29 jun. 2008

De Ti


Simplemente desperté en la noche siendo consciente que desde que apareciste en mi mundo nunca dejó de ser día. Y que aquella necesidad de volar comenzaba a apaciguarse entre tus brazos, mis pies perdieron el miedo a posarse sobre la tierra, y el presente se torno cálido. Me volví huracán en equilibrio al ser rodeada por tus labios, comenzaste a ser mi centro y terminé curando heridas en la sal de tu piel. Sin escocerme el pasado, sin miedo a lo que pudiese venir, te volviste protección y yo me desvestí de aquella pesada coraza.
Olvidé las dudas en la mesilla del despertar, aprendí simplemente a querer y valorar, comencé a ser de ti, tanto, como yo, lo era de mí.

Iraunsugue Eternia


Fotografía-Castillo de Sagunto, junio 2008.

Cerrando aquella puerta


-Toc, toc, ¿se puede?

Tras la puerta solo la llegó silencio, y el retumbar continuo de sus propios pensamientos, la ayudó a toparse contra un muro de irrealidad constante. Porque la era imposible dar crédito a lo que veía.
Quién estuviese en aquella fortaleza olvidada no tenía intención de salir, y ella comprendió que en esta vida, todo pincel termina por secarse, y que las musas son seres volátiles que cambian de estado al antojo del artista.

No la importaba dejar de ser tinta, ya no. Por qué más que el olvido aquella noche sufrió el silencio amenazante, las puñaladas de cobre y papel tras la espalda. De ese ser siempre esperó el silencio, la incomprensión, la fatídica manía de cambiar la realidad a su antojo, de él podía hasta esperar el insulto, los malos modos, pero nunca aquello, aquello no.

Pensó en lo frágil que se torna la palabra cuando todos estos factores juegan en su contra, de cómo las promesas de “a pesar de todo lo que ocurra seguiremos siendo”, terminan por convertirse en lapidatorias mentiras en el tiempo.
Una vez ella creyó en todo aquella, hasta ahora siempre pensó en seguir siendo fiel a sus palabras, pero aquella noche comprendió que en verdad, todo, había sido mentira, solo, mentiras.

No volvió a llamar, no volvería a hacerlo, ya no.

Iraunsugue Eternia


Fotografía-Puerta Catedral Sagunto, Junio 2008

De NO despedidas


Aguanta la respiración manteniendo en la distancia los suspiros, porque si se la escapa llora, y si llora se vuelve lágrima de sentimientos que hondea la bandera de la tristeza. Y no está triste, ni asustada, ni dolida, solo, tan solo, llena de vida.
Ha dejado de pensar al observar sus pasos que se alejan, mientras su alma lo sigue por el corredor de maletas y humos nostálgicos de estaciones paralelas.
Simplemente no ha podido marcharse, se ha quedado allí mirándole ir y yéndose con él.

Aguanta, mantiene el equilibrio de la posición elitista de la felicidad, hasta que el saludo se vuelve nostalgia, envía con la suave brisa veraniega que angustia el calor un susurro. ¿Lo escucha?, ¿lo siente?, se despide, pero no para siempre y eso la calma.
Las horas en el reloj tan solo serán vagas y la vaguedad de los minutos el paso del tiempo que une estaciones y cuerpos.

Parte de su olor ha quedado prendido en su cuerpo, lo apresa en aroma mezclándolo con la pasión de recuerdos noctámbulos de coches pequeños, gemidos y tierras perdidas. Siente que algo se la rompe dentro cuando lo pierde unos segundos de vista, no daña, pero el corazón duele al sentirse separado por la melena que danza recogida en dirección opuesta, de fondo, tan solo, la melodía de las ruedas de una maleta.

-Si se vuelve es que tenemos que estar juntos –piensa.

No ha terminado de pronunciar la frase en su cerebro, cuando él se vuelve hacía sus súplicas, lejano, pequeño, se miran en la distancia de los vagones funestos. Alza la mano, y aunque él no lo vea ella lleva el corazón en el puño, lo poco que queda de él, el resto, se lo ha llevado él. Y él, responde con otro gesto…

-Te quiero –piensa ella, mientras lo ve desaparecer tras la puerta del horizonte.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Estación de tren, Alicante junio 2008

26 jun. 2008

El espacio entre un nada y un todo.


El espacio que hay entre un nada y un todo, es un algo, pero ese algo es voluble, por que realmente es como estar paseando por la cuerda floja y quedarte parada en el medio, sin saber muy bien si debes volver al principio de nada, o seguir hasta el final de todo.

El espacio que hay entre un nada y un todo es comparable a las respuestas a medias, o las preguntas a medio formular, ambas están inacabadas por miedos, por que si terminásemos la pregunta sería un todo, pero cabría la posibilidad que la respuesta fuese un nada, así que es mejor dejarlas sin final, para que sea el interlocutor el que de la última pincelada.

El espacio que hay entre un nada y un todo es como ponerte a cocinar y olvidar el libro de recetas, tienes los ingredientes, el fuego a todo gas, pero si te faltan la formula exacta con la mezclar los alimentos, te encuentras ante la posibilidad de que si te da por experimentar, el guiso, termine en la basura, por lo tanto sería un nada.

Mi espacio que hay entre un nada y un todo son los deseos, esos que formulamos sin darnos cuenta, que siempre van acompañados de la esperanza, por que en verdad los deseos son esa cuerda floja imaginaria por la que caminamos hacía el todo, dejando atrás el nada, son la pregunta que tiene miedo a la respuesta, por que si esta fuese un nada, la cuerda del todo, se rompería y la pregunta terminaría cayendo al vacío, los deseos son la olla que espera en el fuego a que manos expertas vengan a responder las preguntas, tensar la cuerda, darnos la mano y sobretodo susurrarnos al oído que vamos por buen camino y que al final habrá un todo, dejando atrás los miedos del nada.

Soy la pregunta a medio camino, soy el miedo a la respuesta, soy el fuego que espera la olla para poner el guiso a hervir, soy la duda y la esperanza, soy la respuesta nula de la nada de mi alma….

¿Cuándo seré yo la respuesta?¿Cuándo yo la mano que tense la cuerda?¿Cuándo el libro de recetas?¿Cuándo seré yo el todo?.....

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Madrid, Dicimebre 2007.

Gritos en calma


La naturaleza danza al son del viento cuando el levante anuncia tormentas, y las olas comienzan a romper contra el tambor de las orillas advirtiendo la tempestad de las profundidades del ser.

Las gaviotas tan solo son veletas que traen los sueños, la arena reina avara que esconde secretos. El mundo se estremece al sentir la furia de los cielos, las nubes se oscurecen por el dolor de los años, el cataclismo cae sobre la vida misma.

Y a pesar de que el Apocalipsis grita lluvia, todo parece reposar en la tranquilidad de la película fotográfica de los ojos que observan el paisaje, todo en calma, todo en calma.....

Iraunsugue Eternia


Fotografía-Playa del Postiguet, Alicante Febrero 2008.

25 jun. 2008

Reorganizando


Su abuelo solía decirla que “cuando la vida cerraba una puerta, siempre nos abría una ventana”. Ella también recordaba haberle oído decir que “al pasado no se vuelve ni para coger carrerilla”.
Había pasado mala noche, demasiados ruidos externos que la impedían concentrarse en la meditación un tanto caótica, que se traía consigo misma. Podría decirse que parte de ella quería volar lejos de una realidad palpable que la agobiaba pisándola los talones, pero, por otra parte, su yo racional había despertado más lúcido que nunca. Y esta vez primaba más la realidad, que todo lo metafórico, romántico, idílico y onírico que se la pudiese antojar.


