los remolinos de algas y peces que danzaban zigzagueantes entre sus piernas mojadas. La humedad subía hasta la boca alimentando la lengua de sílabas que chapotearon de sal en el paladar, esencia de recuerdos.

-Una noche más de Sant Joan…y ya van tres.

Los párpados apretados, la hilera de pestaña se tiñó de oscuridad, aquellos ojos distantes llegaron acompañados del rubor de sus mejillas, y eran de tierra, tierra húmeda, como la de aquellos bosques donde un día un águila negra sobrevoló sus vidas. Los reconoció al instante, ajustando las pupilas a la escasa luz de los párpados cerrados, y los nombró tristeza.

-Nadie puede amar a un muerto…ya no.

La tierra tembló en las orillas del mundo, los tambores resonaron estremeciendo las sensaciones, anegando la piel de movimientos danzó al compás de los sentidos. Se reencarnó en cada nota musical que ascendía entre las llamas; primero creando la danza en sus pies amoratados de frío, las piernas blancas, el corazón palpitante de angustias cedió a la soledad de la música alojándose en una enredadera de pecados.

-Sé que está ahí, en alguna parte…como tú estabas aquella noche, como siempre estarás en la memoria de todas las noches.

Un cuerpo traspasó el umbral de los sueños cayendo en picado sobre la ola que se precipitaba hacía el vacío del mundo. Escuchó los gritos y subió sobre las espaldas de libertad, corrió sobre los mundos, lo hizo sin observar a la gente parada en las orillas buscando la moneda que los llevase a la resurrección…unos ojos negros se alojaron entre el dedo índice y el corazón. Apretó con fuerza hasta que detonaron en estrellas fugaces hacía el aura índigo que portaba.

Se llenó de luz.

En algún lugar, alguien…seguramente él, consiguió devolverla a su memoria.

-Creo en ti….a pesar de los miles agujeros negros de gusano que han atrapado mis sentidos, sigo viva, soy de ti, víctima de ti.

El último de sus pecados fue arrojado al fuego, llevaba su nombre.

El mecanismo de un reloj se activó al otro lado del limbo…

…comenzó la cuenta atrás.

Iraunsugue Eternia
(Laura Butragueño)

Fotografdía:De Eternia entre las arenas del tiempo. (Mataró, 23/6/2010)

P.D. Hermana he sobrevivido….

15 jun. 2010

...un día cualquiera.

A las siete y dos minutos de la mañana un paraguas negro ha sido desplegado al cielo, unas tímidas gotas se han deslizado sobre la mano de la muchacha que lo portaba segundos antes de que este tomase rumbo a la calle en dirección contraria al tráfico habitual, es decir, nulo. Siete minutos más tarde ha subido al autobús con dirección a la estación de ferrocarril. Como cada mañana ha seguido el ritual que tiene por costumbre; ha escogido el último asiento junto a la puerta más alejada a la entrada, se ha sentado en el lado de la ventanilla colocándose los auriculares, Chopin introducía el día. Una mirada tímida y diría que hasta algo apesadumbrada se ha perdido entre las calles húmedas de soledad.

Veinte minutos más tarde, apostada nuevamente contra una ventanilla -esta vez del Rodalies con dirección a L’Hopitalet de Llobregat- se ha entretenido en seguir las gotas que chocaban contra el cristal del vagón con las yemas de los dedos. Una a una las ha acariciado en su descender zigzagueante, recogiéndolas en su mente como si se tratasen de un manojito de lágrimas que el cielo vertía a horas tempranas. El muchacho sentado frente a ella la ha observado el tiempo justo como para bostezar, sonreír, y volver a caer en un sueño profundo.

