27 sept. 2009

...sobre...y en cambio

Soy la imposibilidad de todos los teoremas que la pútrida coherencia tomó en su mano como verdad proscrita de las mentes, un halo incorrupto de seriedad enmascarada de locura y con el filo de una navaja masturbo las horas que me quedan para encontrarme contigo…¿vas a morderme esta noche, mi niño?

Diseño sobre la punta mellada de todos tus pinceles ilusiones abovedadas de caóticas utopías, mientras recorro diáfanos mundos sujetos por las promesas que nunca-nadie nos dijo, y en cambio hicimos nuestras por este afán de protagonismo en la vida-muerte de todas ellas.
Que he recorrido los parámetros de nuestras existencias sobre el bloque de piedra-realidad que nos separa los cuerpos sedientos de sexo, muérdeme en las ansias del sueño hasta que mi piel trasquile en gemidos contra tus dientes blancos y me vuelva blanda y comestible, atízame con tu sed perturbada de sexo, abofetéame el liquido amniótico de este útero que nos parió en mapas opuestos alejando las almas desquebrajadas que ahora gritan en nuestro interior de búsqueda.

Y así, cuando me encuentres y no me creas, cuando el litigio de este universo no sea más que el final de un empedrado camino sobre las aguas revueltas donde las cabezas de sirenas degolladas danzan al son del oleaje bajo los últimos soles de verano. Entonces, arráncame esta fiebre que arde en el interior de mi vulva rasgando con tu lengua de hierro cada milímetro de mi sexo, acaríciame sediento hasta que el líquido de mi llanto sea una suave capa de lujuria sobre tus labios licuados del dulzor de mi cuerpo virgen de amor. Estalla contra mí toda la savia de tus sueños pegajosos dejándome ensangrentada de los azotes que profieren tus huesos mellados de distancia contra mí ser de espacio, permíteme que corrompa mi metamorfosis de mujer en niña resguardándome con la boca pequeña en el sabor de tu polla. Atragantándome con tus insultos voy a llamarte hasta la imposibilidad de los designios, en el vértigo que me producen tus ojos de noche bañados de añejo.


Que me voy a volver minúscula para que puedas masticarme a tu antojo mientras me bebo la saliva de tus cuentos, y cuando me corra sobre tu cuerpo putrefacto te recordaré que arranqué hace cinco años el último de mis suspiros para dotarte de vida cuando decidiste tu muerte. Que de mi ya no queda sino la ilusión que varé entre las entrañas de tu-nuestro mundo, que hoy no soy sin ser de mar, que más allá solo queda el resquicio de un corazón henchido de pasiones oblicuas que se refleja entre tus manos cuando aprietas mi carne inexistente. Soy solo la imagen incoherente de un sueño bastardo, el final de un comienzo aún no escrito, un folio en blanco…y aún así sigo arrancando gemidos de lascivia infantil cuando clavas tus besos contra mi cuello níveo, y en susurros te pido sin ser oída…muérdeme hasta que mi sangre se diluya en tus sueños y sea la princesa de todos los deseos nunca pronunciados.

…y esto fue lo que ella pensó sobre un mundo espigón, cuando con boca pequeña y voz de pájaro susurro al viento un te quiero no escuchado o simplemente ignorado…

…¿qué importaban entonces las palabras?
Iraunsugue Eternia
Fotografía: Espigón de Sitges, Barcelona Septiembre 2009

19 sept. 2009

De Fuentes at.ras


He sobrevivido en la apatía de las horas hasta que el reloj marcó la edad precisa de una fuente a la derecha del mundo, junto al paseo de almas. Y me he colado, lo he hecho…entre todas las multitudes que ríen en jergas moldeadas de sombras, me he soplado entre el cabello de una niña acariciando el horizonte, por qué tú eres todos ellos, hasta el que amanece. Por ello, me he revuelto en la morada de la melancolía hasta alcanzar la fuente, la dichosa fuente, y trabándome en las horas he sentido tu mano sobre la cintura de mis muñecas, floja, suave, como el viento entre el pelo-vientre de aquella pequeña o el suspiro de un hada. Y ahora, y ahora que no estoy y en cambio sigo en aquel camino de agua a la derecha de ti, me he dejado caer entre los engranajes de todas las lágrimas azules de tus ojos noche, licuándome en tu mirada lejana, saboreando el salitre de tus entrañas, esnifando el olor que se marchitó hace cuentos ya en mi piel, y que aún así persiste en mi cerebro-sueño.

