30 ene. 2009

De Gatas, Amor y Ventanas.

Uno puede morir muchas veces, tantas como sea capaz de romperse un corazón. Yo hasta la fecha morí tan solo dos, pero por condición de gata aún me quedan cinco cartas que desbarajar, echar sobre la mesa y esperar a que la jugada sea al fin certera…hoy por hoy, juego con la tercera.

Los impulsos cardiacos son más potentes de los que uno mismo puede llegar a imaginarse, no son solo colapsos hormonales lo que nos hace enamorarnos, es la estrategia de la propia vida, cuando los ojos se alinean cual planetas decididos a encontrarse. Bastaría con cerrar los ojos y no mirar al contrincante, y aún así y aunque no quisiéramos seguiríamos siendo víctimas del destino. Simples mimos de calle, payasos de corazones abiertos, gente que se encuentra, y es que inevitablemente estamos destinados al amor, queramos o no.

Hasta yo, nacida de la pasión y de noches sin aliento estaría impulsada por mis propias ansias de conocimiento a caer rendida contra el tapete, con el corazón abierto sobre la mesa de juego esperando a que el otro tomase partido curando mis heridas. Cicatrizando con caricias las supurantes yagas a merced de sus estímulos, pudiendo caer debilitada entre sus fauces y morir desangrada de amor, yacer en añicos intentando recomponerme de nuevo.

Y el primero hubo de ser un cuervo, un cuervo de alas rotas incapaz de alzarse sobre su propia historia, hijo de muertos, niño sin infancia. Podría haberlo atacado, despedazar sus alas cortadas de viento y comerlo poco a poco, seguramente hasta habría disfrutado masticándolo entre mis fauces mininas, pero no lo hice, simple y llanamente decidí amarle si es que eso llega a pensarse.

No predije el final, tan solo acepté que ninguno ganaría aquella partida, jugamos en mismo equipo, intercambiamos miradas y hasta las rondas servidas eran a cuatro manos, buscamos los resquicios por donde colarnos para seguir unidos. Pero Destino siempre fue más potente que todas las promesas, más que los suspiros de quinceañera. Distancia decidió mediar y ante ella no hay jugador que gane una mano. Ni yo ni mis artes felinas consiguieron desbancar a dicha señorita, él no se fue, ¿cómo hacerlo si las alas fallaban para emprender el vuelo? Simplemente diré que la vida y otros demonios raptaron a mi cuervo.

No fue una decisión tomada a pulso, sino más bien la pataleta contra el futuro, no quise amor, no de ese que desgarra entrañas, preferí el atípico, el comestible, el que deja el sabor del jugo del sexo en la garganta. Me alíe con la pasión efímera, con los encuentros fortuitos, con todo animal capaz de hacerme vibrar en armonía durante al menos dos días, lo demás, el amor, a ese le dejé que me quemase por dentro, aleteando las alas en los años de aquel cuervo.

Hasta que apareció él, mi siempre fiel perro. No lo busqué, tan solo se cruzó en mi camino la noche precisa en el momento oportuno, a ese si le devoré y hasta le clavé las garras, le hinqué los dientes dejando que se apoderase de mi cuello y se hiciese dueño de mi cintura. Corrí, corrí tanto por bosques milenarios que me perdí en la senda de los comienzos tranquilos. Escupí sobre todo lo armónico, desgarré con mis uñas toda preedición de futuro…y al final de la etapa en partidas absurdas, ambos perdimos.

Y es que por más que una intente vararse en las promesas están tienen fecha límite, se sopesan unas a otras y terminan debilitándose. Nunca se a de pretender morir el mismo día que aquellos a los que amamos, porque inevitablemente seguimos con vida aunque no queramos. Y con el tiempo, con sus pasos, con las nuevas cartas una se da cuenta de que todo lo pasado tan solo es una quimera de nuestra propia mente que tiende a idealizar momentos que en verdad no vivimos. Porque cuando lo hicimos nos parecieron tan simples que nos dio por redibujarlos en la memoria creando playas inexistentes y momentos que en realidad carecieron de romanticismo. Pero es lo que tiene el cerebro, que va por libre, se alía con el corazón hilando una madeja de te quieros incomprensibles.

Por eso, yo decidí morir tantas veces como fuese capaz de amar, pero siempre con la condición exacta de que volvería a la vida dos minutos más tarde de haberme echo cenizas. Seguramente aquella fuese la decisión más práctica, la de sin ti no soy mientras estoy contigo, pero cuando marcho créeme que vivo.
Fue entonces cuando apareció él, con sus artes de intelectual gato de calle dispuesto a desbancarme en todas las manos, no mordió ni helo, tan solo dio vueltas de campana todas y cada una de mis ideas, desaliñando todos los pretextos y hasta hundiéndome en el pensamiento profundo. Pero lento, muy lento, como quién caza un ratón me convertí en la presa de lo real, dejando las pasiones paganas a un lado de la mesa, mostrándome tal y cual era, sin ser reina ni miseria, tan solo yo, él, un tapete con cartas nunca vistas.

Dicen que el verdadero amor surge con el tiempo, que lo primero, el flechazo, lo que arde y despierta los sentidos tan solo es un efecto devastador de nuestra propia carencia afectiva. Por eso cuando los síntomas se escurren entre los días la relación toma su forma exacta que no siempre es la que uno piensa, comienzan las peleas y el yo no supe jamás esto de ti. Decepciones llevaderas hasta el pozo de los delirios, y la pareja intenta sobrevivir en los “cambiaremos” sin darse cuenta de que en verdad nunca se amaron. Solo fueron el encuentro en momento inoportuno, se empeñan en seguir juntos y decir “te amo” cuando en realidad lo único que amaron fue siempre el recuerdo idealizado de lo que nunca llegó a ser.