Tres minutos más tarde y bajo la lluvia constante, una pareja de quinceañeros esperaban al tren en la vía opuesta bajo un techadillo improvisado. La joven de la parada dejaba caer su lánguida melena castaña sobre unos ojos de color identificable (desde esa distancia), el muchacho sentado a su lado se ha estirado, elevando los brazos sobre su cabeza en un movimiento torpe y seguramente mal aprendido, hasta dejar caer uno de ellos sobre los hombros de la chica. Esta ha reaccionado encogiéndose tímida y lanzando una mediana sonrisa al chiquillo que intentaba acercarse segundos después a su boca, tras varios intentos finalmente la ha besado. Acto seguido ambos han girado la cabeza en direcciones contrarias con un suave rubor de mejillas. Ella, dentro del tren, ha sonreído, Tiersen hacía su aparición.

Horas más tarde y rondando las dos del medio día un joven de unos treinta años de edad ha entrado en la sala grande de reuniones, vestía camiseta verde, zapatillas de deporte y un pantalón corto color caqui. Ha estirado la mano tímidamente a modo de saludo, al estrecharla Ella ha notado la flacidez de esta, un escalofrío repentino seguido de una extraña sensación de inferioridad que provenía de aquel joven tímido se ha apoderado de su mente durante unas milésimas de segundo, aún así ha sonreído. A continuación, el resto del equipo ha ido haciendo su aparición entre risas y quejas, Ella, ha esperado a que el alto cargo entrase en tercer lugar, lo ha presentado con nombre apellidos y nombramiento para después dar paso al resto. Hora y media más tarde ha llegado a la conclusión de que el muchacho que intentaba forzosamente seguir el ritmo de la clase se encontraba en una encrucijada, en realidad había caído como por arte de magia en la clase equivocada y a esas alturas, no sabía muy bien si salir corriendo o recoger el sudor y la derrota que se ha había desperdigado sobre la mesa y el teclado del ordenador portátil cuya imagen se proyectaba en la pared. Al marchar todos se han enumerado sus quejas dejando salir el aire irónico y hasta a veces mezquino que reina por costumbre en aquel departamento. Ella ha apuntado como cada día las quejas de los superiores para hacérselas llegar a otro superior, burocracia empresarial, despido para el muchacho del pantalón caqui.

La lluvia ha cesado frente a la playa, seguramente porque los edificios habían terminado de llorarse a sí mismos todas las penas de los empleados atascados en los ascensores, y las conversaciones en baja voz a hora punta en el cuarto de baño de mujeres. Ha salido el sol, era inevitable, aún así su estado de nerviosismo aumentaba por minutos, ha respirado el humo entrecortado de la contaminación paradójica de todas las bocanadas recogidas a las cuatro y veintitrés minutos de la tarde, el cigarrillo ha caído sobre la acera dando paso a la siguiente reunión.

A las seis y tres minutos salía por puerta, se ha despedido de su compañera con una sonrisa que se ha esfumado tras cruzar la calle, no por ningún motivo en especial, solo que el recuerdo de la última conversación escrita se la ha quedado prendida del alma. Ella, la otra, la amiga, ha preguntado.

-¿Por qué son tan cobardes los hombres?

Ella, la Ella, la de siempre, no ha sabido que responder.

Una hora y siete minutos después de caer en la cuenta de que las respuestas eran solo generadas por la necesidad de engaño de una misma, se ha dado cuenta de que el autobús con dirección a casa pasaba a dos palmos de sus narices. Ha suspirado, y con paso altivo se ha dirigido todo lo rápido que ha podido calle arriba, cinco paradas más allá el bus aparecía por la esquina en tiempo record. Esta vez no llegaría tan tarde a casa.

Una puerta se ha cerrado a sus espaldas, los gritos han comenzado llenando el vecindario de improperios contra la Agencia Tributaria del Estado, Ella ha asentido firme, escuchando aquella voz que ascendía desde las escaleras de la rabia, escondiéndose tras las puertas del odio y rompiendo en mil pedazos los muros de la impotencia.

-¿Y qué se puede hacer?

La tortilla ha caído al fuego.