Me escondo, ajena a la melancolía que expanden mis ojos hacía el interior de los cubos espaciosos de la lejanía eterna de mi propia aura-nombre, depositada sobre la sangre de las muñecas de heridas abiertas que cicatrizan tus labios de mis recuerdos…soy de ser, y aún así sigo postrada en la espiral escondida de una caracola de sueño, depositada entre las sábanas negras de una habitación añil….y el cielo sigues siendo tú, horizonte.
Iraunsugue Eternia

15 sept. 2009

...caracolas de arena.


Perdóname padre por qué he pecado…

…me he desnudado de cada capa de humanidad hasta quedarme vacía de máscaras y ser solo la piel y los huesos del éter, si es que alguna vez tuve cuerpo y no fui más que la salvaje embestida de una pasión desmesurada de arte. Que tengo sangre en las manos y el mar ha eyaculado en mis versos, bebiendo de la sed poscoital cada esencia del universo he lamido las estrías del cielo en cada ola, salivando las entrañas, revolcándome en las cuencas de arena, sudando tinta entre jadeos de lujuria.

Y ahora yazco vida en muerte sobre las piedras de la realidad aparente atragantada de sueños, amamantándome de tiempo engullo caracolas de arena intentando no perder el hilo de pensamientos que se me evaden en cada suspiro. No soy más que el eco ausente de un graznido de desespero, la cal corrompida de amor fortuito que ha tenido a mal en desgarrarme las entrañas….ay…¿y él?

Yazco, bebiendo de cada gota del iris que se me derrama oscuro, sobre la playa de mis excentricidades me escondo entre los granos, arañando las rocas descompuestas de tiempo intentando hallar el umbral de mi reino…esperanza. Muerdo el fuego de las palmas, jugando con los entresijos vertidos del eco de este corazón mezquino que me traiciona inmovilizándome en el desamparo de la espera sin búsqueda, pues no hay estado más devastador que el final de la meta y el comienzo del vacío…brindemos.

¿Qué has hecho padre? Permitiéndome beber de la matriz marina de este cielo encapotado de sueños, dejándome sentir como si fuese humana eso que llaman…a….¡pasión! me digo, recuerdo, te grito. Mi bosque se turbia en playa, de azul ¿azul? Me atraganto de estrellas buscando el color definido de siglos de espera, y ahora…cuando…y…¡ay! ¿él?

….dime que nunca..cuando…ya…será imposible….¡sembraré caracolas!

De

dos

en

dos

Baja pues Morfeo a recordarme que no soy sino la hija prodiga que olvidaste sobre la cuenca del mundo, pégame fuerte hasta que halle el modo de salvarme de esta sensación de libertad desmedida que se aferra a mi pecho pidiendo beberme los océanos. Castígame, enciérrame en la torre más alta de las pesadillas humanas hasta que olvide su nombre. Arráncame el alma, impídeme soñarlo, ¡hazlo!. Muerde cada una de las partículas que guardo de él entre los labios, táchame todos los segundos que pasé memorando hasta que de mi no quede sino la corteza de un párrafo…bórrame, bórrale mientras cortándome el cabello me impides que añore sus manos de tintura y…¡miénteme padre! Miénteme mientras me apaleas por mis pecados, que me he e………adultérame en cada arista hasta que de él no quede más que...¿imposible?

….y dime, que nunca fui y nunca seré…yo…ella…nosotros….

…que el mar ha eyaculado en mi boca y estoy atragantada de versos.

Iraunsugue Eternia

11 sept. 2009

Menta-Chocolate!!


Menta, desliza entre los labios la dulzura de ambrosía contra el paladar que se expande, chocolate…

La pequeña ha escapado corriendo del abrazo cruel de las palabras atropelladas de los demás niños, observa con sus ojitos de noche y la tez gitana a la madre sorbiendo del cáliz alcohólico de las conversaciones mezquinas. Se escapa y se enclaustra, dejándose caer contra la pared, estallando su espalda en movimientos rítmicos, abraza las piernas, los ojos se pierden.

