15 jun. 2010

...un día cualquiera.

A las siete y dos minutos de la mañana un paraguas negro ha sido desplegado al cielo, unas tímidas gotas se han deslizado sobre la mano de la muchacha que lo portaba segundos antes de que este tomase rumbo a la calle en dirección contraria al tráfico habitual, es decir, nulo. Siete minutos más tarde ha subido al autobús con dirección a la estación de ferrocarril. Como cada mañana ha seguido el ritual que tiene por costumbre; ha escogido el último asiento junto a la puerta más alejada a la entrada, se ha sentado en el lado de la ventanilla colocándose los auriculares, Chopin introducía el día. Una mirada tímida y diría que hasta algo apesadumbrada se ha perdido entre las calles húmedas de soledad.

Veinte minutos más tarde, apostada nuevamente contra una ventanilla -esta vez del Rodalies con dirección a L’Hopitalet de Llobregat- se ha entretenido en seguir las gotas que chocaban contra el cristal del vagón con las yemas de los dedos. Una a una las ha acariciado en su descender zigzagueante, recogiéndolas en su mente como si se tratasen de un manojito de lágrimas que el cielo vertía a horas tempranas. El muchacho sentado frente a ella la ha observado el tiempo justo como para bostezar, sonreír, y volver a caer en un sueño profundo.

Tres minutos más tarde y bajo la lluvia constante, una pareja de quinceañeros esperaban al tren en la vía opuesta bajo un techadillo improvisado. La joven de la parada dejaba caer su lánguida melena castaña sobre unos ojos de color identificable (desde esa distancia), el muchacho sentado a su lado se ha estirado, elevando los brazos sobre su cabeza en un movimiento torpe y seguramente mal aprendido, hasta dejar caer uno de ellos sobre los hombros de la chica. Esta ha reaccionado encogiéndose tímida y lanzando una mediana sonrisa al chiquillo que intentaba acercarse segundos después a su boca, tras varios intentos finalmente la ha besado. Acto seguido ambos han girado la cabeza en direcciones contrarias con un suave rubor de mejillas. Ella, dentro del tren, ha sonreído, Tiersen hacía su aparición.

Horas más tarde y rondando las dos del medio día un joven de unos treinta años de edad ha entrado en la sala grande de reuniones, vestía camiseta verde, zapatillas de deporte y un pantalón corto color caqui. Ha estirado la mano tímidamente a modo de saludo, al estrecharla Ella ha notado la flacidez de esta, un escalofrío repentino seguido de una extraña sensación de inferioridad que provenía de aquel joven tímido se ha apoderado de su mente durante unas milésimas de segundo, aún así ha sonreído. A continuación, el resto del equipo ha ido haciendo su aparición entre risas y quejas, Ella, ha esperado a que el alto cargo entrase en tercer lugar, lo ha presentado con nombre apellidos y nombramiento para después dar paso al resto. Hora y media más tarde ha llegado a la conclusión de que el muchacho que intentaba forzosamente seguir el ritmo de la clase se encontraba en una encrucijada, en realidad había caído como por arte de magia en la clase equivocada y a esas alturas, no sabía muy bien si salir corriendo o recoger el sudor y la derrota que se ha había desperdigado sobre la mesa y el teclado del ordenador portátil cuya imagen se proyectaba en la pared. Al marchar todos se han enumerado sus quejas dejando salir el aire irónico y hasta a veces mezquino que reina por costumbre en aquel departamento. Ella ha apuntado como cada día las quejas de los superiores para hacérselas llegar a otro superior, burocracia empresarial, despido para el muchacho del pantalón caqui.

La lluvia ha cesado frente a la playa, seguramente porque los edificios habían terminado de llorarse a sí mismos todas las penas de los empleados atascados en los ascensores, y las conversaciones en baja voz a hora punta en el cuarto de baño de mujeres. Ha salido el sol, era inevitable, aún así su estado de nerviosismo aumentaba por minutos, ha respirado el humo entrecortado de la contaminación paradójica de todas las bocanadas recogidas a las cuatro y veintitrés minutos de la tarde, el cigarrillo ha caído sobre la acera dando paso a la siguiente reunión.

A las seis y tres minutos salía por puerta, se ha despedido de su compañera con una sonrisa que se ha esfumado tras cruzar la calle, no por ningún motivo en especial, solo que el recuerdo de la última conversación escrita se la ha quedado prendida del alma. Ella, la otra, la amiga, ha preguntado.

-¿Por qué son tan cobardes los hombres?

Ella, la Ella, la de siempre, no ha sabido que responder.

Una hora y siete minutos después de caer en la cuenta de que las respuestas eran solo generadas por la necesidad de engaño de una misma, se ha dado cuenta de que el autobús con dirección a casa pasaba a dos palmos de sus narices. Ha suspirado, y con paso altivo se ha dirigido todo lo rápido que ha podido calle arriba, cinco paradas más allá el bus aparecía por la esquina en tiempo record. Esta vez no llegaría tan tarde a casa.

Una puerta se ha cerrado a sus espaldas, los gritos han comenzado llenando el vecindario de improperios contra la Agencia Tributaria del Estado, Ella ha asentido firme, escuchando aquella voz que ascendía desde las escaleras de la rabia, escondiéndose tras las puertas del odio y rompiendo en mil pedazos los muros de la impotencia.

-¿Y qué se puede hacer?

La tortilla ha caído al fuego.

Como casi cada noche, porque decir todas sería una quimera, Ella ha revisado el correo, el reloj del portátil marcaba las 22:18 minutos. Ha seleccionado uno entre los dieciséis restantes, más de la mitad serían borrados sin ser leídos, pero este merecía un trato especial por ser de quién era. Así que Ella la ha leído a Ella, la otra, la de lejos y en realidad siempre cerca con una cuidada atención, sus ojos han pasado por cada párrafo deteniéndose allí donde la bilis se contorneaba entre las letras.