Como casi cada noche, porque decir todas sería una quimera, Ella ha revisado el correo, el reloj del portátil marcaba las 22:18 minutos. Ha seleccionado uno entre los dieciséis restantes, más de la mitad serían borrados sin ser leídos, pero este merecía un trato especial por ser de quién era. Así que Ella la ha leído a Ella, la otra, la de lejos y en realidad siempre cerca con una cuidada atención, sus ojos han pasado por cada párrafo deteniéndose allí donde la bilis se contorneaba entre las letras.

-¿Y cómo voy a hacerte yo de psicóloga, si siempre eres tú la que me sacas del barro?

Aún así lo ha intentado tras dejar escapar cuatro suspiros planos. Soledad se la ha atragantado entre angustia, ansiedad comenzaba a llamar a la puerta.

A las 22:53 minutos de aquella noche corriente de un día cualquiera, Ella ha salido a la terraza, ha encendido un cigarrillo dejando resbalar las gotas de lluvia recogidas a primera hora de la mañana una a una, enumerando todas las preguntas no contestadas por ignorancia, por miedo o simplemente por no querer saber.

El resto, las ha permitido marchar como respuestas inconclusas con el humo del cigarrillo, ascendentes, ascendentes, por sí allí arriba en lo alto, a alguien se le ocurría algo mejor que decir.

La vecina del quinto ha dejado salir un grito aberrante de su garganta en el momento justo en el cual la colilla de Ella era apagada.

-AAAAAAAAAAAAArggggggggggggggggg ¡OS VOY A MATAR A TODOS!

Iraunsugue Eternia
Laura Butragueño
Fotografía: De un paseo por un Madrid de una fecha de un día y un mes cualquiera.

29 may. 2010

...capturaDA

Inevitablemente he caído presa de todos tus orígenes, se me han derrumbado las murallas hasta volverse polvo entre mis manos, me he vuelto un corazón acompasado de la voz que me falta.

Me pregunto, en que instante te volviste tan necesario, en qué momento decidiste colarte entre mis pasos para quedarte vagando en mis pensamientos. Hago eco en la memoria retenido tu imagen difusa, recorto las fotografías de las multitudes hasta capturar tu rostro.

Te tengo, en una mirada de noche más allá del segundero, y me pierdo en los bordes de tu aura colorida de soñador vagabundo. Te añoro sin tenerte, te recuerdo sin haber estado, te memorizo una y mil veces para que el tiempo y la distancia, no barran con angustia los pocos minutos que robé a la vida para estar contigo.

He moldeado el universo apocalíptico de mí día a día, avanzando a marchas forzadas sobre las horas que nos quedan…y aún así sigo extrañando tu voz. Enganchada a los pasos infinitos que descubro entre tus silencios, saboreando el instante en que estás y no te tengo.

Te has convertido en el camuflaje perfecto de mis realidades, en lo platónico de mi sed, en el latir de todas las noches que paso escribiendo sobre la almohada tu nombre, y estás y marchas. Y me quedo esperando sobre la rutina a que decidas volver, a tu tiempo, en esa calma que me asfixia, que hastía sin ti…y escribo tu nombre, en secretos.

Y espero….

…y no te tengo.

Y te busco…

…y no te encuentro.

Iraunsugue Eternia (Laura Butragueño)
Fotografía: De Eternia en sueños, Barcelona 2010


27 may. 2010

Primavera

La última línea con la que subrayó el título era de color verde, porque aquel color representaba todo lo que la rodeaba y amaba, desde las briznas de hierba que quedaban enganchadas entre sus dedos de los pies cuando paseaba descalza, hasta la primera imagen que veía al asomarse por la ventana. Verde como sus ojos, verde como el pelo de la muñeca a la que intentó teñir de azul y terminó siendo un manzana chillón de reflejos clorofilas.

“Fiesta de la Primavera” así lo llamó, y hecho esto, se dedicó a recortar una a una todas las invitaciones que había elaborado en aquella clase de tiempo libre. Cuando Arual concluyó su obra, la observó desde los ojitos entusiasmados de una niña de ocho años, suspirando, imaginando como iba decorar la terraza de casa, o la manera en que debía a entregar dichas invitaciones.