…en la terraza, sentada en la terraza su mente se deja llevar en preámbulos de umbrales, apostada entre la realidad de los ojos grandes tostados de una niña morena y la fragilidad del pensamiento canino bajo sus pies.“Palomas, palomas, palomas…cazar, cazar, palomas” las aves emprenden el vuelo y el perro se incorpora nervioso, moviendo el rabo, zizageando su hocico en busca del delicioso olor a carne cruda.

-Terra –susurra ella, chocolate.

El perro se tumba ante la orden de la hembra alfa suspirando con ojillos domesticados, “palomas, palomas…el mundo palomas”. Se licua, la pequeña se licua en una tarde de vientos de oriente, cálidos, el final del verano se escapa entre la copa de helado que ella sostiene, menta-chocolate. Se ha refugiado en un movimiento métrico, adelante, dejándose balancear con el cuerpecillo menudo de piernecitas delgadas. Las lágrimas adormecidas despiertan al pensamiento y comienza a llorar en la solitaria posición autista.

“¡Es que nadie va a verla!” piensa. Ha comenzado a ponerse nerviosa, la ve, se ve, recuerda, se imagina a si misma años a en misma posición sobre una piedra desierta en medio de un río, un solitario río donde las libélulas se posan acompasadas de magia sobre su pelo revuelto, largo, claro, cae nadando hasta la espalda, cubriéndola los ojos menta, de rana, esperanza.

-¡Lucía! –el pequeño absorbido de juego ha despertado, de azul, mar en sus ojos, un diminuto pez que se acerca balanceándose, sosteniendo una tripita infantil, correteando se aproxima.

“¡La ha visto! Él pueda verla! “piensa… y el niño menudo de baja estatura se agacha ante la compañera de juegos, suave, pasa la palma de la mano por el pelo recogido en una trenza de la niña gitana, morena.

-No llores –susurra nervioso –por favor, Lucía.

Los olores naturaleza se cuelan por las fosas nasales acentuando el asma de la adolescente llorosa, se recrea en el fango adormecido por los años, en la rivera de un caudal estruendoso que canta alto. Lo siente, presiente, su aroma la toma en melodía cuando el cuerpo desprende el calor de la siesta. Se ha quedado a milímetros de distancia, la energía fluye entre ambos entrelazando corazones tamborileros, él suspira, ella calma el llanto.

-¿Arual? –la dice bajito, con sus voz de hombre-niño de dieciséis años -¿Arual, estás bien?

¡Chocolate! Se desliza por la garganta dejando el dulzor entre los labios gruesos, el perro se revuelve entre las piernas con su imagen corpulenta rascándose las pulgas, bosteza ruidoso observando la imagen en la cual la dueña se ha quedado varada, tiempo-espacio, ¿quién lame la línea?

-Lucía, Lucía –el pequeño la llama rebosante de amor, besa tímido la mejilla infantil hasta quedar sentado junto a ella, desprenden, aprenden. –Yo si quiero jugar contigo.

…el viento sorbe las copas de los árboles, verde, agua, verano.

-¿Por qué me sigues? –pregunta incrédula, enfadada con el ceño fruncido de angustia y dolor.

-Por..por qu…e…estoy agusto contigo, eres…¡eres mágica!

Diluye las penas hasta voltear la cabeza y observarlo taciturno, con esos ojos oscuros prendidos de melancolía, porta un alma antigua, un alma cansada. Ha dejado caer la media melena de oro sobre la cara prendida de grana para observarla tras la maraña, vestido de negro…siempre de noche.

-No, solo soy rara –contesta entre balbuceos vergonzosos, y la sonrisa se media un centímetro, y otro, y más.

-No –se acerca, la atrapa con los brazos delgados hasta sostenerla contra su pecho –solo, eres especial, muy especial.

…ladridos llorosos, se siente incómodo, observa a los pequeños abrazados, Lucía llora, tranquila, dejando resbalar las lágrimas una a una, sin prisas. Y el niño de mar la besa la mejilla, el pelo, la rodea con sus bracitos pequeños.

-Lucía no llores más, yo quiero ser tu amigo –dice.

-Arual, no llores, por favor, me da igual lo que diga la gente, ¡no eres rara! Eres mágica, mi pequeña niña mágica –escucha.

