19 jun. 2008

Sin ti, me muero.


Cuando Ansiedad se enamoró de Luz, en verdad no fue por su inteligencia, ni tan siquiera por su nobleza o por la forma en la que contaba estrellas. Cuando Ansiedad se enamoró de Luz, fue por la necesidad de sentirse dueño de ella, porque en verdad todo lo que dijo que admiraba era la envidia de no poseerlo.

Cuando Ansiedad conoció a Luz, está brillaba con magia propia, era capaz de reír durante horas, miraba el mundo desde el prisma de la complejidad imperfecta, moldeando los sueños a ras de suelo, convirtiéndolos en metas.
Y Ansiedad nunca tuvo amigos, porque él era la guadaña de todo lo bonito, aparecía como una legión de hormigas que poseían el cuerpo, primero lento, hasta crecer rápido y carcomer los adentros. Por eso todos se alejaban de Ansiedad, porque él en un principio que parecía calma, se volvía con el tiempo el peor de los demonios.

Pero ella, que era Luz, jamás pudo reconocer la verdad en sus ojos, los excusaba tristezas y siempre pensó que era capaz de pintar alegría en el rostro, olvidando que él siempre, fue Ansiedad.
Y aún así Luz llenó el vacío, compartió la vida reglando los segundos de su existencia para sacar a Ansiedad de las tinieblas, se creyó por un tiempo poseedora del cáliz de vida, pensó, siempre pensó, que ella era capaz de devolverle la sonrisa.

Y Ansiedad fingió la calma a su lado, porque sin Luz el mundo se volvía opaco, y las estrellas dejaban de escuchar su canto. Ansiedad se volvió todo lo que Luz quería, calma, amor y armonía. Luz olvidó la realidad, reconvirtió la piel en cielo para ayudarle a volar, se dejó los años escribiendo el futuro, creyendo ser la pareja del mundo.
¿Los vi feliz? Por un tiempo, porque Ansiedad siempre caía cuando Luz más brillaba, martilleando metas en la garganta.

-¿Cómo puedes ser tan feliz estando yo tan mal? –solía preguntar Ansiedad –ayúdame a sonreír, ayúdame a vivir, te necesito.

Aquella frase se volvió tabla se salvación para Ansiedad, y Luz al escucharle, siempre corría en su ayuda, olvidando por una vez quién era ella, dejando la personalidad en la maleta. Ansiedad siempre fue lo primero, él y sus ataques, él y sus llantos, él y sus disgustos, él y sus miedos a enfrentarse al mundo.

Para Luz nada importaba, inventaba mil ideas para verlo sonreír, dejó de salir, de ver a los amigos, de vestirse de noche, de hablar por miedo a defraudar a Ansiedad. Y cuanto más se apagaba Luz, más feliz era Ansiedad, porque al verla en el suelo junto a él era capaz de crecerse, de sentirse dueño y señor del presente.
Luz irremediablemente dejó de ser ella, y no recordaba muy bien quién fue antes de tener a Ansiedad, él por su parte, se encargó de borrar los recuerdos pasados.

-Nadie te va a querer como yo, nadie te va a comprender como yo, nadie te va a cuidar como yo, porque sin mí no eres nadie –decía Ansiedad y Luz, se lo creyó.

Por eso, por la manera en la que él montaba en cólera dejó de mirar al mundo, por no enfadarle, por verlo tranquilo, por estar a su lado, por retrasar los ataques agresivos que le iban dando. Luz calmada, Luz tranquila, Luz perdía su vida.

-Con lo mucho que te quiero y lo poco que me quieres, no puedo confiar en ti –repetía Ansiedad -¿estás con otro?, ¿has mirado a ese?, ¿ya no me quieres?

Y Luz callaba, y Luz dormía, y Luz se hundía en la melancolía.

-Sin ti me muero, sin ti no soy nada, contigo estoy en calma, ¿no ves que te necesito? –insistía Ansiedad.