Ella en ningún momento tomó aquella decisión, no al menos tan trágica como se la había presentado, pero no podía negar haber dejado las migas de pan, para que la carga encontrase la chispa y se produjese aquel fatídico accidente de coincidencias que la llevó al punto en el cual se encontraba ahora.
Necesitaba tiempo, por una vez en su vida hubiese querido saber mecerse en las olas de la paciencia, para reorganizar aquel desastre de casa y armarios que se la presentaban.

Pero como era común en su agitada vida, tiempo, era lo menos que tenía. Comenzó tirando aquellos montones de ropa sobre la cama, observando cada una de las prendas hasta revivir las historias desde la tienda donde las compró, hasta el minuto exacto en la que quedó hecha un reguño sobre la cama. Dubitativa comenzó a vaciar armarios como si se tratase de su propia alma, mientras mascullaba entre dientes todo aquello que por una vez en su vida, iba y venía acorde con los sentimientos de su corazón.

Estaba claro, todo había terminado, ahora si que si, y lo único que quedaba era reorganizar de nuevo la existencia por muy efímera que la pareciese.

-¡Estoy hasta las narices! –la habían chillado la noche anterior –tú no eres su madre, tú tienes una vida que vivir, no puedes pasarte las horas midiendo tus pasos, ya no, ahora todo ha cambiado.

No sabía muy bien si fue el puñetazo en la mesa por parte de su amigo, o aquellos ojos verdes que se clavaron agresivos, mientras su interlocutor amenizaba con gritos y malos modos. No por un mal carácter, que sí, que también, sino por la necesidad de hacerla despertar de aquel ensoñamiento donde andaba desde hacía meses.
Fuese lo que fuese el caso es que funcionó, y aquella tarde se encontró a si misma desalojando su propia vida de todo el pasado, tiró, rompió, limpió, barrió, fregó y hasta quemó los recuerdos.
Todo era poco para limpiar aquel espacio que siempre había estado excesivamente lleno, y que ahora era la balda vacía con la que comenzar a llenarla de sueños, de sueños nuevos, privados y propios.

Nadie dijo que fuese fácil, y hasta las lágrimas se la caían de vez en cuando como torpedos por sus mejillas, pero al terminar observó la obra magna de su propio destino. Cajones suyos, mesillas suyas, ropa suya, sus zapatos, escritos, fotografías, su vida al fin y al cabo.
Se sintió liberada al abrir el armario y verse a si misma colgada de cada una de las perchas, aquellas prendas que la resultaban negativas terminaron en la basura. Podría haber hecho lo de siempre, una bolsa y al contenedor de recogida de ropa, pero pensó que nadie merecía vestir con tal negatividad, al fin y al cabo, la ropa se prendía de un cuerpo que al desprender energía hilaba las fibras con sentimientos, y algunas prendas estaban tan llenas de todo lo malo, que lo mejor, fue abrir ese enorme contenedor y despedirse de los recuerdos. Esperando que alguien más tarde, al caer la madrugada hiciese en una hoguera buena cuenta de ellos.

Al terminar pensó, que tampoco había sido tan difícil comenzar de nuevo.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Hogueras San Juan Playa San Gabriel, Junio 2008

19 jun. 2008

Sin ti, me muero.


Cuando Ansiedad se enamoró de Luz, en verdad no fue por su inteligencia, ni tan siquiera por su nobleza o por la forma en la que contaba estrellas. Cuando Ansiedad se enamoró de Luz, fue por la necesidad de sentirse dueño de ella, porque en verdad todo lo que dijo que admiraba era la envidia de no poseerlo.

Cuando Ansiedad conoció a Luz, está brillaba con magia propia, era capaz de reír durante horas, miraba el mundo desde el prisma de la complejidad imperfecta, moldeando los sueños a ras de suelo, convirtiéndolos en metas.
Y Ansiedad nunca tuvo amigos, porque él era la guadaña de todo lo bonito, aparecía como una legión de hormigas que poseían el cuerpo, primero lento, hasta crecer rápido y carcomer los adentros. Por eso todos se alejaban de Ansiedad, porque él en un principio que parecía calma, se volvía con el tiempo el peor de los demonios.

Pero ella, que era Luz, jamás pudo reconocer la verdad en sus ojos, los excusaba tristezas y siempre pensó que era capaz de pintar alegría en el rostro, olvidando que él siempre, fue Ansiedad.
Y aún así Luz llenó el vacío, compartió la vida reglando los segundos de su existencia para sacar a Ansiedad de las tinieblas, se creyó por un tiempo poseedora del cáliz de vida, pensó, siempre pensó, que ella era capaz de devolverle la sonrisa.

Y Ansiedad fingió la calma a su lado, porque sin Luz el mundo se volvía opaco, y las estrellas dejaban de escuchar su canto. Ansiedad se volvió todo lo que Luz quería, calma, amor y armonía. Luz olvidó la realidad, reconvirtió la piel en cielo para ayudarle a volar, se dejó los años escribiendo el futuro, creyendo ser la pareja del mundo.
¿Los vi feliz? Por un tiempo, porque Ansiedad siempre caía cuando Luz más brillaba, martilleando metas en la garganta.

-¿Cómo puedes ser tan feliz estando yo tan mal? –solía preguntar Ansiedad –ayúdame a sonreír, ayúdame a vivir, te necesito.

Aquella frase se volvió tabla se salvación para Ansiedad, y Luz al escucharle, siempre corría en su ayuda, olvidando por una vez quién era ella, dejando la personalidad en la maleta. Ansiedad siempre fue lo primero, él y sus ataques, él y sus llantos, él y sus disgustos, él y sus miedos a enfrentarse al mundo.

Para Luz nada importaba, inventaba mil ideas para verlo sonreír, dejó de salir, de ver a los amigos, de vestirse de noche, de hablar por miedo a defraudar a Ansiedad. Y cuanto más se apagaba Luz, más feliz era Ansiedad, porque al verla en el suelo junto a él era capaz de crecerse, de sentirse dueño y señor del presente.
Luz irremediablemente dejó de ser ella, y no recordaba muy bien quién fue antes de tener a Ansiedad, él por su parte, se encargó de borrar los recuerdos pasados.

-Nadie te va a querer como yo, nadie te va a comprender como yo, nadie te va a cuidar como yo, porque sin mí no eres nadie –decía Ansiedad y Luz, se lo creyó.

Por eso, por la manera en la que él montaba en cólera dejó de mirar al mundo, por no enfadarle, por verlo tranquilo, por estar a su lado, por retrasar los ataques agresivos que le iban dando. Luz calmada, Luz tranquila, Luz perdía su vida.

-Con lo mucho que te quiero y lo poco que me quieres, no puedo confiar en ti –repetía Ansiedad -¿estás con otro?, ¿has mirado a ese?, ¿ya no me quieres?

Y Luz callaba, y Luz dormía, y Luz se hundía en la melancolía.

-Sin ti me muero, sin ti no soy nada, contigo estoy en calma, ¿no ves que te necesito? –insistía Ansiedad.

Y Luz siempre creyó que el amar era eso, estar al lado de la persona hasta fundirse en lucero. Pero la noche se volvió tan oscura que Luz se olvidó de sus pasos, no caminaba por miedo a que el se quitase la vida, porque a su lado, la necesidad crecía.