-¿Qué es esto?, ¿es qué das una fiesta?

Las manitas de aquel niño de ojos…¡verdes!, la habían arrebatado una de las invitaciones. El gesto fue agresivo, hasta tortuoso para su mente, porque en su espacio todo tenía su lugar adecuado dentro de los centímetros de aquel pupitre. Y al coger aquella preciada invitación había dejado caer el resto por el suelo, desparramadas por la mesa, sin orden ni forma.

Arual se volvió compungida por el gesto, con los cachetes colorados de vergüenza dejó fluir a duras penas una vocecilla de pajarito entrecortado, degollado de timidez.

-Sí, esta tarde en mi terraza.

-¿Y para quién son las invitaciones?

Quedó pensativa, porque lo más fácil hubiese sido mentir, inventar mil amigos que vendrían desde la ciudad para compartir aquel encuentro con ella. Pero su naturaleza o quizás aquel carácter que todos denominaban extraño la hizo hablar, con miedo, sabiéndose perdedora en todas las consecuencias.

-Son…son…para…mis muñecas, y mi gata Pelusa y mi perra Lassie.

El niño no parecía satisfecho con la explicación, pero antes de que pudiese torcer el gesto y romper en carcajadas Arual se derramó en valor, porque desde un principio, aquel niño, ese niño. …Había sido parte de muchos de sus juegos, aun que él nunca se daría por enterado.

-¿Qui..quie…quieres venir?

-¿Por qué celebras la primavera?

-Porque la profesora ha dicho esta mañana que hoy empezaba, y…me gustan las flores, y los colores en el valle, y la Avantera se pone preciosa y se ve desde mi casa y y y….quería celebrar mi estación preferida del año.

La última frase no sería escuchada, como tantas otras veces aquel muchachito recorrió la clase roto en risas explicando a voz en grito que aquella niña loca iba a celebrar una fiesta para muñecas. Y todos reían, reían con las bocas abiertas y los dientes mellados, algunos sin paletas, otros con las dentaduras a medias. Reían y la señalaban, la señalaban y reían, y todos se acercaban, la rodeaban, como si se tratase de un diminuto extraterrestre al que nadie entendía, la rara.

Arual recogió la última de las tarjetitas y salió corriendo por el largo pasillo de aquel viejo colegio, dejando atrás una marabunta de carcajadas sonoras que habían comenzado a atraer la atención de otros alumnos y profesores. Y Arual lloraba, lloraba escondida en el último de los baños dispersándose en tristeza, desparramada y dolida, sola, tan sola, que hasta su propia piel la resultaba desconocida. Si hubiese podido se habría dejado caer por el retrete, aferrada a sus tarjetitas subrayadas en verde.



Tecleó con fuerza las primeras palabras, dejando que la mente fluyese sobre el teclado, escapando en los bordes de las comas y subrayándose a sí misma. No la causaba rabia aquella carta, tan solo una desesperación agónica que la sobrevenía incitándola a desaparecer. Escribió, escribió con toda la fuerza de aquel estado hasta que hubo llegado a la mitad de su explicación, y entonces, lo borró. Se incorporó, dio una vuelta por la habitación y volvió a sentarse.

Escribió de nuevo, pero no lo hizo, porque en realidad todo aquello que la venía a la mente como una tormenta de sensaciones y emociones quedó relegado a segundo plano, desgastándola por dentro.

Se sintió mal. La primera máscara era el principio del resto.

