27 may. 2010

Primavera

La última línea con la que subrayó el título era de color verde, porque aquel color representaba todo lo que la rodeaba y amaba, desde las briznas de hierba que quedaban enganchadas entre sus dedos de los pies cuando paseaba descalza, hasta la primera imagen que veía al asomarse por la ventana. Verde como sus ojos, verde como el pelo de la muñeca a la que intentó teñir de azul y terminó siendo un manzana chillón de reflejos clorofilas.

“Fiesta de la Primavera” así lo llamó, y hecho esto, se dedicó a recortar una a una todas las invitaciones que había elaborado en aquella clase de tiempo libre. Cuando Arual concluyó su obra, la observó desde los ojitos entusiasmados de una niña de ocho años, suspirando, imaginando como iba decorar la terraza de casa, o la manera en que debía a entregar dichas invitaciones.

-¿Qué es esto?, ¿es qué das una fiesta?

Las manitas de aquel niño de ojos…¡verdes!, la habían arrebatado una de las invitaciones. El gesto fue agresivo, hasta tortuoso para su mente, porque en su espacio todo tenía su lugar adecuado dentro de los centímetros de aquel pupitre. Y al coger aquella preciada invitación había dejado caer el resto por el suelo, desparramadas por la mesa, sin orden ni forma.

Arual se volvió compungida por el gesto, con los cachetes colorados de vergüenza dejó fluir a duras penas una vocecilla de pajarito entrecortado, degollado de timidez.

-Sí, esta tarde en mi terraza.

-¿Y para quién son las invitaciones?

Quedó pensativa, porque lo más fácil hubiese sido mentir, inventar mil amigos que vendrían desde la ciudad para compartir aquel encuentro con ella. Pero su naturaleza o quizás aquel carácter que todos denominaban extraño la hizo hablar, con miedo, sabiéndose perdedora en todas las consecuencias.

-Son…son…para…mis muñecas, y mi gata Pelusa y mi perra Lassie.

El niño no parecía satisfecho con la explicación, pero antes de que pudiese torcer el gesto y romper en carcajadas Arual se derramó en valor, porque desde un principio, aquel niño, ese niño. …Había sido parte de muchos de sus juegos, aun que él nunca se daría por enterado.

-¿Qui..quie…quieres venir?

-¿Por qué celebras la primavera?

-Porque la profesora ha dicho esta mañana que hoy empezaba, y…me gustan las flores, y los colores en el valle, y la Avantera se pone preciosa y se ve desde mi casa y y y….quería celebrar mi estación preferida del año.

La última frase no sería escuchada, como tantas otras veces aquel muchachito recorrió la clase roto en risas explicando a voz en grito que aquella niña loca iba a celebrar una fiesta para muñecas. Y todos reían, reían con las bocas abiertas y los dientes mellados, algunos sin paletas, otros con las dentaduras a medias. Reían y la señalaban, la señalaban y reían, y todos se acercaban, la rodeaban, como si se tratase de un diminuto extraterrestre al que nadie entendía, la rara.

Arual recogió la última de las tarjetitas y salió corriendo por el largo pasillo de aquel viejo colegio, dejando atrás una marabunta de carcajadas sonoras que habían comenzado a atraer la atención de otros alumnos y profesores. Y Arual lloraba, lloraba escondida en el último de los baños dispersándose en tristeza, desparramada y dolida, sola, tan sola, que hasta su propia piel la resultaba desconocida. Si hubiese podido se habría dejado caer por el retrete, aferrada a sus tarjetitas subrayadas en verde.



Tecleó con fuerza las primeras palabras, dejando que la mente fluyese sobre el teclado, escapando en los bordes de las comas y subrayándose a sí misma. No la causaba rabia aquella carta, tan solo una desesperación agónica que la sobrevenía incitándola a desaparecer. Escribió, escribió con toda la fuerza de aquel estado hasta que hubo llegado a la mitad de su explicación, y entonces, lo borró. Se incorporó, dio una vuelta por la habitación y volvió a sentarse.

Escribió de nuevo, pero no lo hizo, porque en realidad todo aquello que la venía a la mente como una tormenta de sensaciones y emociones quedó relegado a segundo plano, desgastándola por dentro.

Se sintió mal. La primera máscara era el principio del resto.

Repasó los recuerdos del día, o estos la sobrepasaron a ella, trabajo, trabajo, tren, metro, tamvía, más tren, más metro, el bus, la hora, el café de la mañana, las reuniones, las malas contestaciones, la sonrisa sobrepuesta cosida con hilos invisibles, desesperación, las ganas de salir volando, realidad, realidad…

Se paró unos segundos, mareada, comprendiendo que aquel estado del alma se debía solamente a la falta de sí, a la pérdida de ella. Al no decir cuando en verdad pensaba, a no mostrar cuando lo necesitaba, a la realidad enmascarada, a los vuelos cortos y las llamadas rápidas…a una vida con sentido aparente para todo aquellos que la conocían desde la orilla del más allá, pero aquí se había perdido y las alas despuntaba en un intento de huida más allá de todo lo que fuese normalidad, monotonía, corrupta rutina.