-Te necesito, te necesito, te necesito, te necesito –repetía Ansiedad una y otra vez.

Y Luz pensó que el necesitar, era sinónimo de querer, por eso siguió a su lado, porque aunque el amor ya había marchado ella pensó que de alguna manera podría recuperarlo. Regaló el futuro a Ansiedad, para que lo moldease como él quisiera, pero para él nada era suficiente, tenía que ver a Luz hundida, para sentirse más fuerte.
Hasta aquella mañana, en la que Luz hundida quiso quitarse la vida, apuntó serena la cuchilla contra sus venas, mientras se repetía a si misma que aquello era lo mejor que podía hacer, si ella se iba Ansiedad volvería a ser él. Porque en verdad siempre pensó que la culpa era suya, que ella era quién no consiguió nunca ayudar a Ansiedad, que era incapaz de amar.

-Si te vas me muero, si te vas me mato, sin ti no soy nada, contigo la calma –seguía escuchando la voz de Ansiedad.

-¡BASTA! –se atrevió a gritar.

Fue entonces cuando todo comenzó a desmoronarse, si es que una vez hubo un algo que no fuese él y solo él. Porque el egoísmo de Ansiedad se basaba en eso, en destrozar la vida de Luz, creyendo quererla de nuevo, mentira, todo mentira, pero Luz comprendió.

-¿Si me amas por qué me dañas, si me amas por qué me pegas, si me amas por qué me dueles, si me amas por qué me anulas?, ¿si esto es amor, que es el odio? –se atrevió al fin Luz a preguntar.

Y Ansiedad tan solo pudo contestar.

-Estoy mal, pero estaré mejor, si te quedas a mi lado todo va a cambiar ya lo verás, lucharé, buscaré ayuda, te haré caso, no quiero que te vayas, te quiero, te necesito.

Luz marchó al mundo de donde provenía, porque no entendía como la necesidad de ella era comparable al amor, tan solo obsesión, tan solo dependencia, es en lo que se había convertido para Ansiedad.

-¿Sin mi te mueres?

-Sí, me muero.

-¿Sin mí no vives?

-No, sin ti nada tiene sentido.

-Entonces, ¿por qué no luchaste por mí cuando había motivos?

-Lo haré, te lo juro, perdóname, vuelve conmigo por favor, esta vez será diferente.

Y Luz perdonaba, y Luz luchaba, y Luz se alejaba y volvía a su lado, y Luz comprendía, y Luz se quedaba, y Luz se moría, y Luz no era nada….

Un día Trueno reapareció en su vida, y encontró a una Luz que no reconocía, ya no brillaba, ya ni siquiera hablaba, tan solo era el espectro de lo que un día fue, tan solo lo que Ansiedad quiso querer.

-¿Sin ti se muere? –preguntó Trueno.

-Eso dice.

-Y tú con él.

-Pero si me voy hará alguna locura, y aunque me vaya no me dejará vivir, seguirá llamando, buscándome, amenazándome, haciéndome pintadas frente a mi casa, llamando al timbre a las tantas de la madrugada, llorando, gritando, buscándome allá donde vaya… -respondió Luz entre lágrimas.

-¿Y con él?, dime, ¿podrás sonreír?, ¿podrás ser feliz? –insistía Trueno.

-Pero él dice que me quiere, solo que no nos llevamos bien, pero conseguiremos limar nuestras diferencias –se excusaba Luz –nadie va a quererme como él.

-¿Nadie va a quererte como él? –comenzó a decir Trueno –cuando yo estaba en tu vida sonreías, cuando yo estaba en tu vida bailabas, cuando yo estaba en tu vida disfrutabas, cuando yo estaba en tu vida llorabas de felicidad, y yo siempre te quise. ¿Es el amor necesidad?

-¿No me necesitabas? –preguntó Luz.

-No, podía vivir sin ti, pero vivía mejor contigo.

Luz simplemente se armó de brillo de nuevo, Luz simplemente se volvió magia como antaño, Luz volvió a ser ella.
Ansiedad gritó, lloró, amenazó con suicidarse, pegó, llamó, insistió, revolvió, dañó, pero siguió vivo, sin Luz.

Y Luz después mucho tiempo aprendió que el amor no quita sino que da, que el amor te envuelve pero sin asfixias, que el amor regala sonrisas y no lágrimas, que el amor te llena, no te vacía, que el amor no es ser necesitado, sino querer serlo, quererse sin robarse el espacio.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Pedro Bernardo, C/Desemparados, Ávila 2007

17 jun. 2008

Tan solo...de él.


Ha estado nerviosa toda la mañana, hasta que el zumo ha temblado entre sus labios derramándose por su garganta, envolviéndola de frescor y de ansias que apaga en cada calada del cigarrillo. Apura los segundos para atrapar el aliento del tabaco mientras piensa en el reloj del fondo, se hace tarde, tan tarde que termina ignorando las prisas internas y se vuelve compás de un corazón pequeño, inundado de miedos y dudas, pero sobretodo de sueños.

Se ha sentado en aquel banco esperando un encuentro, mientras los trenes van y pasan al compás de una musicalidad pegadiza a las hojas de la página de un libro, intenta centrarse en la lectura. Pero cada vez que se acerca por el rabillo del ojo un desconocido tiembla, como una hoja que espera el soplido gélido del invierno, estremeciéndose en el calor de la primavera que vive.

Ha sonado el móvil sin previo aviso y ella ha pensado que se retrasaría, pero las piernas dejan de sentir y el corazón bombea, deja el libro en la bolsa y se dirige suspirante a la entrada de la estación. Mientras, piensa, porque es lo único que la queda cuando el encuentro es inmediato, y sus ojos buscan aletargados por el vicioso aire interno de pensamientos que corretean con ansias por su cabeza. Ella tiembla, solo tiembla, hasta que se la antoja su figura de espaldas.

En esos momentos se ha parado escondiéndose tras el muro, observando al desconocido de paso seguro, no la ha visto, se arma de fuerzas y se dirige hacía su espalda, la gustaría tapar sus ojos con las manos y simplemente susurrarle.

-¿Pide un deseo?

Pero la costaría tener que arrebatarle las gafas y dejarlas caer al suelo por los nervios, así que tan solo se deja llevar por un impulso de infantilidad quitándole las ataduras del cabello. Porque así es como lo quiere, libre, tan libre que sería capaz de dotarlo de alas y decirle.

-¿Vuelas conmigo?

Y seguramente lo harían, en una realidad onírica que ambos han creado, en ese umbral donde los besos saben a palabras soñadas y los gestos son vagos emoticonos tras la pantalla. Ha sentido su pelo resbalarse entre los menudos dedos que porta, pianista de lo efímero lo mira de reojo, sin poder aguantar la sonrisa que se escabulle entre la risa del primer segundo, lo abraza y lo esquiva, la abraza y se siente esquivado.

-¿Y mi abrazo? –ha preguntado él.

-¡Si te lo he dado!

Porque en parte es cierto, quería abrazarlo y a la vez la daba miedo, por si el sentía que ella es un tanto etérea, o quizás por ese miedo a que no la reconociera en piel al imaginarla en tinta. Ha tenido dudas al tocarle, porque es tan real que la da miedo desmoronarse, despertarse del sueño que al fin y al cabo vive y siente.

