12 may. 2009

De mares opuestos

Y de fondo la montaña vestida en ocre rojizo y sangre seca se alzaba majestuosa bañada por la salina marea guerrera, resecando sus parámetros formando huecos, pequeños acantilados de diminutas dimensiones donde sobrevivían colonias de cangrejos marinos. Y la arena era noche gruesa, vestida de cielo azulado con tendencia a quedarse gris.

Allí dónde las brújulas carecían de sentido y los imanes perdían su polaridad, fue a parar la niña disfrazada de sueño, recorriendo con los pies desnudos los granitos apelmazados que formaban aquella explanada olvidada junto a la mar revuelta. Paseó las penas por cada recóndito lugar de aquella playa, disimulando las lágrimas en atardeceres nublos, y hasta corriendo cual caballo salvaje sin rumbo…hasta perecer y morir con los pies encharcados de tinta.

Se dejó mecer por las olas hasta quedarse sin sentido, como aquella vez cuando fue casi mayor, como ella siempre había creido, y se dejó llevar por el odio y el rencor que amenzaba con ahogarla en quejidos acuosos y saliva envenenada…la niña se volvió granito…y la pecera de recuerdos terminó por romperse.

El viento susurró a lo lejos una infame melodía, de voces apagadas en antiguos momentos. Y el grito desgarrado de su garganta aprisionó la marcha del tiempo, devolvió al aire todo el polvo blanco inalhado en noches de fiesta hasta quedarse vacía, las almohadas bañadas de lágrimas, los errores y el pasado desperdigados en mar. Volviéndose peces de colores que resvalaron entre sus pies…volando lejos…entre las olas.

Y ella, apretó con fuerza a la pequeña muñeca de trapo llamada Olvido, intentando recomponer las ansias en acuarelas verdes, de esperanza en niñez perdida, de madurez en tiempos tempranos. Quedó desnuda, únicamente protegida por su propia piel marina, de sirena en tierra, ninfa de agua turbia. Hasta que el perro pisó los pies y los granitos de arena cayeron sobre sus manos, deshilachándose Olvido, muriendo entre arapos…y él la sostuvo por los hombros con sus dedos largos.

-¿Realmente quieres perdonar?

-Creo que ya lo hice hace tiempo...-se atrevió a contentar.

-Bien, eso está bien.

Y el Océando Atlántico mudo la vestidura volvíendose calmo, de olas perezosas…de color Mediterráneo…

Iraunsugue Eternia