Y Luz siempre creyó que el amar era eso, estar al lado de la persona hasta fundirse en lucero. Pero la noche se volvió tan oscura que Luz se olvidó de sus pasos, no caminaba por miedo a que el se quitase la vida, porque a su lado, la necesidad crecía.

-Te necesito, te necesito, te necesito, te necesito –repetía Ansiedad una y otra vez.

Y Luz pensó que el necesitar, era sinónimo de querer, por eso siguió a su lado, porque aunque el amor ya había marchado ella pensó que de alguna manera podría recuperarlo. Regaló el futuro a Ansiedad, para que lo moldease como él quisiera, pero para él nada era suficiente, tenía que ver a Luz hundida, para sentirse más fuerte.
Hasta aquella mañana, en la que Luz hundida quiso quitarse la vida, apuntó serena la cuchilla contra sus venas, mientras se repetía a si misma que aquello era lo mejor que podía hacer, si ella se iba Ansiedad volvería a ser él. Porque en verdad siempre pensó que la culpa era suya, que ella era quién no consiguió nunca ayudar a Ansiedad, que era incapaz de amar.

-Si te vas me muero, si te vas me mato, sin ti no soy nada, contigo la calma –seguía escuchando la voz de Ansiedad.

-¡BASTA! –se atrevió a gritar.

Fue entonces cuando todo comenzó a desmoronarse, si es que una vez hubo un algo que no fuese él y solo él. Porque el egoísmo de Ansiedad se basaba en eso, en destrozar la vida de Luz, creyendo quererla de nuevo, mentira, todo mentira, pero Luz comprendió.

-¿Si me amas por qué me dañas, si me amas por qué me pegas, si me amas por qué me dueles, si me amas por qué me anulas?, ¿si esto es amor, que es el odio? –se atrevió al fin Luz a preguntar.

Y Ansiedad tan solo pudo contestar.

-Estoy mal, pero estaré mejor, si te quedas a mi lado todo va a cambiar ya lo verás, lucharé, buscaré ayuda, te haré caso, no quiero que te vayas, te quiero, te necesito.

Luz marchó al mundo de donde provenía, porque no entendía como la necesidad de ella era comparable al amor, tan solo obsesión, tan solo dependencia, es en lo que se había convertido para Ansiedad.

-¿Sin mi te mueres?

-Sí, me muero.

-¿Sin mí no vives?

-No, sin ti nada tiene sentido.

-Entonces, ¿por qué no luchaste por mí cuando había motivos?

-Lo haré, te lo juro, perdóname, vuelve conmigo por favor, esta vez será diferente.

Y Luz perdonaba, y Luz luchaba, y Luz se alejaba y volvía a su lado, y Luz comprendía, y Luz se quedaba, y Luz se moría, y Luz no era nada….

Un día Trueno reapareció en su vida, y encontró a una Luz que no reconocía, ya no brillaba, ya ni siquiera hablaba, tan solo era el espectro de lo que un día fue, tan solo lo que Ansiedad quiso querer.

-¿Sin ti se muere? –preguntó Trueno.

-Eso dice.

-Y tú con él.

-Pero si me voy hará alguna locura, y aunque me vaya no me dejará vivir, seguirá llamando, buscándome, amenazándome, haciéndome pintadas frente a mi casa, llamando al timbre a las tantas de la madrugada, llorando, gritando, buscándome allá donde vaya… -respondió Luz entre lágrimas.

-¿Y con él?, dime, ¿podrás sonreír?, ¿podrás ser feliz? –insistía Trueno.

-Pero él dice que me quiere, solo que no nos llevamos bien, pero conseguiremos limar nuestras diferencias –se excusaba Luz –nadie va a quererme como él.

-¿Nadie va a quererte como él? –comenzó a decir Trueno –cuando yo estaba en tu vida sonreías, cuando yo estaba en tu vida bailabas, cuando yo estaba en tu vida disfrutabas, cuando yo estaba en tu vida llorabas de felicidad, y yo siempre te quise. ¿Es el amor necesidad?