Se han perdido las horas en aquella mesa donde antes ella ha esperado, él no lo sabe y ella tan solo habla y sonríe. Pero es como si el tiempo no hubiese pasado, porque en verdad siempre lo tuvo presente, en sus sueños, y a cada gesto lo reconoce de nuevo y en cada palabra lo encuentra.

-Siempre te he querido, ¿lo sabes? –pregunta en silencio.

Y el solo responde que las entradas y salidas de Barcelona son complicadas, que si la velocidad y las horas.

-Horas, días, meses, años…es lo que llevo esperándote –piensa ella, pero no dice nada.

Caminan cerca, mientras ella lo busca y lo abraza en pensamiento y mantiene la distancia prudente de una amistad que se torna en amor. Se ha sentido extraña al penetrar a través de esa puerta, y la cama la parece tan solo un motivo, quizás la excusa para toparse con la realidad certera de que la tienen, que en verdad es de él, que así lo siente.

Juega a abrir balcones al mar, mientras se pelea con la manivela real que la impide salir a respirar, necesita aire, pero la es imposible abrir la puerta que encierra dos corazones latiendo cerca, tan cerca. Al final se escapa como el viento hasta asomarse desde el sexto piso de aquel hotel, observar la caída y pensar.

-En el fondo esto es como el amor, te lanzas sin más, pero esta vez no quiero aterrizar.

Siente su presencia tras de si, no se vuelve, no quiere hacerlo, porque las pautas ahora las marca él y el jeroglífico de gestos se la hace complicado y a la vez, tan sumamente difícil que lo vuelve extraño. Ha vibrado con su calor un instante, sintiendo el roce de su pelo en las milésimas de los centímetros, hasta que gira la cara y lo observa risueña, el viento se extiende a lo lejos, el mar fluye en el aire, la sal se la pega en el cuerpo y él simplemente la atrae hacía su ser.

Se funden, simple y llanamente se derrite contra sus labios, y todo lo que pudo imaginar se desmorona, hasta la idea del beso primero se la hace estúpida, porque en verdad es como un reencuentro con sus labios, nada más que eso, volver a besarlos.
Queda atrapada entre sus manos, y ya no quiere parar, ni ahora ni nunca, tan solo seguir ligada a su boca, un poco más, tan solo unos siglos más….

La ha mordido el corazón y la sensación la gusta, quizás no quiera recuperarse de esa herida, tan solo seguir sintiéndole día tras día, hasta en la distancia misma sigue siendo de él, tan solo, de él.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Sagunto, Valencia Junio2008

16 jun. 2008

Vacío


Hoy podría arroparme en los recuerdos para no sentir este frío que hiela el alma, hace congelarse las lágrimas y fluir la necesidad de las palabras.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Granada Camping Junio 2008.

¿Me conoces? Dueles


Nuevamente te has vestido con la sabiduría que tú crees absoluta, incapaz de mirar en lo profundo de los ojos que te observan, porque aunque te hablen estas ciega, tan ciega que te es imposible determinar los pensamientos que corren veloces por esa cabeza.

Ante ti soy la marioneta que creas, porque te es más fácil detenerte en la muralla de ti misma que derruir los muros que has construido con el pasar de los años. ¿Me conoces?, ¿hasta que punto? Me pregunto en esos momentos en los que la conversación se vuelve inútil en nuestras bocas, y a ti te es imposible robarme la sonrisa que piensas debería pintar mi rostro.

Imposible, no quieres ver lo que escondo, porque el abrir la puerta significaría para ti aceptar que aún hay partes de mi estructura que te ha sido imposible describir. Y yo espero, y hablo, y hasta grito a pleno pulmón intentando explicarme, pero te has cubierto los ojos con la venda del no querer ver más, y mis conversaciones tan solo son jeroglíficos para tus oídos.

Es entonces cuando me siento tan vulnerable y pequeña que eres capaz de destrozarme con una de tus irónicas respuestas. Por eso me escabullo en la agresividad de lo incierto, para alejarte de mi ser, porque en el fondo siempre supe que tú, no me querías ver. Te es más fácil suponer que describir, el no mirar, el no oír. Consigues destruir todo lo bello que hay en mí, hasta volverme niña indefensa en soledad, por eso huyo, para que no me veas llorar.

Me he encerrado nuevamente en la constelación imaginaria de mi propio mundo, porque a menudo dueles, y desgarras y hieres. Haces tanto daño que consigues convertirme en ingenuidad infantil, en esa niña que se esconde para no sufrir.

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Sierra de Huetor, Granada junio2008

12 jun. 2008

Decoradora de lo viejo


Se aferró con ambas manos a la baranda de forja que formaba la puerta, el oxido parecía hacer mella en la cerradura, y al apostarse contra ella sintió el escalofrío de la vejez temblar bajo su cuerpo. Se asomó tras los barrotes con inquietud y espera, boquiabierta ahogó el silencio en la sorpresa. Tan solo pudo caminar pro aquella senda con la imaginación, atravesar el laberinto de hojas secas, madreselva y tupida boscosidad de olvido.

No escuchó las voces tras de si, ni el replicar de la llamada, tan solo quedó absorbida su mente por aquella inquietante imaginación que despertaba ante los candados y puertas viejas. Siempre la gustó apostarse en el umbral de aquellos lugares cargados de misterio, los reconstruía en su mente, los dotaba de vida, imaginaba un hábitat en si misma, se hacía dueña de todas las casas antiguas.

Por eso siempre caminaba mirando a los cielos, para encontrar en céntricas ciudades olvidados áticos moribundos, pararse en la calle y redecorarlos en segundos. Pero aquella casa era diferente, atrapó no solo su latente imaginación, sino que la robó el corazón en milésimas de segundos, a un pestañeo y la quiso para si, aún ha sabiendas de que esto era imposible.

Hoy, tras un largo día de llamadas, papeleos, compras y realidades contra reloj, se ha quedado sentada, observando el recuerdo de aquella vieja mansión. Piensa, que no importa cuanto tarde, sabe de antemano que conseguirá algo así, pero aún debe encontrar su sitio, echar raíces nunca la resultó algo fácil y el mundo sigue siendo demasiado grande….

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Granada 2008

11 jun. 2008

Niña de sueño a ras de suelo


Ha quedado recluida en el pensamiento impuro de volar a ras de suelo, quizás por la necesidad de ver el mundo como aquellos. Se ha planteado la posibilidad de descender hasta sentir la hojarasca bajo sus pies desnudos, dejarse llevar por el trotar del mundo lejos de lo místico. Encadenarse a la realidad de la metafísica humana, dejar de volar unos segundos hasta posarse en la incorregible severidad mundana.

Lo ha intentado, ha plegado las alas hasta volverse humana, intentando saborear el aire de la vida como tantos otros. No perderse en frágiles sueños capaces de hacerla perder la locura, atraparla en la más absoluta y fría cordura. Lo ha conseguido, por dos milésimas de espacio se ha sentido parte de todo, pero a la vez fuera de nada.

Se la ha colapsado la mente, y aunque abiertos se han cerrado los párpados al mundo. No quiere una torre de cristal, pero vive bien hilando sueños. Racheando el viento del quizás y el puede que, olvidando que en verdad es tan débil que una mínima red podría atraparla. Pero es que ella consigue atravesar las maderas carcomidas de la insensatez presente, no sabe como, porque en verdad ella es tan frágil.

Simplemente se sostiene en lo que es, sabiendo que las alas pueden rasgarse contra los clavos de la fingida seguridad. Tan solo sabe que puede y nada más, tan solo se la antoja volar. Por eso ha levantado el peso de su propio cuerpo hasta quedar por encima de sereno suelo, porque en verdad necesita vivir entre las ramas del viento, mirar todo desde el prisma de los sueños.