Repasó los recuerdos del día, o estos la sobrepasaron a ella, trabajo, trabajo, tren, metro, tamvía, más tren, más metro, el bus, la hora, el café de la mañana, las reuniones, las malas contestaciones, la sonrisa sobrepuesta cosida con hilos invisibles, desesperación, las ganas de salir volando, realidad, realidad…

Se paró unos segundos, mareada, comprendiendo que aquel estado del alma se debía solamente a la falta de sí, a la pérdida de ella. Al no decir cuando en verdad pensaba, a no mostrar cuando lo necesitaba, a la realidad enmascarada, a los vuelos cortos y las llamadas rápidas…a una vida con sentido aparente para todo aquellos que la conocían desde la orilla del más allá, pero aquí se había perdido y las alas despuntaba en un intento de huida más allá de todo lo que fuese normalidad, monotonía, corrupta rutina.

Cayó, cayó en un mar de tinta donde las palabras la mordían los sentidos y las emociones despuntaban….

Y ahí estaba, seguía tumbada sobre la hierba húmeda celebrando su primer encuentro, risueña y sola, sola y feliz. Calíope observaba las estrellas desde un punto cercano, entre el umbral de los comienzos, porque en realidad siempre sería más que un simple personaje de cuento. Aún así, su manita seguía abierta, expectante. A lo lejos, resultaba solo una posición cualquiera, de cerca,

Arual supo que lo que esperaba era exactamente lo que ella estaba haciendo, cogerla, agarrarla con fuerza.

Calíope no se volvió, porque a menos que Arual escribiese ese punto ella seguiría allí, tal y como la había dejado en el último capítulo escrito.

La susurró, despacito, perfumándose de sus olores.

-Calíope, te juro que nadie, nunca…volverá a hacernos sentir extrañas.

Y el personaje sonrío de nuevo, sin letras, solo siendo, sintiendo, dotándose de vida.

Abrió los ojos, las paredes canela la rodeaban bajo el foco de una lamparita de noche, Arual miró el reloj pasada ya la media noche, con el sabor de los sueños aún enmarañado en los labios, y las ganas de…pero sin capacidad para. Pensó en Amets, en todo lo que él significaba para ella, pero sobretodo, en aquello que podía aportar a Calíope y que ahora la faltaba.

Minutos más tarde, bajo las sabanas, cayó en la cuenta de que la realidad solo era una quimera descrita de mala gana, decidió despegar, hacerlo de nuevo, como tantas veces antes…seguramente para terminar sentada en un mundo espigón junto a un niño de ojos negros tan solo vivo en papel.

No importaba, estaba, aunque solo fuese parte de su imaginación y nadie en este mundo consiguiese ver más allá del blanco y negro para distinguir el verde.

Amets existía, en algún lugar, en alguna parte….

Sonrió, antes de caer rendida.

Iraunaugue Eternia (Laura Butragueño)

Fotografía: de Arual en miniatura, Madrid (1990)

17 may. 2010

Zzzzz...

En estos últimos tiempos he dejado de creer en tantas cosas, que si aparecieras ahora me sería imposible reconocerte, apostaría a que te tornarías invisible ante mis ojos.

Son malas realidades para los que vivimos del sueño.

Y el niño de ojos negros sigue jugando solo en un paraíso de luces coloridas, algunas tan estridentes que ha dejado de ver la puerta…y puede, que a este paso, nunca encuentre la salida.

Imposible despertar…

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

Fotografía: Bajo el río Piedra (Zaragoza)

2 may. 2010

De espigones sin niños....de Calíope y Soledad.



Se había tapado los ojos con ambas manos, y eran tan diminutas, tan pequeñas, que solo cubrían el hilo de la voz que cuajaba la mirada tras los párpados, más arriba, la hilera de pestañas se doblaban gravitatoriamente hacía el universo. Largas, espesas, un poblado de hilos al viento.

-Estoy aquí, estoy aquí…¿puedes verme?

Pero solo contestó el silencio envolviendo la cúpula nocturna, sobre sus cabellos, quedaba la estructura de unos pisos con viviendas destartaladas, risas rotas. Calíope profunda y marcada bajo todas aquellas vidas, esperando, sentada al fondo de la gran sala, donde la noche se tornaba en oscuridades a media espada de filos rojos, y de vez en cuando las luces moradas reposaban sobre sus labios lamiendo la punta de sus deseos.