-¿No me necesitabas? –preguntó Luz.

-No, podía vivir sin ti, pero vivía mejor contigo.

Luz simplemente se armó de brillo de nuevo, Luz simplemente se volvió magia como antaño, Luz volvió a ser ella.
Ansiedad gritó, lloró, amenazó con suicidarse, pegó, llamó, insistió, revolvió, dañó, pero siguió vivo, sin Luz.

Y Luz después mucho tiempo aprendió que el amor no quita sino que da, que el amor te envuelve pero sin asfixias, que el amor regala sonrisas y no lágrimas, que el amor te llena, no te vacía, que el amor no es ser necesitado, sino querer serlo, quererse sin robarse el espacio.

Iraunsugue Eternia
Fotografía-Pedro Bernardo, C/Desemparados, Ávila 2007

6 Atravesaron la realidad:

DiosDelTrueno dijo...

“Pero vivo mejor contigo” no sabía que recordarás aún esa frase, hace muchos años de esto pero no la olvides nunca.

Siempre habrá un sitio vacío en ese lado, ya sabes a lo que me refiero.

Un beso judía xDDD

JuanMa dijo...

No es nada fácil darse cuenta y liberarse.

Se ve que Luz es sabia.

Besos sin necesidad y un rugido de libertad.

Marcos dijo...

Luz tiene que ser valiente.
Luz tiene que ser inteligente.
Luz no tiene que demostrar ya nada.
Luz tiene que ser dura cuando la circunstancia lo requiera.
Luz TIENE QUE SER FELIZ.
Luz SE MERECE ser feliz...

Excelente post, excelente.

Saludos.

Iraunsugue_Eternia dijo...

DIOSDELTRUENO: Hay frases que llegan al alma, porque quién las dice habla con el corazón, esas nunca se olvidan.
Se de ese sitio, y tú sabes que siempre tendrás mi amistad.
¿Un beso? ¡Catalán tenías que ser! Besos, tú si que eres judío.

JUANMA: Es cierto, lo más difícil es darse cuenta, pero sobretodo aprender a romper esas cadenas.
Luz simplemente tuvo grandes personas a su lado que la ayudaron a abrir los ojos, y salir del pozo.
Besos de luz y aleteos en ascenso.

MARCOS: ¡Bienvenido! Luz fue eso y mucho más, pero como ella hay muchas personas que viven o han vivido un amor en estas condiciones, y que tienen que aprender a serlo.
Excelente llegada al blog.
Saludos.

haThus dijo...

En la naturaleza existe una forma de vida similar, el parásito. ¿Acaso no tiene derecho a vivir el parasito? Seguro que sí. Es solo que el parásito debe encontrar un huésped adecuado. Si Ansiedad no hubiera elegido a Luz sino a Tiniebla otro gallo le cantaría. Todos tenemos derecho a vivir, pero hemos de ser responsables para saber elegir.

Por otra parte la historia me es tan cercana que me duele de veras y no puedo dejar de pensar en por que a veces nos equivocamos al elegir y hacemos de nuestras vidas un infierno. En fin, que como decía una amiga, - hay sinvivires muy apetecibles. - y yo digo -Ojala todos lo fueran.

Besos de Azar.

Iraunsugue_Eternia dijo...

HATHUS: Me encanta tu forma de ver el mundo y a las personas, supongo que como decía mi abuela “siempre hay un roto para un descosido”, es solo cuestión de encontrar a la persona adecuada. Ansiedad siempre será más feliz al lado de Tiniebla. Al igual que Luz al lado de Tranquilidad.

Yo llegue a la conclusión de que muchas veces debemos escoger mal para reconocer a la persona adecuada después cuando llegue y saber disfrutar de lo que está no trae. Quizás sin antes conocer a Ansiedad, Luz y Tranquilidad no se verían ahora mismo de la forma en la que se ven.

Besos de encuentros acertados.