Sí, porque ella nació del sueño, y así quiere seguir siendo…

Iraunsugue Eternia.
Fotografía-Sierra de Huetor, Granada junio 2008.

9 jun. 2008

Arual y su amor de Kefir


Arual podía nombrar varias formas de destruir el mundo, lo había visto en las películas, aunque estas por lo general, cuando se hablaba de catástrofes mundiales y chicos guapos americanos que salvaban a la humanidad no eran de su agrado. Prefería las “paranoicas”, como ella solía llamarlas. Aquellas que surgían de unas vivencias escalofriantes, de un alma buscadora, de un guionista con traumas infantiles que se recreaba montando puzzles de recuerdos, de sueños y anécdotas vividas en su recorrido de escritor frustrado y visionario fuera de época.

Las historias de amor turbulentas eran lo suyo, aquellas en las que dos personas están destinadas y luchan contra su propio destino. Como en un intento de no enamorarse por los miedos y la frustración a que este sentimiento se trunque en odio, rabia, melancolía, y terminar viendo pasar los años recordando a esa persona que se cruzo un día por tu camino, y a la que inevitablemente te es imposible olvidar.

La gustaba aquellas en que ambos intentaban no mostrar los sentimientos, en las que todo se escondía bajo los silencios, y ambos podían leer lo que los labios callaban en la mirada del otro.
Se emocionaba cuando el desenlace parecía claro, él se dejaba llevar por su afán de no comprometerse, y ella por el de no perder el corazón en esta extraña jugada de egos y demonios. La gustaba cuando el guión parecía desmoronarse e inimaginablemente terminaban juntos, por que así debía de ser, por que ese era su destino.

Cuando sacaba el DVD con máximo cuidado solía quedarse mirando aquellas líneas que tan solo se percibían a contraluz, como si de un viejo truco de magia se tratase. Esos surcos eran como las que cortaban sus manos desde el día de su nacimiento, las miraba una y otra vez, intentando adelantar que la deparaba el destino, pero sobretodo, como y de que manera, conocería al hombre de su vida.

Al acostarse solía recrearse en aquellas imágenes, pero sobretodo, y lo que más la gustaba, eran esas conversaciones entre dos personas que no parecen decir nada concreto. Y que en verdad, mediante juegos de palabras se lo dicen todo, jeroglíficos de amantes, solía llamarlos. La gustaban los hombres inteligentes que sabían encontrar la sabia de las palabras, no quedarse con lo que Arual decía, si no sumergirse en ese mundo interno hasta encontrar la clave, la llave, y abrir la puerta de los sentimientos. Pero esto era difícil, y la mayoría solía mirarla como no comprendiendo, a sabiendas de que algo más quería decir con ciertas insinuaciones, pero sin llegar a entenderla del todo.

Se había acostumbrado a escuchar la misma historia de siempre: “eres demasiado complicada, nunca consigo llegar a conocerte del todo, eres una caja de sorpresas”. Y era cierto, por que así era ella. Como el maletín de Mery Popins, nunca sabían que podía sacar Arual de allí, podían pasar años, y nunca se la llegaba a conocer del todo. Pero eso la gustaba, lo consideraba una de sus virtudes, ser una pequeña caja de sorpresas, al menos, nunca se aburrirían con ella.

Era por eso que normalmente era ella la que decía adiós a las relaciones, por que no la gustaban los hombres dependientes, esos que dejan de irse con los amigos cuando comienzan una relación, a ella, la gustaba hecharles de menos. La seguridad en si mismos era importante, por que ella era una persona voluble y un día podía estar en la cima y otro en los infiernos, y necesitaba un hombre que supiese mantenerse en plano medio, y no se asustase cuando ella limpiaba sus lágrimas y le proponía ir a correr aventuras.
Soñaba con que algún día ella también encontraría otra caja de sorpresas, una a la que unirse y crear un pequeño circo, donde nunca se sabe que número viene ahora, ni si saldrán leones o payasos. La risa, el positivismo, la armonía entre las voces para Arual era importante, por que si no podía reírse a su lado, el aburrimiento llegaría antes, y con él, la necesidad de cortar la cuerda y mecerse libre.

Tras romper una relación Arual escribía en un papel algo que la gustaría formase parte de la personalidad del hombre de su vida, lo guardaba en una bolsita roja con un corazón y su nombre bordado, el de él, ya lo bordaría el día que lo encontrase. Y si no lo encontraba, no pasaba nada, llegaría a la conclusión de que los hombres tenían razón, y ella había venido de otro planeta, el cual por supuesto no era Venus.

Arual nunca quiso al hombre perfecto, ni de niña la gustaron los cuantos de príncipes azules, lo que a Arual la gustaba eran los valientes guerreros que no se dejaban conquistar por cualquiera. Pero lo que aún no tenía claro, era si en el fondo ella misma se veía como esos guerreros, o como la chica de mirada hipnótica que conseguía hechizarlos y hacerles perder al cabeza.

El problema surgía cuando Arual soñaba, y no despierta como acostumbraba, sino cuando sueños premonitorios venían acosándola en las horas nocturnas, siempre antes de conocer un amor. Arual soñaba donde le encontraría, de que forma y lo que sentiría, a las pocas semanas, el chico en cuestión aparecía. Esto era un dato a su favor, siempre jugaba con ventaja, ¿dónde estaba el problema?, a las pocas semanas de comenzar a tener ese sentimiento romántico los sueños volvían, y la susurraban la forma en la que terminaría aquella relación. Empezar una historia de amor sabiendo la fecha de caducidad era todo un problema, ¿como explicarles que no podía enamorarse?, que sabía el día exacto en que aquello terminaría.

Siempre había sido así, y era por esto que confiaba ciegamente en aquellas visiones, creía a pies juntillas de que el día que se topase con el hombre de su vida, los sueños se lo revelarían.
La duda comenzó a surgirla una noche, cuando expectante se dio cuenta de que con este hombre no había soñado su llegada, ni mucho menos con su final. Esperaba ansiosa que se la revelase al caer sus ojos y dejarse mecer por Morfeo, le veía, le acariciaba, le tocaba, pero nunca conseguía ver el final, eso comenzó a asustarla.

Revisó el libro que cuidadosamente había ido escribiendo durante tantos años, al principio las notas aparecían bajo la letra de una niña de seis años, lentamente se habían convertidos en pulgas bien lustradas bajo la mano de una futura escritora. Sueño tras sueño, todos los que había ido teniendo en su vida se recogían allí, en aquel cuaderno.

-En verdad, puede que si le haya soñado antes.

Se dijo a si misma, al darse cuenta de que aún no había conocido aquel misterioso hombre de sus sueños de niña. La idea de no controlar la situación la hacía sentirse vulnerable, hasta ahora ella había tejido aquella bufanda de principio a fin, y ahora, debía compartir las agujas. No es que la importase, quizás podría ser una bonita forma de comenzar una relación, sin saber cuando llegaría su final.
Arual estaba harta de escuchar aquellas frases: “el hombre de tus sueños no existe, exiges demasiado, nadie va entenderte nunca como sigas así..” Ya no las oía, por que en el fondo, sabía de antemano que llevaban toda la razón, era demasiado exigente. Por que los hombres no podían entender que ella no quería que la regalasen rosas el día se los enamorados, si no cualquier otro día, uno que surgiese, por que para ella los regalos nacían del corazón, no de un día predestinado por los centros comerciales.