Cayó, cayó en un mar de tinta donde las palabras la mordían los sentidos y las emociones despuntaban….

Y ahí estaba, seguía tumbada sobre la hierba húmeda celebrando su primer encuentro, risueña y sola, sola y feliz. Calíope observaba las estrellas desde un punto cercano, entre el umbral de los comienzos, porque en realidad siempre sería más que un simple personaje de cuento. Aún así, su manita seguía abierta, expectante. A lo lejos, resultaba solo una posición cualquiera, de cerca,

Arual supo que lo que esperaba era exactamente lo que ella estaba haciendo, cogerla, agarrarla con fuerza.

Calíope no se volvió, porque a menos que Arual escribiese ese punto ella seguiría allí, tal y como la había dejado en el último capítulo escrito.

La susurró, despacito, perfumándose de sus olores.

-Calíope, te juro que nadie, nunca…volverá a hacernos sentir extrañas.

Y el personaje sonrío de nuevo, sin letras, solo siendo, sintiendo, dotándose de vida.

Abrió los ojos, las paredes canela la rodeaban bajo el foco de una lamparita de noche, Arual miró el reloj pasada ya la media noche, con el sabor de los sueños aún enmarañado en los labios, y las ganas de…pero sin capacidad para. Pensó en Amets, en todo lo que él significaba para ella, pero sobretodo, en aquello que podía aportar a Calíope y que ahora la faltaba.

Minutos más tarde, bajo las sabanas, cayó en la cuenta de que la realidad solo era una quimera descrita de mala gana, decidió despegar, hacerlo de nuevo, como tantas veces antes…seguramente para terminar sentada en un mundo espigón junto a un niño de ojos negros tan solo vivo en papel.

No importaba, estaba, aunque solo fuese parte de su imaginación y nadie en este mundo consiguiese ver más allá del blanco y negro para distinguir el verde.

Amets existía, en algún lugar, en alguna parte….

Sonrió, antes de caer rendida.

Iraunaugue Eternia (Laura Butragueño)

Fotografía: de Arual en miniatura, Madrid (1990)

6 Atravesaron la realidad:

SemielfaMish dijo...

Me encantan estos escritos :)

ARLES dijo...

la realidad es la realidad y no se puede cambiar sin palabras de verdad sin palabras.
suetr y que estes bien

calambre dijo...

La realidad es asi??
La realidad no existe, se crea. Y se crea por gente estupida de tacha de extraño aquello que no comprende o no tiene el valor de hacer.
Que se rien de la ilusion de una niña que tiene el valor, la cordura y la honestidad de hacer algo que la ilusiona.
Y se seguiran riendo de ella ahora y cuando madure. Solo por que son mas cobardes que ella y temen a que esa ilusion la haga feliz y no una desgraciada como ellos.
La realidad es en definitiva aquello que los necios han conseguido ponernos delante para que no veamos la realidad.
Y la realidad es que todo es mentira, salvo aquello que nace del corazon.

Iraunsugue_Eternia dijo...

SEMIELFAMISH: Y a mí me encanta que te encanten. Gracias!

ARLES: ¿Y qué es la realidad?¿Por qué puede cambiarse?...saludos.

CALAMBRE: Ahí ahí…metiendo los dedos en el enchufe al máximo. No se que decirte, porque ya lo has dicho todo, solo qué, ¿sabes lo importante de esa realidad creada por otros? Que los soñadores, los ilusionistas, somos capaces de modificarla. Su realidad no tiene porque ser la nuestra…seguro que la niña termina por crear la suya propia, lejos de la hipocresía de los cerrados de mente.

Me nace un abrazo del corazón, te lo regalo :)

LIGEIA dijo...

Creo percibir un cambio de forma en tu escritura, más sencilla y perfeccionada, o quizás sea el relato...y me gusta.

Un abrazo

haThus dijo...

Creo que la primera vez que escribí en tu blog "Realidades de Eternia" y no quiero, pero podría ir hasta este post para comprobarlo, fue sobre un tema muy parecido al del comienzo de este post. Lo crueles que pueden ser a veces los niños. El resto del post me hace alegrarme de que hayas retomado el vuelo, por que no quiero verte hundida, quiero verte volar como antes. Aunque sea sin mi.

Abrazos de tu por encima de todo.