11 sept. 2009

Menta-Chocolate!!


Menta, desliza entre los labios la dulzura de ambrosía contra el paladar que se expande, chocolate…

La pequeña ha escapado corriendo del abrazo cruel de las palabras atropelladas de los demás niños, observa con sus ojitos de noche y la tez gitana a la madre sorbiendo del cáliz alcohólico de las conversaciones mezquinas. Se escapa y se enclaustra, dejándose caer contra la pared, estallando su espalda en movimientos rítmicos, abraza las piernas, los ojos se pierden.

…en la terraza, sentada en la terraza su mente se deja llevar en preámbulos de umbrales, apostada entre la realidad de los ojos grandes tostados de una niña morena y la fragilidad del pensamiento canino bajo sus pies.“Palomas, palomas, palomas…cazar, cazar, palomas” las aves emprenden el vuelo y el perro se incorpora nervioso, moviendo el rabo, zizageando su hocico en busca del delicioso olor a carne cruda.

-Terra –susurra ella, chocolate.

El perro se tumba ante la orden de la hembra alfa suspirando con ojillos domesticados, “palomas, palomas…el mundo palomas”. Se licua, la pequeña se licua en una tarde de vientos de oriente, cálidos, el final del verano se escapa entre la copa de helado que ella sostiene, menta-chocolate. Se ha refugiado en un movimiento métrico, adelante, dejándose balancear con el cuerpecillo menudo de piernecitas delgadas. Las lágrimas adormecidas despiertan al pensamiento y comienza a llorar en la solitaria posición autista.

“¡Es que nadie va a verla!” piensa. Ha comenzado a ponerse nerviosa, la ve, se ve, recuerda, se imagina a si misma años a en misma posición sobre una piedra desierta en medio de un río, un solitario río donde las libélulas se posan acompasadas de magia sobre su pelo revuelto, largo, claro, cae nadando hasta la espalda, cubriéndola los ojos menta, de rana, esperanza.

-¡Lucía! –el pequeño absorbido de juego ha despertado, de azul, mar en sus ojos, un diminuto pez que se acerca balanceándose, sosteniendo una tripita infantil, correteando se aproxima.

“¡La ha visto! Él pueda verla! “piensa… y el niño menudo de baja estatura se agacha ante la compañera de juegos, suave, pasa la palma de la mano por el pelo recogido en una trenza de la niña gitana, morena.

-No llores –susurra nervioso –por favor, Lucía.

Los olores naturaleza se cuelan por las fosas nasales acentuando el asma de la adolescente llorosa, se recrea en el fango adormecido por los años, en la rivera de un caudal estruendoso que canta alto. Lo siente, presiente, su aroma la toma en melodía cuando el cuerpo desprende el calor de la siesta. Se ha quedado a milímetros de distancia, la energía fluye entre ambos entrelazando corazones tamborileros, él suspira, ella calma el llanto.

-¿Arual? –la dice bajito, con sus voz de hombre-niño de dieciséis años -¿Arual, estás bien?

¡Chocolate! Se desliza por la garganta dejando el dulzor entre los labios gruesos, el perro se revuelve entre las piernas con su imagen corpulenta rascándose las pulgas, bosteza ruidoso observando la imagen en la cual la dueña se ha quedado varada, tiempo-espacio, ¿quién lame la línea?

-Lucía, Lucía –el pequeño la llama rebosante de amor, besa tímido la mejilla infantil hasta quedar sentado junto a ella, desprenden, aprenden. –Yo si quiero jugar contigo.

…el viento sorbe las copas de los árboles, verde, agua, verano.

-¿Por qué me sigues? –pregunta incrédula, enfadada con el ceño fruncido de angustia y dolor.

-Por..por qu…e…estoy agusto contigo, eres…¡eres mágica!

Diluye las penas hasta voltear la cabeza y observarlo taciturno, con esos ojos oscuros prendidos de melancolía, porta un alma antigua, un alma cansada. Ha dejado caer la media melena de oro sobre la cara prendida de grana para observarla tras la maraña, vestido de negro…siempre de noche.

-No, solo soy rara –contesta entre balbuceos vergonzosos, y la sonrisa se media un centímetro, y otro, y más.

-No –se acerca, la atrapa con los brazos delgados hasta sostenerla contra su pecho –solo, eres especial, muy especial.

…ladridos llorosos, se siente incómodo, observa a los pequeños abrazados, Lucía llora, tranquila, dejando resbalar las lágrimas una a una, sin prisas. Y el niño de mar la besa la mejilla, el pelo, la rodea con sus bracitos pequeños.

-Lucía no llores más, yo quiero ser tu amigo –dice.

-Arual, no llores, por favor, me da igual lo que diga la gente, ¡no eres rara! Eres mágica, mi pequeña niña mágica –escucha.

La copa tirita de frío y sin viento, el final del comienzo y la boca gélida de menta-chocolate, no hay corteza de galleta, no la gusta, la cansa, la aburre, solo helado. La silla chirria cuando alza el cuerpo.

-Lado –le dice al perro, este, de inmediato pega la cabeza contra las rodillas de la Alfa, orejas gachas, atento, feliz de cumplir la orden.

Y antes de que la calle se trucase en avenida se ha vuelto a mirarlos, Lucía…chispea ante las muecas de su pequeño instructor de alegría…

-¡Vosko!..¿has jugado alguna vez en un espigón?

-No, ni tan siquiera conozco el mar, ¿por qué? –la aferra contra su cuerpo cuando Arual se eleva entre las ramas, la atrapa y aún así siempre la siente volátil, efímera.

-¿En qué año estamos? –pregunta lejana, ascendente.

-En 1998, en el verano de 1998 –la mengua en un beso, reteniendo su espíritu en un segundo perfecto.

-Mmmm…¿Cuánto crees que aguanta un niño jugando solo en el sueño de un mundo espigón?

..no hay contestación, la hilera de recuerdos de rompe contra la cajita morada. Un niño rubio escribe sobre un pentagrama en el interior del cartón, la caja se revuelve al fondo de un armario…

..¿alguien ha escuchado el piano?

-¿Sabes Renm? Quizás algún día te deje volar con las palomas.

Y el perro mueve el rabito, zigzaguea en su nombre onírico.

Iraunsugue Eternia


Fotografía: Garganta La Eliza, Pedro Bernardo (Ávila)

1 Atravesaron la realidad:

haThus dijo...

Por eso no entiendo como no soportas estar a mi lado en silencio, con la imaginación que tienes, me cuesta creer que siempre estes consciente y con ganas de hablar. A veces pienso que me gustaría estar a tu lado en silencio, imaginando, que estarás imaginando en ese momento. Pero claro, la imaginación de una hada solo puede verla un perro-hada. A no ser que sea escritora y después sea capaz de convertir todas esas imagenes en palabras.

Abrazos imaginados.