Tampoco llegaban a comprender su afán por dejarlos libres: “pídeme que no me vaya a ver el fútbol y me quede contigo”, la solían decir, pero ella era una amante posesiva de su propia soledad, y la gustaba que ellos lo fuesen, que se tomasen esos espacios de tiempo para si mismos. Arual necesitaba estar en silencio con su alma, recrearse en un buen baño de espuma, escribir a solas, o simplemente, no hacer nada.

No la gustaban esas relaciones donde todo se basa en lo que los demás dice deben basarse, no la gustaba que quisieran tener con ella una “relación convencional” Arual quería una de esas historias de amor turbulentas, una de esas en las que se ama con el alma, y sobretodo, que la quisieran y la aceptasen como ella era, para poder hacer lo mismo.

La gustaban los hombres “raros”, esos que tenían manías que nadie comprendía, la gustaba las arruguitas que se les hacia a algunos en la frente, denotaba que era una persona pensativa, reflexiva, y sobretodo que le gustaba escuchar, por que ella, era igual.
Odiaba que la dieran la razón, necesitaba una persona que no estuviese de acuerdo en todo, que tuviese su propio criterio y visión de las cosas. Por que era buena para debatir y rebatir, y si no podía hacerlo con su pareja, si en todo estaban de acuerdo, la chispa comenzaría a consumirse por momentos.

Para ella el amor no tenía fecha de caducidad, podía reinventarse constantemente poniéndole mucha pasión e imaginación al asunto, y no solo en la cama, si no en los pequeños detalles de la vida.
A veces observaba aquella bolsita roja del corazón, y pensaba que en ella se encontraba todo lo perfectamente imperfecto que podía ser el amor, como a ella la gustaría que fuese, pequeña probeta de frases perdidas: luchador, guerrero, trabajador, risueño, alegre, divertido, serio, cariñoso, romántico sin llegar a ser pastoso, maniático, ordenado, sorprendente, aventurero, amante de la naturaleza, del arte, un poco loco....él, y solo él.

Con los años había llegado a la conclusión que tenía una posibilidad entre 99 de encontrarse con un hombre así. Por que lo que quería era difícil, alguien que fuese como ella, pero a la vez, la complementase en todo lo que la faltaba, no la gustaban los hombres espejos, ni los clones, ni los normales, ni los niños malos, ni los niños buenos...

Arual sabía que lo tenia difícil, encontrar un ser humano tan imperfecto como ella no era tarea fácil, que fuese de distinto sexo casi imposible. Había barajado la posibilidad de que si se topaba con él, si los planetas, los dioses, y el mundo se ponían de acuerdo y cruzaban ambos caminos, él podía no ver en ella a la mujer de su vida, puede que ni siquiera se enamorase de alguien tan sumamente extraño como ella, ¿Qué ocurriría entonces?......
Pero Arual siempre había sido positiva, así que aprendió a que si por una casualidad el destino había querido poner a ese hombre en su vida, sería ella misma, y si así no le enamoraba y ella terminaba suspirando versos de amor por las esquinas. Escribiría el guión de esa película con un final devastador, el de un adiós nunca soñado, aún así, Arual creía en el poder de la atracción. De las almas que se encuentran, en que el amor no es un yogur con fecha de caducidad, si no que su amor, él, debía ser como el kefir. Que en realidad era una bacteria, pero si le añadías leche cada día y lo dejabas a remojo, a la mañana siguiente tendrías un buen preparado que alimentaba el cuerpo, y en consecuencia el espíritu. El kefir siempre estaba vivo, podías congelarlo durante meses, cortarlo, secarlo, pero cuando tocaba la leche, volvía a expandirse, a ser el mismo, a convertir en el yogur perfecto para la leche, a ser un amor de película, de esos que no se olvidan, por que se viven noche y día.

Arual nunca perdería la esperanza, en algún lugar, en alguna parte, habría un hombre de kefir, esperando a encontrar la leche perfecta para preparar el yogur. Tan solo, debía confiar y esperarle, tan solo eso, hasta que sus caminos se cruzasen.

Iraunsugue Eternia

Fotografía de Internet

La jodia cisterna


Desde pequeña mi madre me ha educado para ser una persona independiente, saber valerme por mi misma en un mundo hostil a veces, gratificante otras. Pero sobretodo a mi madre lo que siempre la importó, es inculcarme esa manía suya de “saber hacerlo todo”. Desde un pastel de cinco pisos, hasta cambiar un enchufe.

Claro que, con lo que nunca contó, es con que su hija saliese artísticamente contraria a todas las chapuzas caseras.

Ella disfruta llenando el carro de la compra en esos grandes almacenes, donde venden de todo para hacértelo tu mismo. Esta vez era la cisterna de mi cuarto de baño, debido a un desamor de la vejez, había decidido llorar a mares durante todo el día. Intenté durante dos meses consolarla cerrándola el caudal cada vez que se llenaba. Pero tras la llamada inesperada de mi prima avisando que vendría con bártulos y niña incluida, decidí que debía dar santo sepulcro a mi vieja cisterna y embellecer el baño con una más joven y dicharachera. Sobretodo porque la factura de agua me costó un soponcio y rebuscarme los últimos céntimos del bolsillo.

A las 18:05h de esta tarde me encontraba ante el nacimiento de mi nueva cisterna, tan plateada ella, con ese fácil mecanismo que podría montarlo hasta un niño y por supuesto las esperanzadoras instrucciones advirtiéndome que, en diez minutos tendría a mi nueva compañera de baño.

-Bah, ¡esto está chupao!! –pienso estúpida de mi.

Miro el papelito diez veces, abro las bolsitas, rebusco por si se me ha caído una pieza, nada, todo bien, listo, manos a la obra. Comienzo a montar el bichejo metálico encajando las partes de plástico, aquí cada una parece de una madre y un padre, aún así las “arrejunto” y parecen llevarse endiabladamente mal. No hay un dios que haga encajar la dichosa rosca en el turulo correspondiente.

-Sssssh tranquila, mira las instrucciones –pienso, y el reloj porque los diez minutos se han convertido en veinte, mientras yo me afanaba por entender el jeroglífico de planos.

Doy media vuelta, las hablo, termino gritándolas para mis adentros, me calmo, vuelvo a intentarlo de nuevo. Sigo mirando las instrucciones, aaaa todo perfecto.
Entonces, ¿por qué puñetas no funciona? Antes al menos tiraba agua, ahora ni eso, se ha quedado muda del todo.
Pillo la sierra, corto aquí, casi me arranco un dedo de allá, ¡coñe para un día que me pinto las uñas! El rojo pasión termina descascarillado, la cisterna volando por las aires y mi madre desde la puerta con destornillador en mano.

-¿Ya está? Ves como era fácil.

¿Fácil? ¡Ja! Si aún ni he comenzado. Corto, monto, desmonto, miro, remiro, me pongo de los nervios, me calmo, me muerdo las ganas de mandar la cisterna a la porra, sigo, aaa por fin, ¡que mona!
Me quiero a mi misma durante dos segundos, hasta que mi querida madre aprieta el interruptor ese y tachán…no va. ¿Cómo que no va?......

Salgo disparada hacía la otra punta de la casa, cojo el inalámbrico y vuelvo al cuarto de baño. ¿Dónde estaba la maldita bolsa? ¡Ah aquí!, marcó sin pensármelo dos veces y al otro lado del teléfono contesta una voz varonil con un acento peculiar.