Quedó prendada de todos los pies que se movían a su alrededor, porque un hada de metro cincuenta y ocho puede ser lo suficientemente pequeña como para no ser vista, lo indispensablemente grande para pasar desapercibida. Escudriño las almas de todos los presentes buscando a las soledades que galopaban entre sus dedos, riéndose a carcajadas inaudibles entre la atmósfera de aquel pequeño espacio, de la sala y ella, de ella y los pies, de todas las personas, del fondo de la habitación y ella.

Las olas rompieron contra el espigón mojándola las pantorrillas, y un escalofrío pasajero tomó el corazón desmigajándolo en segundos.

-Uno, dos, no empieza, tres, cuatro, voy a salir corriendo.

Suspiró, porque el aire poblado de recuerdos era la única subsistencia que hubiese podido mantenerla con vida en aquellos instantes, hasta que solo quedó el último aliento y cayó cansada sobre su propio peso, flexionada contra las rocas.

-Hay tantas cosas que no te he contado, tantas verdades a medias, que aún me faltarían noches y sueños para que pudieras terminar de hallarme, y aun así, nunca podrías verme….estás demasiado lejos, te has vuelto demasiado humano.

Rebotó la sorpresa cuando la muchacha rubia se sentó a su lado, cruzó las piernas dejando ver parte de la rodilla. Calíope observó la piel tras la fina media, los huesos tras la piel, los músculos olvidados, la carne muerta.

-¿Ves bien?

Se sorprendió ante la pregunta, porque en realidad aunque hubiese cerrado los ojos lo habría visto todo, todo desde su perspectiva del mundo espigón. Las olas contra las rocas, las rocas contra el cuerpo, la soledad y ella, y al fondo, tan solo, la nada. La hubiese gustado explicárselo, contarla que en realidad no sabía muy bien qué es lo que hacía allí ni porque había ido, porque se suponía que si en realidad era una musa como todos decían no debería estar allí donde no se la necesita, y él nunca la necesitó. Así que a fin de cuentas si lo pensaba bien debía haber dejado aquel espacio para otra persona que al menos estuviese presente, y no pensando en que en aquel lugar un día hacía ya casi un año se equivocó de salida y terminó varada y desnuda en …..Pero en lugar de eso, se limitó a sonreír, asintiendo varias veces con la cabeza y dejando que la muchacha sintiese que era de cristal, como el zapato de una cenicienta reconocida, invisible, como ella, como el resto de gatos huérfanos que corrían entre los pies sin ser vistos.

El humo se volvió espirales al salir de su boca mezcládnosle en el ambiente, jugueteando con las luces, evaporándose entre los hilos que sujetaban a todas las marionetas que se habían colado en el lado oeste del espigón. Y en realidad seguía sola, entre la nada y la noche, y las olas, la rocas, la…se incorporó, sujetando su cuerpo entre los hilos para no ser mecida más allá de la propia corriente de sus sueños. Adentrándose en la luz que provenía del norte de la sala, buscando, sin ser buscada. Se topó con un cuerpo, y aunque reconocía la estructura la costó reencontrarse con la percepción de sentimientos. La había rozado en varias ocasiones, pero nada tembló en él, ni tan siquiera se volvió a mirarla y de un modo u otro, ella, había dejado de existir allí, para él. Por eso se acercó tanto, hasta que sus labios se posaron en el aura manchada de realidades mientras él conversaba.

-No sé si te has dado cuenta, pero estoy comenzando a desvanecerme e irremediablemente terminaré por volverme invisible….

El mundo se volcó de nuevo, como aquella vez, y la muralla torcida y derrumbada comenzó a reconstruirse en el tiempo. Los relojes encallados comenzaron a oscilar su mecanismo dando vueltas sobre las esferas de antaño, año tras año, mes tras mes, hasta que la estructura de hierro y piedra volvió a ser una fortaleza entre ambos. Impidiendo que el sonido llegase, que las miradas hablasen, que una noche en el sótano de algún lugar ella dejase caer sobre la mesa una caracola onírica y mirándolo a los ojos hablase de todo lo que nunca dijo, de gatos suicidas, de niñas de sal que sueñan con un niño de ojos de oscuridad sumergido entre las olas de las no casualidades.