La copa tirita de frío y sin viento, el final del comienzo y la boca gélida de menta-chocolate, no hay corteza de galleta, no la gusta, la cansa, la aburre, solo helado. La silla chirria cuando alza el cuerpo.

-Lado –le dice al perro, este, de inmediato pega la cabeza contra las rodillas de la Alfa, orejas gachas, atento, feliz de cumplir la orden.

Y antes de que la calle se trucase en avenida se ha vuelto a mirarlos, Lucía…chispea ante las muecas de su pequeño instructor de alegría…

-¡Vosko!..¿has jugado alguna vez en un espigón?

-No, ni tan siquiera conozco el mar, ¿por qué? –la aferra contra su cuerpo cuando Arual se eleva entre las ramas, la atrapa y aún así siempre la siente volátil, efímera.

-¿En qué año estamos? –pregunta lejana, ascendente.

-En 1998, en el verano de 1998 –la mengua en un beso, reteniendo su espíritu en un segundo perfecto.

-Mmmm…¿Cuánto crees que aguanta un niño jugando solo en el sueño de un mundo espigón?

..no hay contestación, la hilera de recuerdos de rompe contra la cajita morada. Un niño rubio escribe sobre un pentagrama en el interior del cartón, la caja se revuelve al fondo de un armario…

..¿alguien ha escuchado el piano?

-¿Sabes Renm? Quizás algún día te deje volar con las palomas.

Y el perro mueve el rabito, zigzaguea en su nombre onírico.

Iraunsugue Eternia


Fotografía: Garganta La Eliza, Pedro Bernardo (Ávila)

7 sept. 2009

Au-Sen...ciA

El viento cálido volteaba sobre sus alas invisibles en las entrañas de la ciudad, la sensación de claustrofobia la sumió en un estado catatónico de ojos abiertos fijos en las vías, cada diez minutos pasaba ante ella un millar de pies y piernas que desaparecían tras las puertas móviles. Dejó pasar durante un buen rato todos los trenes, sin preocuparse de si debía subir o simplemente quedarse donde estaba, aferrada a los tres libros contra su pecho que se revolvían con sus historias y personajes aún desconocidos, todos menos uno.

-Ahora te llevo más hermanos –pensó, apretando más fuerte el primero de todos, el que había traído de ida entre sus manos desplazando una a una las páginas ya leídas….-Felicidad…

Algo latía precoz entre su corteza y sintió como el pelo revuelto se encrespaba baja como un escalofrío zigzagueante por su espalda semidesnuda, las alas de tinta batieron su nombre y terminó por incorporarse y acercarse a las vías.

-¿Y si salto? –Pensó -¡Qué muerte más sucia!

Sus sentidos colapsados comenzaron a expandirse en las entrañas buscando un lugar por donde liberarse, creando un espacio entre ella y el mundo. Los ruidos, los gritos, el sonido de una voz plástica que sorbía los pensamientos tras el megáfono. El tren paró y abrió sus puertas, entró veloz buscando el lugar recóndito donde sentarse a esperar la llegada de la estación prometida, no quería volver, pero arriba no quedaba más que una ciudad desconocida repleta de muchedumbre extraña. Se sentó al final del último de los vagones, en la cola del universo intentando no ser vista, pegando su cara contra el cristal blindado de huellas se dedicó a seguir cada mano, cabeza e imagen que habían quedado impregnadas en aquel cristal opaco. El rumor del tren la absorbió en un duermevela donde los pasillos largos y los andenes desiertos se la antojaban brazos gigantescos de una acrópolis sumergida en la tierra…agobio.

No se dio cuenta de que había aguantado la respiración hasta que los pulmones colapsados irrumpieron en bocanadas de aire tomando el ambiente frustrado de olores desconocidos, cuando el tren salió al exterior y pudo al final codearse en la noche. Se regocijó pensando que más allá de las tinieblas el mar se extendía bravo rompiendo suspiros contra las piedras, la dama de noche eclipsaba las nubes con un resplandor plateado, se dedicó a buscar estrellas, buceando entre las constelaciones hasta hallar el preciado tesoro solitario, azulado, que brillaba en la lejanía con fuerza.

Recordó, con el pasado agrietado entre sus dedos largos…
-Arual, ¿te gustan las estrellas? –la voz vacilante la llamaba con ojos de hoja desde el otro lado del largo balcón.