-Esto, em jejeje ¿Toni?

-………..

-Jejeje, si, ¿no te importa?

-………..

-Vale estupendo, pues mañana a las dos te espero en casa.

Cuelgo y suspiro, mientras observo con furia el artilugio endemoniado que me observa desde el suelo.

-Hay que cambiar los alógenos de la cocina –me dice mi madre.

Resoplo enfadada mientras me imagino la odisea que debe ser el cambiar las lucecitas del techo, ¡ni en broma! Pídeme que te haga un pastel, un guiso, la comida más elaborada, que te escriba un poema, un guión, una novela, que te decore la casa, t prepare un viaje de ensueño, que te plante un jardín, que te acompañe a elegir la ropa perfecta para esa ocasión especial, que te escuche, que te psicoanalice, ¡pero por favor!, que nadie me pida que arregle nada de la casa, o será mi ruina, y la suya.

Porque al final, después de comprar la maldita cisterna, me toca llamar como siempre al turco de la ferretería y pedirle amablemente que me cambie esto u aquello….en fin, que le vamos a hacer, iré preparando el monedero.

Y digo yo, si mi chico que es un manitas para estas cosas, y encima me arregla el ordenador desde su casa vía internet, ¿no podría cambiarme la cisterna del mismo modo? Total, según las instrucciones solo son 10 minutos…. Intentaré recordarlo para nuestras conversaciones nocturnas.

Iraunsugue Eternia

8 jun. 2008

Aquello que se apodera de ella


“Debería aprender a subir ese peldaño” se dice así misma en esos momentos. Pero la resulta altamente complicado hacer desvanecer aquello que ha crecido dentro en cuestión de segundos.
Se ha enroscado en su corazón como una enredadera que chupa su sabía hasta dejarla casi sin aliento. Lo siente, y lo peor de todo es que no encuentra las tijeras para podar aquello…

Sabe su nombre, pero solo la idea de nombrarlo…ya…la da miedo.

No quiere pensar, no sentir, aunque comienza a consumirla y apoderarse de sus entrañas. El mal la puede, el mal la llama. Ha surgido sin previo aviso, despertando a los demonios de la inquietud alados de rabia, la hubiese gustado preguntar en voz alta y acallar aquella voz. Se ha sentido presa, para inmediatamente vestirse de loba que acecha palabras, y aunque no debiera la ha dolido.

Por eso sangra, y el veneno se vuelve ganas de arrancar explicaciones válidas. Sabe de antemano que todo es mentira, sonrisas falsas, o no, y eso es lo que la manda ahora. Porque más tarde sabe la fallará la confianza, quizás en si misma.
Ha intentando desvincular ese pensamiento de su mente, pero no puede, aquello es parte de ella, no se avergüenza, lo dice, lo reconoce, y aún así lo esconde.

Bulle en su interior y a cada paso de sus ojos lo siente más fuerte. No hay remedio para ese virus, es demasiado potente y tarde o temprano, terminará por consumirla….

Lo conoce y aún así, lo esconde.

Iraunsugue Eternia

Naturaleza


No sabe explicar aquella sensación que se apodera breve en los latidos inoportunos del amanecer de las cosas. Simplemente se hace dueño el sentir comenzando a crecer en el palpitar constante que da vida, corre deprisa burbujeando entre las venas que siguen el forcejeo de los músculos por llegar allí.
Se vuelve victima de la brisa que llena los pulmones limpiando los residuos tóxicos del metal, y el sol compañero del fatigar nublado crea el ambiente cálido donde dejarse llevar.

Aspira, respira, suspira.

Es parte de todo, de la energía que corre bajo su cuerpo veloz para hacerla vibrar en conexión con el ánima mundi, que se contonea entre la esperanza que mulle el colchón de las horas.
Serpentean los aromas batiendo las alas sobre su cabeza, la llena la musicalidad de la brisa, el canto de los árboles al rozar el cielo, los insectos que corretean entre sus dedos desnudos de agobios.

Suspira, siente, se emociona.

Se deja llevar por el equilibrio que puntillean las hojas contra su pelo. Cierra los ojos para volverse brizna, mecerse en los placeres primaverales y estremecerse bajo el gélido aliento de la montaña.
Se duerme en la baga sensación de melancolía que prende hilos esmeraldas de la niñez, se hace margarita deshojada mientras cubre sus pensamientos de tranquilidad, metamorfosis a anfibio lejano, vuelo de águila y parte del campo.

Rosa al fin y al cabo.

Iraunsugue Eternia

6 jun. 2008

Defecto uno


Opino que ella a veces habla más de la cuenta. Porque siempre ha sido un terremoto de sentimientos y aunque su parte lógica intenta controlar el fuego que nace dentro, tarde o temprano se deja llevar por la corriente de emociones.
Las moldea durante días, quizás años, hasta que entra en erupción ese corazón volcánico, entonces ya nadie puede pararla, ella simplemente habla. Sale la lava de las lágrimas ardientes, quema su voz a quién está presente…y luego…más tarde, ella se arrepiente.

No aprendió a fingir el frío, ni saber la compostura de ese fino hilo que mantiene la locura y la lógica en su sitio, ella las hermana. Hasta caer presa de su propia palabra, se hace un mutis en el desván de las respuestas. Y lo que antes fuese una selva de emociones inquietas ahora se vuelve desierto de dudas expectantes, preguntas que no formula porque bien sabe no tendrán respuestas.

No está triste, no melancólica, tan solo se ha quedado sin saber muy bien que decir u hacer, nuevamente ella siente demasiado, más que el resto. Y ese vuelve a ser nuevamente su defecto, el no saber moderar los sentimientos.
Ella o lo da todo o no da nada, el equilibrio se la vuelve extraña palabra entre sus labios. No lo encuentra, no cree en ello,
ella simplemente,
es un volcán de sentimientos.

Demasiadas preguntas no formuladas, demasiadas respuestas nunca dichas.

Iraunsugue Eternia

5 jun. 2008

De Musa a Eternia

He traspasado el umbral de los sueños para estar contigo,
rendirme en la fatiga de este amor idílico.
Y sin ti la noche se me antoja efímera,
y sin ti niña soy lágrima sin vida.

He buscado en el reducto ecuánime de las palabras dichas,
del amor que callas, de los versos que tú, dulce niña suspiras.
Y sin ti la vida no es más que un paso,
y sin ti la pluma deja de ser pájaro.

He montado sobra las alas de la desdicha,
desplegado por ti, poemas en las ventisca.
Y sin ti todo se me vuelve amargo,
y sin ti el camino tan solo es opaco.

He dormido en la pena del vacío eterno,
ahogado angustias en tus avernos.
Y sin ti el sol no es de mañana,
y sin ti las lluvias no son más que espadas.

He resurgido contigo de las tinieblas,
he sido luz en tus ojos, Hada Eternia.
Y sin ti mi voz no es más que el último aliento,
Y sin tu pluma niña, no soy mas que un sueño.

Iraunsugue Eternia

Ilustración por Diegotxe Montesinos para la novela "Y tu luz en mis tinieblas" copyrigth 2007.

Maite Zaitut

No importa cuanto tenga que pasar,
si al final una comprende que lo importante
no fueron las caídas con sus desamores y fracasos,
sino lo que aprendió a cada paso en falso.
Que lo que realmente cuenta no es ser el primer amor,
sino el último en la vida de una persona.