Por eso bajó hasta la playa, dando la espalada a todo aquello que les había unido, si es que alguna vez lo hizo y en realidad no fue parte del sueño, de su propia realidad magnética que terminaba por confundirse en los umbrales. Se alejó de allí sin irse, parada, en el rincón de la sala, en la cola de personas transeúntes, en todas las plumas alzadas y los versos volcados. Y bajito, habló con los gatos que habían quedado maullando junto a la salida de emergencia.

-Nunca va a saberlo, y él debía ser el primero en conocer la noticia.

Y el mundo terminó ahí, contra una mesa, y la pila de libros, y las risas de la gente, y el olor a nada y la sensación de todo. Y a cada paso que daba sin ser vista se recuperaba un poco de la caída de los meses anteriores, lentamente, tejiendo las alas, el cuerpo mellado, la risa floja, la sensación de nacimiento inundándola a cada grito, firma, humo, brindis….

-En realidad yo tenía razón y nunca estuviste muerto.

…y al final del espigón solo quedaba ella, ella y soledad, porque en realidad él nunca existió.

“…porque todavía existe alguien esperándola al final del camino, deseando encontrarse con ella.”

Lo último que escuchó aquella noche antes de desaparecer fue el alarido de su propia alma, renaciendo, consciente de sí misma, devorándola de sueños…despertando las alas de aquel largo letargo invernal.

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

13 abr. 2010

METAmorfoSIS


Libertad, la libertad de modificarse a uno mismo es lo que realmente le hace sentir vivo, la razón de ser no importa, las formas menos. Pero si una persona es capaz de hilarse a sí misma cual cirujano, metamorfoseando sus aristas hasta conseguirse ver de nuevo, entonces y solo entonces, podría decir que es libre y está vivo.

De Calíope y sus Historias del Mundo Espigón.

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

Fotografía: De espectros del río Piedra (Zaragoza, abril 2010)

6 abr. 2010

Sin Palabras


Raíces…

…una persona solo puede nacer de un lugar, de una existencia, salir solo de las entrañas de una tierra, y en cambio puede ser de tantas como su corazón sea capaz de abrigar…

…el mío, solo…tú.

¿Cucharera, serrana, madrileña? Se confunden los vocablos aventajados en mis cuerdas vocales cuando debo contestar a una simple pregunta que me atrape en el tiempo.

¿De
Dónde?

No importa, si salí al exterior en una ciudad de grises pensamientos, si en las venas llevo el bravío de toda una casta antigua de…¿caracos?..y me sobreviene el latido de la voz de mi abuelo.
Soy hija de…..El Risco, la Avantera me ha parido en el remanso de La Asomadilla y eh sobrevivido a los juegos de El Rollo colándome en Cerro. Me muero en la distancia del Tiétar, me enfundo en los recuerdos del Valle asomado bajo la colcha de nubes trémulas, me ahogo de recuerdo…
…vuelvo y soy, sin más, solo…yo misma.

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………

Y volví,

Emparentada de letras húerfanas en búsqueda de sus raíces, con libros azules de hojas incoloras en la maleta para reencontrarme con todos, conmigo, con ella…que aquella pequeña me ha sonreído con la cara hinchada de infancia.
“ya no hay miedos, ni vergüenzas, solo tú, yo, nosotras, ambas”

Y me doy cuenta de lo mucho que he crecido y lo poco que han cambiado las cosas, de que da igual que se inunden las vías o el cataclismo universal decida estallar contra los mapas barriendo banderas.

No importa,
Él,
Sigue….

Escucho el rumor de su garganta La Eliza y me sabe añoranza,

Y tu luz….
Pedro Bernardo,
Siempre inundará mis tinieblas.