Se encaminó con sus piernecitas regordetas, desnuda y feliz hasta engancharse como un gatito con uñas afiladas a la falda de aquella mujer de caderas grandes y voz de pájaro.

-Sí, yo cazo estrellas cuando duermo iaia –dijo convencida de poder atraparlas con sus manitas de niña, alzándose al cielo, cerrando un ojito para con el otro disminuir las distancia y terminar abrazando el universo.

-Voy a regalarte una estrella, Arual –y la cogió entre sus brazos con aquel calor de madre añeja, salpicando sus delicadas mejillas con besos sonoros. –¿Ves aquella?, la que está solita entre las dos montañas.

La pequeña asintió chupándose el dedo índice para después con miedo e ilusión localizarla entre la espesura de los bosques antiguos, alzándose diestra y solitaria con un vaho azul que al envolvía en la noche despejada.

-Pues esa es para ti, y cuando yo ya no esté y te sientas sola siempre podrás buscarla donde estés, así sabrás que siempre iré contigo.

Una lágrima danzo despejando los ojos nublados de recuerdos, lamiendo la pintura perfilada de

color negro, desbordándose por las mejillas teñidas de noche. Recobró la compostura al conseguir alcanzar el horizonte y posarse sobre la estrella, la primera de la tarde, pensó que en realidad y aunque estuviese rodeada de gente, siempre, seguiría sintiéndose sola, como si fuese capaz de alcanzar la mano del niño durmiente tras el muro imaginario…y que fácil sería romperlo, y en verdad que fácil había sido.

Se trasladó a la realidad comparable intentando memorar minutos antes, horas, no más allá, pero todo lo ocurrido había sido tan solo un paseo entre el minuto descenso y los sueños ascensos, como si en verdad se hubiese convertido en un ser etéreo que moraba entre la risa y ahora, sola, la melancolía se enredase entre las pestañas llorándola el presente.

-No quiero volver –se escuchó a si misma decir por lo bajo, frente al cristal, a esa imagen de pelo revuelto que la devolvía la noche.

Observó sus dedos, las finas líneas de sus manos, persiguió el futuro escondido en cada surco intentando descubrir que había más allá de lo conocido, pero no alcanzaba a ver y se asustó por un momento, cuando siempre conseguía anticiparse a los cuentos y escribir lo que pasaría o dejaría de ser. Esta vez, el futuro era la nada ante sus ojos, y la pesaba la mano al recordar el bolígrafo que había sostenido horas antes para estampar la firma preciada. Meditó durante todo el trayecto, hasta que las ilusiones marchitas sucumbieron a los demonios y tuvo la sensación de que se perdía a sí misma, pero no como antaño, no como cuando se olvidaba de ser y su mente vagaba por parajes aguados de acuarelas resecas, esta vez debía parecerse más a la muerte del alma, porque por mucho que el tren avanzaba ella o parte de ella había quedado atrás, como si el seguir hubiese dejado de tener sentido.

-Quiero..quie..quiero…una casita con una habitación azul, y en el parque plantaré cabañas de hada y regaré al norte para que el musgo cobije a los duendes. Y por la mañana voy a…a…iaiaaaaaaaaa….voy a correr por la playa, pero prometo no caerme sobre los castillos de arena, ¿vale?

Pero iaia ya no contestó…

…estoy sola, sola, soy sola, ¡Soledad!

El ruido estridente recompuso su cuerpo y salió disparada del tren, buscando la calle cual alma que lleva el diablo corrió con las alas desgarradas acera abajo en dirección al aparcamiento. Y allí quedó, sola, sola, durante más de media hora en la misma postura, con los ojos rebosantes de lágrimas y tres niños de tinta contra su pecho…

Por la mañana, se ha despertado de un sueño, un extraño sueño donde corría con un vestido esperanza y el pelo de fuego por las calles de un pueblo de piedra blanca, corría en espiral entre sus casas bajas de puertas cerradas y ventanas azules, descendiendo, riendo a carcajadas perseguidas por un sueño, y reía y reía, y baja y bajaba entre las calles empedradas hasta llegar a la playa, y allí se ha desnudado hasta zambullirse a carcajadas balbuceando dos palabras que solo el mar conoce. Y había otras piernas y otras manos, y otra risa, y compañía…no quería despertar, la hubiese gustado quedarse mirando el mundo desde la profundidad del océano, en movimiento, el cielo se mueve al compás de las olas, y sus piernas danzan en risas, y lo ha escuchado reírse, fuerte, alegre….tan cerca.