Iraunsugue Eternia
....................................................................
MAGO DE OZ-MAITE ZAITUT
Quiero ser tu piel en el invierno
para que el frío en ti no pueda entrar.
Quiero ser la luz en tu camino,
sol en la noche, agua dulce en el mar,
ser la puerta que nunca deje pasar
al largo silencio y a la soledad.
Ser distintos cuerpos con un mismo fin,
ser, cariño mío, ser yo en ti.
Y si he de romper cadenas
que me aten a la costumbre, yo las partiré,
y si he de mover montañas que en mi mente
no me dejen verte, mi amor, las moveré.
Pongo por testigo a dios que no te fallaré,
yo seré consejo, nena, pero no tu juez.
El tiempo me enseñó que el alimento del amor
es la confianza, el respeto y un colchón.

4 jun. 2008

Susurros en el silencio

Ha aprendido a volverse cálida entre sus brazos, mientras acaricia con sueños el sentir de su piel, y lame las horas que pasa con él. Como si fuese el último reducto seguro donde puede esconderse se hace parte de su cuerpo. Lo atraviesa con besos fugaces que se tornan tranquilos contra sus labios, despacio, muy despacio, reinventa las caricias sobre su pecho desnudo, mientras baja sinuosa la lengua hasta marcar su ombligo. Entonces asciende de nuevo y lo besa en el cuello, dejando que por unos segundos el sienta el ardor de su boca, muerde despacio, con un toque de cariño que ensalza el suspiro que a él se le escapa.

Él silencioso, ella nunca calla, necesita hacerse dueña de las palabras para así reinar en sus pensamientos. Él en cambio es espía de las emociones que se cuela tímido entre sus ropas, hasta acaparar un corazón que late por él, solo por él. Y ella podría derretirse en esa mirada esmeralda, ahogarse en aquellas dos charcas que tanto la recuerdan a su niñez. Pero en sus brazos deja de ser niña para volverse apasionada mujer.
Por eso susurra versos en su oído, mientras recorre el precipicio del pudor con la yema de sus dedos, para hacerle estremecer en silencio, y él queda quieto, como si de un bloque de hielo se tratase, bloque de hielo que comienza a descongelarse.

Se desata el nudo de la timidez para volverse vacío, que él llena espontáneo con manos expertas, trazando con su lengua el camino hacía su sexo. Le siente dentro y deja escapar un audible gemido que a él se le antoja un suspiro. Ella miente, él calla, ambos sonríen cómplices entre las sábanas.

Y ella pregunta:

-¿Qué estas haciendo?

Y él se limita a responder con la sensualidad contagiosa en su voz.

-¿Yo?, nada, ¿y tú?

Ella, simplemente suspira de nuevo.

Iraunsugue Eternia

3 jun. 2008

La colilla


Cual efímera vida la de un cigarrillo, colilla destinada a terminar tirada en algún rincón de una ciudad, de un parque, o en lo mas hondo del maloliente cubo de la basura.
Le absorbes la vida, poco a poco, casi sin darte cuenta, calada a calada, humo que baja por tus entrañas. Que deposita suciedad en tus pulmones, que llena tu cuerpo de oscuro alquitrán, que te mata, poco a poco, casi, sin darte cuenta. Pero un día sientes que te falta el aire, que las cuestas son más empinadas cuando sostienes aquel cigarrillo entre tus dedos, cuando tus labios dan esos fatídicos besos, muerte y sufrimiento. Por que aunque no lo sientas, es cierto, y lo sabes, y sigues con ello. Por que es como un juego, y él, destinado a morir entre tus dedos, recordado después, quizás guardado en algún cajón con los secretos, porque te acompaña en los malos y buenos momentos, porque con él, vives amores y llantos y penas, pero al final, ¿qué queda?

No somos tan distintos a ellos, por que también nacemos de las caricias, del amor de unas manos que nos lían, y al igual que el buen tabaco, somos seleccionados bajo el microscopio de otros cuerpos, de aquellos, que nos dan el toque final para ser tan perfectos, tan únicos y a la vez tan iguales entre nosotros.
Cajetilla precintada esperando vernos nacer, que unas manos quiten aquel envoltorio de plástico y papel, de sangre y carne, de flujo y esperanza. Manos expertas que nos sacan, que nos dejan ver la luz, que nos sostienen entre sus manos, igual que al tabaco, esperando a sentir los besos nombrados.

Existencia efímera, por que nosotros somos quien les robamos la energía, los que hacemos que el humo, queme su vida, al igual que quemamos la nuestra, así, sin más, sin darnos cuenta. Tan solo saboreado momentos, sin pararnos realmente a pensar en ellos, y no dejamos de consumirla cuando sobreviene el llanto, y no nos paramos a observar, que nuestro cuerpo, es como el buen tabaco.
Tan solo fumamos el momento, y aunque luego lo recordemos, nunca o pocas veces nos paramos a pensar que hay detrás de todo aquello, por que como el fumar, se convierte en un vicio, esto de vivir sin buscar el verdadero brillo.

Alquitrán, nicotina, monóxido de carbono, penas, rabia, envidias, infinidad de malos humos con los que consumimos nuestras vidas, para al final, seguir siendo nada, tan solo colillas, que en el último suspiro bajo el beso de la muerte, nos preguntamos porque nos fumamos la vida tan rápidamente. Con el miedo a no ser recordados, con el mal sabor de boca que te deja el tabaco, por dejar nuestros sueños varados, con las toses y las flemas, de disgustos y heridas del pasado. Por que se hace más dura la subida según pasan los años, porque es lo que tiene el vicio de este nuestro tabaco, que son muchos dedos los que te dejan tocado, hundidos, cansado. Y al final, te cuesta subir a la cima, a la montaña de nuestra propia existencia, porque se nos agota la vida y tan solo queda esperar la muerte, preguntándonos si realmente nos dejamos llevar por este humo y sus corrientes.

Pero muchas preguntas no tienen respuestas, no porque no existan, si no por que las verdades duelen, al igual que duelen los pulmones cuando son años de inhalar maldades, propias o ajenas. Y no convertirlas en oxigeno puro de la selva, si no dejar que corrompan el alma, para al final, ser oscuros y no quedarnos ni una sonrisa de libertad encontrada, de paz interna, de respiración tranquila y serena.
Por que al final del camino...tan solo colillas, olvidadas y perdidas.....existencia efímera que se vivió al máximo para no perder ningún día, que no saborearon el verdadero elixir de la vida y sus cosas bonitas.

Iraunsugue Eternia


Fotografía-Plaza de la Viña, Alicante septiembre 2007.

2 jun. 2008

Susurros


Los sueños se vuelven horas al compás de una voz que acaricia el cuerpo, en el diminuto espacio entre el querer y el deseo. Mientras la risa se hace cómplice del momento, y surcan las palabras los recónditos trazos de mi cuerpo.

Y tú te haces protagonista de la escena que recreo, mientras susurras pausado el amor en mi cuello, ¿sientes mi aliento? Te vuelves dueño de mis besos, y la distancia se rompe cuando al dormir me sueñas, y el tiempo se vuelve un latir si al escucharte, te siento.

Dejan de correr los segundos para volverse reloj de respiraciones lejanas, unidas en la cercanía de dos almas, que se buscan pasionales entre las sábanas. Olvido la lógica sobre la mesilla de noche, para volverme la presa de los gemidos que escondes.

Iraunsugue Eternia