Soy,
De
Él.
Siempre,
Solo,
De allí,

De las bastas venas de hileras de pinos que ardieron, del verdor del orgullo aún en pie.

Siento, porque soy de ti,
Solo
Simplemente
De
Ti.

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

P.D.Gracias, a todos aquellos que estáis haciendo que este sueño sea posible y se haga realidad.

Fotografía: Presentación de la novela Y tu luz en mis Tinieblas en Pedro Bernardo (Ávila), Laura Butragueño (autora) centro, el poeta Jesús González de La Cruz y Petri Ruiz, Concejala de Cultura.


http://www.aviladigital.com/subseccion/subseccion2/fichaNoticia.aspx?IdNoticia=105734#ComentarNoticia

6 feb. 2010

Y tu luz en mis Tinieblas

Han pasado meses desde la última vez que escribí por estos mundos, he dejado de pasarme por vuestras casas y degustar vuestros escritos, ¿tengo excusa?...
He estado inmersa en un mar de letras, de cambios, de tiempos, de portadas, pero sobretodo de sueños…sueños que hoy ven la luz y se hacen realidad.
Simplemente deciros que al final llegué a la meta, y sale a la venta mi primera novela. Y todo es gracias a vosotros, a los que habéis seguido de un modo u otro apoyándome en la distancia.

A todos los que os encontréis cerca comentaros que el día 20 de febrero a las 12.00h será la primera presentación de esta señorita de azul en Barcelona. Para los que no puedan y aún así les apetezca tener el libro firmado solo tenéis que pedir el libro firmado a la editorial (cos facilito el enlace)

Ahora espero que la vida me deje tiempo para volver a estar por estos lugares.

Un abrazo y muchas gracias a todos.

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

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La joven escritora, Laura Butragueño presenta en Barcelona su esperada primera novela, Y tu luz en mis tinieblas. El acto tendrá lugar en la Biblioteca Jaume Fuster (PZ. Lesseps 20-22) el sábado 20 de febrero a las 12h y contará con la presencia del director editorial de Ediciones Oblicuas, Alberto Trinidad. La entrada es gratuita y abierta a todo el público, al finalizar la presentación se servirá un cóctel y se realizará la firma de ejemplares por parte de la autora.

Y TU LUZ EN MIS TINIEBLAS

Sumido en las tinieblas de su propia desgracia, el protagonista desahuciado de esta novela se ha abandonado a la muerte en vida confinado en las cuatro paredes angustiosas de su propio apartamento. Sin embargo, la visita inesperada de un ser misterioso en medio de una noche de tormenta provocará en él cierta curiosidad por el mundo exterior. Esta aparición femenina, como una Sherezade moderna, tratará de restaurarle de las pérdidas acumuladas durante esos años de reclusión; y lo hará a través del relato de varias historias que lo conducirán en un paseo interior hasta lo profundo del alma. Desde ese momento, conocer el nombre de esta insistente y encantadora mujer se convertirá en todo un reto para él y, sin saberlo, en la única posibilidad de salvación que le queda.

LA AUTORA

Laura Butragueño nació en Madrid el 21 de Noviembre de 1985. A los seis años de edad, consciente de su imposibilidad para vivir más de 3 minutos seguidos en el mundo real decide trasladarse a la luna, desde donde compone su primer poema. A partir de aquel momento se dedicará a escribir para todos aquellos que como ella viven en el umbral de los sueños. Influenciada por los bosques de su pueblo, Pedro Bernardo (Ávila), los océanos atlánticos y el salitre del levante, da vida en forma de relato corto a personajes caricaturescos que se mecen entre lo real y lo fantástico. Bajo el seudónimo de Iraunsugue Eternia publica varios relatos en fanzines y blogs obteniendo su primer galardón literario. Actualmente reside en Mataró (Barcelona) donde se dedica de forma profesional al marketing y la publicidad. Inmersa en mundos oníricos escribe su segunda novela.