2 may. 2010

De espigones sin niños....de Calíope y Soledad.



Se había tapado los ojos con ambas manos, y eran tan diminutas, tan pequeñas, que solo cubrían el hilo de la voz que cuajaba la mirada tras los párpados, más arriba, la hilera de pestañas se doblaban gravitatoriamente hacía el universo. Largas, espesas, un poblado de hilos al viento.

-Estoy aquí, estoy aquí…¿puedes verme?

Pero solo contestó el silencio envolviendo la cúpula nocturna, sobre sus cabellos, quedaba la estructura de unos pisos con viviendas destartaladas, risas rotas. Calíope profunda y marcada bajo todas aquellas vidas, esperando, sentada al fondo de la gran sala, donde la noche se tornaba en oscuridades a media espada de filos rojos, y de vez en cuando las luces moradas reposaban sobre sus labios lamiendo la punta de sus deseos.

Quedó prendada de todos los pies que se movían a su alrededor, porque un hada de metro cincuenta y ocho puede ser lo suficientemente pequeña como para no ser vista, lo indispensablemente grande para pasar desapercibida. Escudriño las almas de todos los presentes buscando a las soledades que galopaban entre sus dedos, riéndose a carcajadas inaudibles entre la atmósfera de aquel pequeño espacio, de la sala y ella, de ella y los pies, de todas las personas, del fondo de la habitación y ella.

Las olas rompieron contra el espigón mojándola las pantorrillas, y un escalofrío pasajero tomó el corazón desmigajándolo en segundos.

-Uno, dos, no empieza, tres, cuatro, voy a salir corriendo.

Suspiró, porque el aire poblado de recuerdos era la única subsistencia que hubiese podido mantenerla con vida en aquellos instantes, hasta que solo quedó el último aliento y cayó cansada sobre su propio peso, flexionada contra las rocas.

-Hay tantas cosas que no te he contado, tantas verdades a medias, que aún me faltarían noches y sueños para que pudieras terminar de hallarme, y aun así, nunca podrías verme….estás demasiado lejos, te has vuelto demasiado humano.

Rebotó la sorpresa cuando la muchacha rubia se sentó a su lado, cruzó las piernas dejando ver parte de la rodilla. Calíope observó la piel tras la fina media, los huesos tras la piel, los músculos olvidados, la carne muerta.

-¿Ves bien?

Se sorprendió ante la pregunta, porque en realidad aunque hubiese cerrado los ojos lo habría visto todo, todo desde su perspectiva del mundo espigón. Las olas contra las rocas, las rocas contra el cuerpo, la soledad y ella, y al fondo, tan solo, la nada. La hubiese gustado explicárselo, contarla que en realidad no sabía muy bien qué es lo que hacía allí ni porque había ido, porque se suponía que si en realidad era una musa como todos decían no debería estar allí donde no se la necesita, y él nunca la necesitó. Así que a fin de cuentas si lo pensaba bien debía haber dejado aquel espacio para otra persona que al menos estuviese presente, y no pensando en que en aquel lugar un día hacía ya casi un año se equivocó de salida y terminó varada y desnuda en …..Pero en lugar de eso, se limitó a sonreír, asintiendo varias veces con la cabeza y dejando que la muchacha sintiese que era de cristal, como el zapato de una cenicienta reconocida, invisible, como ella, como el resto de gatos huérfanos que corrían entre los pies sin ser vistos.

El humo se volvió espirales al salir de su boca mezcládnosle en el ambiente, jugueteando con las luces, evaporándose entre los hilos que sujetaban a todas las marionetas que se habían colado en el lado oeste del espigón. Y en realidad seguía sola, entre la nada y la noche, y las olas, la rocas, la…se incorporó, sujetando su cuerpo entre los hilos para no ser mecida más allá de la propia corriente de sus sueños. Adentrándose en la luz que provenía del norte de la sala, buscando, sin ser buscada. Se topó con un cuerpo, y aunque reconocía la estructura la costó reencontrarse con la percepción de sentimientos. La había rozado en varias ocasiones, pero nada tembló en él, ni tan siquiera se volvió a mirarla y de un modo u otro, ella, había dejado de existir allí, para él. Por eso se acercó tanto, hasta que sus labios se posaron en el aura manchada de realidades mientras él conversaba.

-No sé si te has dado cuenta, pero estoy comenzando a desvanecerme e irremediablemente terminaré por volverme invisible….

