19 oct. 2011

De aquello que nunca seremos...


No nacimos estrellados, fue la gula de la vida en el momento de nuestro nacimiento la que nos llevó a engullir el universo plagado de estrellas. Por qué cada uno de aquellos puntos luminiscentes representaba un sueño, una añoranza, una meta que perseguiríamos en el futuro.

Caer, desollarse, levantarse, lamerse las heridas y proseguir era parte del camino, el que cada uno de nosotros había decidido tomar. Y como un laberinto de entresijos y mentiras seguíamos devorando vida, normalmente a raudales como si en ello se nos fuese el tiempo que nuestro cuerpo había marcado en supervivencia.

Podríamos haber escogido ser personas arbóreas, era tan fácil desarraigarse del mañana que tan solo teníamos que cruzar los brazos, escoger un punto y seguir ahí, parados, hasta que nuestro cuerpo carcomido de monotonía decidiese desquebrajarse hasta desaparecer.

¿Podríamos haber escogido ser personas arbóreas?...inexacto…tanto como que la ansiedad sigue unas pautas o solo aparece en un momento puntual de nuestras vidas. Siempre fue parte de nosotros, era y será la entretela que formaba las alas que portábamos. Ella era una puta, no porque se vendiese al mejor postor, sino porque siempre aparecía en el desfallecimiento, cuando uno toca tierra y no comprende que es aquello llamado raíces. Es ahí cuando Ansiedad aparecía, vendiendo sus desencantos en agónicos espasmos de desesperación, ultrajando el cuerpo hasta dejarlo sin aliento, acelerando el corazón hasta constituir el mareo. Entonces apresa, te mata, hasta que dejas de ser en ti y comienzas a ser aquello que nunca supiste que podrías llegar a ser.

Remendar las alas forma parte de la caída, remontar el vuelo con los añicos de estrellas es altamente costoso. Pero no hay otro camino, no cuando se es un desheredado del sueño y la única meta es alcanzar aquello en lo que nadie cree, simplemente porque no comprenden.

Ansiedad se vuelve más virginal por momentos, cuando sueñas, vuelas, te alzas deja de tener sentido, de ahogarte, de asfixiarte con su propio nombre.

No decidimos nacer con alas…o quizás sí y nunca quisimos reconocerlo.

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)

Fotografía: Laura BR "El Castanyer d'en Cuc, Barcelona" Octubre 2011

3 Atravesaron la realidad:

ANA dijo...

Que bien escribes niña!
Empizo a estar asqueada de la ansiedad ,de las tonterias que hacen e impiden que podamos llevar una vida normal, yo remonté l vuelo hace unos meses y volví a nacer, pero a veces el ego de las personas, que no entiendo es capaz de cegar todo, y no vemos lo importante de la vida, que a veces está en lo más cercano,si, muchos no entienden que es aquello llamado raices, y duele, duele mucho!

Iraunsugue_Eternia (Laura Butragueño) dijo...

ANA: Desgraciadamente en los últimos tiempos el síndrome o trastorno de ansiedad ataca como si se tratase de un virus a mucha gente, más de la que imaginamos. Pero hay que aprender a vivir con ella si es crónica o superarla si es temporal. Es como una piedra en el zapato, o nos la quitamos o aprendemos a acomodarla entre los dedos…(vaya ejemplo ejem) Sobre los egos de la gente es un virus también en mutación…para este sí que no tengo respuesta ni explicación.
Gracias por escribir!

ANA dijo...

Gracias a ti, por deleitarnos con estos relatos!