Y yo, como tantos. Pero con el gato siempre sería distinto, no me atravesaron ni flechas ni estacas, ni tan siquiera el olor de la sangre me hizo perder el poco juicio que me quedaba. Fue delicado, fue conocerle por cada una de sus garras, medirle, saborearle lento y suave, hasta saber que su olor sería inconfundible con la rabia. Y que el miedo, las promesas vagas no tendrían cavidad en un mundo donde todo aceptaba de él, y no digo que cada parte de su pelaje fuese perfecta, simplemente era sumamente llevadera hasta rozar el colapso. Era imperfecto, y lo bonito era reconocerlo y saberme capaz de amarle con sus mellados colmillos y las escondidas uñas, mostrándome panza arriba para ser ante sus ojos las que siempre escondí en la penumbra de mi propia luz.

Por eso aquel día, junto a la ventana, cuando el aire danzaba entre mi cabello de gata me di cuenta de que hay fases y hasta cálculos en el amor. Puede que en verdad no amemos más a unos que a otros, simplemente de diferente modo. Y que uno de ellos, el que es capaz de ver lo malo en la fase de enamoramiento y hasta quererlo, sea el verdadero y no el que unge y te hace morir mintiendo a la propia mente, pensando que todo sería perfecto.

Aquel día decidí que aquella podría ser la última vez que muriese de amor…¿se acumularían las vidas que no gasté para otra nueva ocasión?

Iraunsugue Eternia

Fotografía-Señorita Pelusa junto a la ventana, Alicante Nov.2007

9 Atravesaron la realidad:

AdR dijo...

Me parece una compilación de impulsos, predicciones, pretéritos y promesas (y algo me dejo) humanas en un animal que, al menos para mí, siempre ha sido muy miserioso.

Enmadejado quedo.
Voy a desbarajar mi cerebro :)

Besos

capitanchinaski dijo...

Prefiero no opinar, pero me gustó sentir desnuda tu alma...
Un saludo, feliz renacer

ALMAGRISS dijo...

No importa quien sea el protagonista de la historia, tú, yo, tu gato... cabe decir que yo a veces siento como si estuviese viviendo la séptima de mis vidas y que ando con cuidado de no tropezar, de no dejarme herir por si acaso no sobrevivo a las heridas que una terrible caída del alma me pudiese causar...
Dichosa tú que encontraste a tu gato donde menos lo esperabas y que te dejaste llevar y diste y te dieron...
Me ha encantado...

Puta Desgraciada dijo...

Amén...

"Amamos de diferente modo, así como contamos nuestros secretos, a algunos unos y a otros, les brindamos otros...

Así es el amor...

Poniendome al día con el blog Muac

Lo de las 7 vidas tengo mis dudas... No quiero jugarmelas todas aún.

kayako saeki dijo...

Hay ke jugarse esas 7 vidas !!! Sin miedos, sin vertigos, sin llantos... con amor, con alegria, ... Volando sin red !!!

Muy bonito !!!

ARCDANTE dijo...

mmmmmmmmm joer como m recuerda este texto a la charla del otro dia XD, por cierto, no se pq este texto lo he visualizao con imagenes, un cuento ilustrado, claro esta por alguien que sepa dibujar,XDXDXD, por cierto mandame un mal con una descripcion de los personajes, ropas exresiones, todo lo q se t ocurra a ver is empiezo a darles forma XD, nus vemos besicos

JuanMa dijo...

No creo que haga ninguna falta agotar todas las vidas...

Ojalá te sobren todas las demás.

Besos vivos y un vuelo enamorado.

Iraunsugue_Eternia dijo...

ADR: Jajajaja bueno bueno es que las “gatas” siempre fueron animales predilectos por ciertos hombres con cualidades para desbaratar almas y barajar corazones.

Un beso.

CAPITAN CHINASKI: ¿Me desnudé yo? ¿o lo hice con la gata?

Un beso

ALMAGRISS: Ufff la séptima de nuestras vidas, creo que todas andamos igual, mirando no cruzarnos con ratones y con cuidado de que no nos mueran los perros. Y aunque quedasen más vidas siempre pensaríamos que esa sería la última.

Sentimientos compartidos, un abrazo.

PUTA DESGRACIADA: Mejor así, nunca sabemos cuantas vidas hemos gastado.

Besos.

KAYAKO SAEKI: Y así debe vivirse pero siendo conscientes de que podemos pegarnos el costalazo, seguramente es lo que nos hace sentir que esa sería la última.

Un beso.

ARCDANTE: Jajaja inspiran las charlas, es que necesitaba hablar así sin tapujos y sintiendo una conexión artística metafórica. ¿Alguien que sepa dibujar? Jajajaja serás tú porque yoooo…no te menosprecies por favor. En cuanto se reponga mi niña del columpio de la siguiente entrada nos ponemos en marcha.

Un besazo.

JUANMA: Ojala ojala ojala….

Besos contando vidas y rugidos apesadumbrados.

haThus dijo...

Hace poco (tu sabes) te dije que lo que te estaba pasando era que algo estaba muriendo dentro de tí, que por eso sentías dolor. Aquí me doy cuanta de que ya lo sabías. Pero si dos minutos más tarde de morir vuelves a renacer, ahora ya debes haber vuelto a la vida y has debido pasar a la cuarta. Me alegra, por algún tipo de extraña y enfermiza alienación mental, pensar que ya debes estar bien otra vez y dispuesta para volver a amar. Por que aquí dices cosas que, probablemente, quisiera oir aquel que estubiera acompañándote en tu última vida, y sobre las cuales, podría darte, o no, la razón aquel que se hubiera cruzado contigo en una vida pasada. Pero aquel que, en estos momentos se siente morir en tí... ese, no sabe que decir.

Abrazos de sinceridad.