Ha corrido tan aprisa que ha perdido la visión en varias ocasiones, al principio solo había árboles, musgo, campo, hojas resecas que crujían bajo sus pies al sentir la fuerza de la pisada, pero más tarde solo la mitad de un corazón jadeante entre la niebla esperanza, zigzagueante, espirales verdes, hojas, otoño…ya llega. Sola, contra el suelo ha sentido el peso de la pena y el mundo, mientras Renm caía junto a ella buscando la media melena donde soplar con su aliento perruno lleno de hierbas…así….pfffffffffff pfffffffffffffffffffffffffff….mientras el cabello le hace cosquillitas en sus ojos oscuro y mueve la cola de un lado a otro espantando demonios.

Ella, ha caído en la cuenta de que todo tiene que ver con los tres, y si el primero está hecho, listo, firmado…¿qué pasará con el resto? Se siente perdida, no la apetece buscar pero si ser buscada, no la apetece esperar más no la queda más remedio. Podría quedarse allí, tumbada, con frío, sintiendo la humedad del suelo hasta que llegue el invierno y Noviembre la nombre de nuevo, quizás, quizás y entonces….puede que nunca sea.

Iraunsugue Eternia

6 sept. 2009

Naufrago...entre la tristeza..alas...de...ti


Me naufrago…


...en los hitos de sangre violenta de esta madrugada impía que me recoge en su seno menstruándome versos perdidos, moribunda danzo entre las piernas de la tristeza besando tu nombre. Arraigada a la matriz de mi-nuestro mundo de piel de estrellas, y arranco los pergaminos azulados de esta sombra, con la furia de una niña varada de tiempo, olvidada entre las olas corrompo cada partícula de este universo con la sabia que mana de mis venas rotas, cuchilla agrietada en todas las habitaciones azules que me vieron sucumbir a la pena y llamar a la muerte a gritos, de toda la sangre zurcida en hitos de voz deshilachada de mi llamada, en el abismo del plenilunio de tu muerte y ausencia.

Voy a pecar, voy a ser la hija prodiga de la antinatura, mientras recompongo piedra a piedra el muro caído, arrancando de las uñas la piel a trizas de mis dedos menudos hasta que el fango del mar sucumba a mis delirios y termine cediendo a las olas, limpiando tu nombre, ungiendo de paz tu cadáver descompuesto y devolviéndome partícula a partícula todo tu ser. Morderé el cielo extraviado hasta desmembrar la melancolía sumida en tu lecho de algas, vaciaré el espacio mellado sobre las piedras hasta que la arena fina se alcé como horizonte y el mar vacíe su espectro sobre la playa. Ola a ola voy a sucumbir en mis plegarias cosiendo una luna de plata con hilos que abarquen las desmembradas manos que sostienen los versos. Y cuando la distancia me devuelva un espigón bañado de ayer, me dedicaré a dibujar sobre la espuma del futuro todos los gatos suicidas que siguieron el cántico de tu pluma en voz.

Y para cuando ya no me quedé más que un velo de vida volveré en presente a sentarme a seis grados de separación de tu cuerpo corrompido de huidas, y entonces, y solo entonces, voy a llorar toda la tinta con la que compusiste mi cuerpo el día de mi nacimiento, licuándome en una catarsis de palabras neonatas escribiré sobre la piel corrompida de tu alma todo aquello que callé ante tu presencia, hasta que la sal de mi vientre te corone la frente y mi cuerpo de niña se vacíe de caricias contra todas tus distancias. Te devolveré al mundo volcando toda la energía diluida de bosques añejos hasta que la mar te para de nuevo y me quite la vida.