-¿Y cómo voy a hacerte yo de psicóloga, si siempre eres tú la que me sacas del barro?

Aún así lo ha intentado tras dejar escapar cuatro suspiros planos. Soledad se la ha atragantado entre angustia, ansiedad comenzaba a llamar a la puerta.

A las 22:53 minutos de aquella noche corriente de un día cualquiera, Ella ha salido a la terraza, ha encendido un cigarrillo dejando resbalar las gotas de lluvia recogidas a primera hora de la mañana una a una, enumerando todas las preguntas no contestadas por ignorancia, por miedo o simplemente por no querer saber.

El resto, las ha permitido marchar como respuestas inconclusas con el humo del cigarrillo, ascendentes, ascendentes, por sí allí arriba en lo alto, a alguien se le ocurría algo mejor que decir.

La vecina del quinto ha dejado salir un grito aberrante de su garganta en el momento justo en el cual la colilla de Ella era apagada.

-AAAAAAAAAAAAArggggggggggggggggg ¡OS VOY A MATAR A TODOS!

Iraunsugue Eternia
Laura Butragueño
Fotografía: De un paseo por un Madrid de una fecha de un día y un mes cualquiera.

10 Atravesaron la realidad:

JuanMa dijo...

Un día cualquiera, pero a veces (sin un motivo especial) nos pesa más.

Un beso sin respuestas, y un vuelo que a ti también te lleve alto.

Hyku dijo...

La gente en general es cobarde. La valentía no está valorada..

Besos desde esa ciudad cualquiera

AdR dijo...

Tengo que confesarte que el final me ha desconcertado :) Pero a mí me pones a Chopin seguido de Tiersen y ya me tienes... capturaDO :)

Besos.

Druida de noche dijo...

La cobardia es el reverso de la valentia, se es una y otra cosa dependiendo de la circunstancia..

beso
druida

Jomateixa-Buf! dijo...

Como cobarde no me viene nada, le busco por...?

Mil y un y dos y tres besos.

O así.

:)

Ella, la más bella! (y la canción es de?)

Venga, déjame estar tonteta!

Iraunsugue_Eternia dijo...

JUANMA: Pesa, pesa….pero cuando tu vecina el quinto sale a la terraza gritando eso, te aseguro Juanma que a una se la pasan todos los males del mundo.

Un beso sin preguntas y vuelos conjuntos sobre las estrellas.

HYKU: Entonces debo de ser un bicho raro, por eso de valorar lo que otros no ven.
Besos desde esta ciudad que no es la mía.

ADR: ¿Qué te ha desconcertado? ¡Vamos si es lo mejor! ¿Nunca has tenido una semana Matrix? Yo aún me pregunto si las pastillas azules que me suministra el de la Farmacia de debajo del trabajo son realmente antialérgicas o me llevan a otra realidad. ¡Don Juan! Amanecer viendo el mar tras el cristal de un vagón mientras escuchas a Chopin y Tiersen es fantástico, si llevas un libro de poemas entre las manos de Nostalgias y Anhelos ya es para morirte…cuando quieras estás invitado a acompañarme.

Un beso de tinta.

DRUIDA DE NOCHE: ¡De acuerdo! Pero hay gente con tendencias a una más que a otras…
Besos.

JOAMATEIXA: Juas juas juas!!! Ssssssssssssssh…

¡Tibidabooooooooooo! Jajajajaja, ainssss te he echado de menos hoy.
Y tres mil más y un abrazoo en mi sofá tralara!

…la canción??? De Muro??? Tuuuuu eres miiii compañíaaaaaaa y mi inspiracioooooón…!!!
Te dejo, bah, venga!

mErL dijo...

Te falta un par de enanos...veras lo que es divertido.jejejeje.
Besos escritora.

Princesa Imperfecta dijo...

ufff la es que la cobardia es un punto mas en esta vida... pocos son los que sacan de dentro la fuerza y valentia suficiente como para superar lo que se les presenta ^^

un besoooooo de una amiga cineasta nu?? jajaja XD

LIGEIA dijo...

A veces para ser cobarde hay que ser valiente, porque las cobardías quitan riesgos pero traen grandes complejos de culpabilidad y rebajan la autoestima, mientras que las valentías todo lo contrario, y todo es tan subjetivo que podríamos decir que la cobardía cobardía no es aquella que juzgan los demás, sino la que bloquea el instinto de supervivencia nuestro o ajeno...y este nada tiene que ver con el entendido como instinto depredador humano que todo lo arrasa, más bien va en su contra.

Bueno, como ya estoy divagando con esto de las fuerzas cobardes y valientes, que cuando menos se sacan menos abundan, te deseo un buen solsticio de verano en el mar para renovar energías y refrescarte, jejeje

Un abrazo, escritora

Iraunsugue_Eternia dijo...

MERL: Juas juas, serán pequeños destructores me lo veo venir, jejejeje..besooos.

PRINCESA: Desde luego que la cobardía va de la mano del miedo, y son muchos los que caen en sus redes, aunque últimamente comienzo a comprender.

Un abrazoo y muchos besos de tu amiga y excompi de curro jejeje

LIGEIA: ¡Qué gran verdad! La cobardía en el fondo solo trae arrepentimiento, carcome el pozo interno de uno mismo por la incapacidad de libertad, nos cortamos las alas….valentía,
¿hasta que punto puede saberse una persona valiente?

A veces esa valentía, esa necesidad de supervivencia es un paso para dañar a una persona…que problema.

Un beso.