El mundo se volcó de nuevo, como aquella vez, y la muralla torcida y derrumbada comenzó a reconstruirse en el tiempo. Los relojes encallados comenzaron a oscilar su mecanismo dando vueltas sobre las esferas de antaño, año tras año, mes tras mes, hasta que la estructura de hierro y piedra volvió a ser una fortaleza entre ambos. Impidiendo que el sonido llegase, que las miradas hablasen, que una noche en el sótano de algún lugar ella dejase caer sobre la mesa una caracola onírica y mirándolo a los ojos hablase de todo lo que nunca dijo, de gatos suicidas, de niñas de sal que sueñan con un niño de ojos de oscuridad sumergido entre las olas de las no casualidades.

Por eso bajó hasta la playa, dando la espalada a todo aquello que les había unido, si es que alguna vez lo hizo y en realidad no fue parte del sueño, de su propia realidad magnética que terminaba por confundirse en los umbrales. Se alejó de allí sin irse, parada, en el rincón de la sala, en la cola de personas transeúntes, en todas las plumas alzadas y los versos volcados. Y bajito, habló con los gatos que habían quedado maullando junto a la salida de emergencia.

-Nunca va a saberlo, y él debía ser el primero en conocer la noticia.

Y el mundo terminó ahí, contra una mesa, y la pila de libros, y las risas de la gente, y el olor a nada y la sensación de todo. Y a cada paso que daba sin ser vista se recuperaba un poco de la caída de los meses anteriores, lentamente, tejiendo las alas, el cuerpo mellado, la risa floja, la sensación de nacimiento inundándola a cada grito, firma, humo, brindis….

-En realidad yo tenía razón y nunca estuviste muerto.

…y al final del espigón solo quedaba ella, ella y soledad, porque en realidad él nunca existió.

“…porque todavía existe alguien esperándola al final del camino, deseando encontrarse con ella.”

Lo último que escuchó aquella noche antes de desaparecer fue el alarido de su propia alma, renaciendo, consciente de sí misma, devorándola de sueños…despertando las alas de aquel largo letargo invernal.

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

6 Atravesaron la realidad:

Gittana dijo...

nena!!!! no pude abrir el video!!!

Será la señal???

Lo intento mas tarde...
Saludos!!!

AdR dijo...

Creaste unmundo habitado por marionetas con los hilos dañados. Me gustó eso de que los relojes encallados volvieran a oscilar, no especificas bien si hacia atrás. Muchas veces lo desearía, que fieran hacia atrás para vivir mis ocasiones de otro modo.

Besos, escritora.

LIGEIA dijo...

Dicen que los sueños ya existen y los intuimos, otros dicen que los creamos al darles forma en nuestra mente y navegan por el espacio en busca de quien los comparta... pero puede que sea todo a la vez; una continua creación-visión, un origen-retorno en el círculo infinito de la imaginación.

Un abrazo, tus relatos tienen la fantasía de una imaginación ilimitada y ese toque inquietante de lo irreal mezclado con lo real.

JuanMa dijo...

Cuando uno ha volado antes, ya nunca olvida cómo hacerlo...

Besos que rompan la soledad y alas que se desplieguen con las tuyas.

Iraunsugue_Eternia dijo...

GITANNA: Mmmm…ni idea de lo del video, yo lo veo bien. Saludos!

ADR: ¿Sabes? Esos hilos dañados seguramente sea un principio de libertad, de las marionetas digo.

Los relojes, como guste el lector, a mí me apetece que vayan hacía delante…seguramente porque estoy aprendiendo a dejar guardado el pasado en esas cajitas que tanto conocemos, ¿verdad?

Besos en el minutero.

LIGEIA: Siempre consigues apasionarme con tus comentarios…creo que como bien dices son ambas cosas, tiempo-mente-futuro-recuerdos-deseos….

Muchas gracias, quizás sea porque es así como vivo o como pienso que deberíamos vivir, en el umbral de un sueño, del nuestro, del de todos.

Un abrazo!


JUANMA: En eso te doy la razón, por mucho que se rompan sus alas…

Vuelos compartidos y besos al aire.

haThus dijo...

Supongo que ese día acabó siendo un el principio del final, la gota que colmó el vaso.
Las palabras se amotonan y no logro decir nada, solo escribo y me hundo, solo escribo y te alejas. Sinceridad: Te mereces algo mucho mejor.

Abrazos