Y entonces, y solo entonces…

Voy a gritarte desafiante que jamás estuviste muerto, porque desde lo profundo del ser en la espera de búsqueda de esta alma olvidada estuvo contigo dese el comienzo, creyendo, creyéndote. Sabiendo de tus ojos el elixir sagrado de chispa que ahoga en mundos estereotipos la inapetencia de los que te han conocido ante tu diferencia marcada. Gritaré, gritaré con las branquias nacidas que no me importa ser nada, que si debo morir en la ola de tu último primer aliento me tiraré yo misma desde el barranco de los sentimientos nunca nacidos de ti para mi, te voy a decir en voz baja tras la espalda que me vistas de oscuro, que me escribas en tinieblas, que me partas, me fustigues, me ignores…que rasgues todas mis aristas y limes mi voz hasta dejare en trizas. Recuérdame que soy la última de esta cadena de espigón, que no me quieres, que no me añoras, que no soy más la ausencia de los coleteo de un verano nunca suscrito.

Aráñame con cariño hasta que mi vientre hundido sangre estos años de espera, échame al mar, muéreme ya mismo, pero vive, tú vive…entre la tinta de mis últimos escritos.

Iraunsugue Eternia

4 sept. 2009

...próxima estación...eSpErAnZa

La habitación que unge de madera sus paredes acolchadas de recuerdos se ha vuelto menuda, extraña por un momento a pesar de que ha podido reconocer en cada vértice de si todo el pasado entrañablemente ordenado sobre las estanterías. Aún así se ha trasladado a la habitación naranja, como buscando el color desierto de una playa donde morar los silencios que esta noche la acompañan.

Fuma y piensa…

Piensa y llora…

Por qué las lágrimas del cielo han caído sobre su cuerpo al barrer la tarde, y ha comprendido que más haya solo quedan dos, dos y podrá morir. Cavila imaginándose a sí misma diminuta, sentada sobre una camita con colcha numérica, se ve y se escucha.

-De mayor quiero ser e…….. y también quiero tener una c….. en un bosque en…….., pero sobretodo, sobretodo, quiero encontrar a ………

Y así sucesivamente, año tras año, escrito tras escrito.

Ha calculado todos los versos marchitos que terminaron oxidados entre los libros, los escritos en clase de matemáticas que no llegaron a buen puerto, las telarañas de los agujeros de cuentos, las historias rotas, las que no sobrevivieron. Pero sobretodo e importante ha besado con las manos cada página en blanco, las nuevas, las vírgenes, las que aún estaban por nacer.

-Llueve…y algo está cambiando –piensa y se recuerda, mientras los cristales intactos sienten el primer contacto del otoño.

Soledad la toma entre sus brazos y la siente latir efímera, como un refugio en la memoria que no añora la presencia que la envuelve, necesitaría chillar sobre las olas de un bosque de hayas para alzarse a si misma y reconocerse en las aguas, de lago, de mar….

-Destino ha llamado a tu puerta –escribe un pez en la marea de sueños –Niña de tinta…ha llegado tu estación….y su nombre es Esperanza.

Crece entre el silencio al compás de un corazón menudo que late disperso en verso, atolondrado cual tamboril infantil con sangre liquida y salada.

-Es la Estación…ya llegó…súbete sin dudarlo –repite el pez viajero.

No hay dudas, Tiempo majestuoso ha cedido al Rey del Sueño, y aún así ella piensa que siempre se vio firmando con aquella pluma, la del escaparate, la que pidió tantas veces que alguien pedía una idea para regalarle.

-La quiero grabada….Iraunsugue….Iraunsugue Eternia.

Mañana sus manitas de cristal se alzarán sobre el papel sin la pluma deseada, no importa, decide que más tarde, para el día en que su hija haya sido parida en papel y tapas buscará la pluma…nunca puede andar muy lejos.

Cierra los ojos, hoy no dormirá realidad, Morfeo se ha nombrado el dueño de esta noche…dos más, dos más y podremos descansar tranquilas.

“-Sabes Tristán de mayor voy a ser escritora…y cuando mis letras fluyan entre la realidad y lleguen a tus manos, entonces y solo entonces podremos encontrarnos-pero Calíope solo tiene seis años”

Iraunsugue Eternia

3 sept. 2009

Luz de Gas

La ciudad chirria,
la ciudad se bebe,
la ciudad en movimientos adyacentes.

Multitud de sombras, fantasmas extraviados en direcciones claras, solo rayos coloridos, la ciudad corre, la ciudad es vértigo.

Soy un cuerpo postrado ante la nada, el apéndice de la espiral infinita que se arranca la cola al morderse el universo, la ciudad se mueve, la ciudad se pliega sobre sus ejes vomitando seres que yo no veo. Soy un punto negro y en cambio tengo luz, la ciudad se para, la ciudad vara en el espacio futuro y asciendes ante mis ojos con tu presencia clara, vestido de noche, reconozco los ojos serenos, la profundidad de la melancolía en verso.

Y antes de mis ganas se cuelen entre mi lengua y desgarre el tiempo me callas.

-¿Acaso pensabas que no te encontraría? –tus manos sobre mi boca.

Arráncame el corazón a tiras, devóralo, tómalo, hazme tuya.

-¿Acaso me buscabas?...

Me rindo y caigo, la ciudad se mueve, la ciudad se filtra entre mis dedos y arranco de su pútrido cuerpo lo único bello, la razón de sí que me traslada entre las manillas de un reloj átono que ha comenzado a fluirse en presente. La noche me corre los tejidos del aura, pierdo el vestigio de la tristeza enclaustrada entre las costillas, el corazón palpita y sangro, fuerte, con desgarros, pariéndote de nuevo en el año encontrado, no lo conozco, no importa, estas aquí y eres real. La playa se licua en si misma mojándose de arena, la sal de las estrellas se expande lentamente en una súper nova de caracolas reflectas. Siento el aliento de tu ser contra mi cuerpo diminuto, soy un suspiro del centímetro que nos une y separa, no hay muros, esta vez no, se destruyeron en el primer cataclismo de este mundo espigón.

Y en cambio la noche se ha tragado el recuerdo y tan solo nos han dejado el mar, de petróleo, calcinado cuando el último de tus cuerpos decidió probar el sabor del aliento gélido que emana. Y todo cayó tras los gatos, y ellos tras de ti, y yo tras ellos, y ya, y entonces…..

-¿No estaba muerto? –tu voz profunda que se cuela en la superficie diáfana de tu reino.

-Sí –las lágrimas descienden de mi vientre entre tus manos-pero si una raíz de ti, la vena que llega desde mi ombligo hasta tu corazón seguía latiendo, entonces, créeme, era fácil devolverte a la vida.

Creces y menguas, te haces de piedra rompiendo en pedazos la carne putrefacta de tu cuerpo amortajado de pesadillas, barro los demonios que insertados en las entrañas nos quitaron la vida. Soy tan libre, tan perfecta, que mi cáscara ya no importa, solo la tinta con la que me bañaste aquel 21 de Noviembre de 1985. Y ahora que tú eres la palabra y yo el apuntador tras tu espalda, déjame que sobrescriba más de un millar la arena de esta playa, erígeme de nuevo, vierte y crea niño del sueño, convierte mi laberinto del pasado en arena de plata, arranca cada una de las aristas de mi alma y que crezca el espigón de ellas, bésame con la punta de tu lengua hasta sorber cada lágrima de sangre que he derramado por ti en estos años de ausencia. Mírame, mírate, míranos…nómbranos.

-¿Cómo me has encontrado? –aférrate a mi pelo, cruza con tus manos mi cintura.

-No lo hice, solo te soñé de nuevo…está vez, tú viniste a mí.

Corrómpeme niño, que quiero ser el ritmo decadente de este corazón enfermo, partido, disminuido de vida en toda la nostalgia compartida de vidas cruzadas y almas rotas. Cóseme, zúrceme los ojos para que mi piel sea de ti hasta que me funda contra tus huesos, adivíname en la realidad del día, destrózame de amor en cada estrella, atragántame de savia, nómbrame pecado.

-¿Dónde?...¿Cuándo?

-Ya no hay límites Calíope, el tiempo ha dejado de tener sentido –y me emborrachó en la calidez de tu mirada infantil en cuerpo de hombre –ya, nunca será tarde.

-Crúzate conmigo…, mañana, pasado, da igual, simplemente hazlo.

Que vivo en la fisura de tu mundo, atrapada en una brecha de espacio-tiempo que cosieron las penas de esta vida extraña. Y ahora no más que la espada capaz de desmembrar los años, cuando el pasado no es más que una pluma marchita en el fondo del océano de todas nuestras risas. Hazme de carcajadas, cálmame las ansias y vuela conmigo, despliega, asciende, ámame en oblicuo.

Ser de ti Calíope, borrar tu nombre de niño…muéstrame el universo, ven, ya, que aún te espero.

Iraunsugue Eternia