29 jul. 2011

Lila sobre azul


Todos tenían casa, yo tuve diez aunque la mayoría nunca llegasen a parecérmelo. Ninguna se llamaba Hogar.

Aquella no era una casa, sino el despojo distorsionado de los años de ausencia, una circuncisión en la tierra deshabitada. Los restos de vidas pasadas que habían quedado ungidas por la vejez del olvido. No resonaban los pasos de los que un día debieron habitarla, tan solo el goteo incesante de la carcoma deslizándose en los suburbios de la madera que constituía el techo, las puertas desarraigadas de pomos. Las escaleras formaban un esqueleto demolido, se sostenía a duras penas sobre la espina dorsal de unos escalones superpuestos, tablones que se lanzaron al vacio en un intento de suicidio ante la soledad.

La alacena olvidó su cometido una tarde de otoño. Cuando las polillas comenzaron a habitar su caparazón abierto, alimentándose de los restos de vida, abandonándola más tarde. Tan solo se conservaba una vieja portezuela con la rejilla rajada, un asesinato a la prosperidad de sus años mozos.

Los cascotes formaban olas desoladas de un color indescriptible, la mayoría lo nombraría lila, otros forasteros sin pasaporte para violarla la llamaron azul. En realidad yo supe que ella siempre fue índigo. Después de años de silencio poco importaba, lo que fueran habitaciones ahora solo formaban un espacio diáfano ultrajado por desconocidos. Aquellas paredes que heroicas seguían en pie resistían los impulsos de la tinta sobre su cuerpo; formas caricaturescas, frases inexactas que lejos quedaban de resultar poéticas. Nombres, números, fechas, Fulanita ama a Menganito, Menganito se olvidó los restos de la pasión en lo que en su día fue la cocina de la gran mansión. Hoy tan solo es un techo negruzco, arruinado bajo las fauces de las llamas…el horno cayó silencioso desapareciendo entre el polvo y la mortaja del descuido.

Ascender, peldaño tras peldaño, intentando no caer al vacío, ese que en el ayer fue llamado sala principal. Desde la cima se observaba el cataclismo del abandono, una imagen desoladora de una casa en ruinas. Si dejas resbalar una lágrima se perderá en los sótanos de barricas desquebrajadas, cayendo sin demora hacía la pica de piedra que un día calmó la sed de los caballos. Seguramente desaparecerá entre los corrales, discurriendo entre la tierra, amoldándose hasta llegar a la cueva donde el pozo de agua ha quedado seco…tan solo con una lágrima de abastecimiento.

En cambio, aquella que ya no era una casa, seguía imponiendo majestuosa al caer el sol. La cúpula intacta había perdido sus ojos. Seguramente decidieron dejarse mecer por el viento hasta estrellarse en el suelo, desapareciendo para siempre. Dicen que eran lilas, de ahí que todos la llamaran por ese nombre. Ya que cuando el sol incidía sobre ella la casa índigo tomaba tonalidades malvas, impregnando la mansión de ese color imaginario que ahora se mostraba arruinado, sin orgullo, resistiendo al paso del tiempo y sus inclemencias.

Desde abajo pude alzar la mirada ascendiendo por cada planta hasta toparme con ella. No vi el color más podía imaginármela, aunque ahora todo estuviese muerto. Aún así, a pesar de la desnutrición de aquella mole desheredada la sentía mía, como si yo hubiese formado parte de cada una de las estructuras que habían caído, de las que aún quedaban en pie.

Aquella era una casa en ruinas, una casa marchita, una casa que por primera vez quise tener, una casa a la que con gusto nombraría hogar.

Laura Butragueño (Iraunsugue Eternia)
Fotografía por Alex Manzanares.

2 Atravesaron la realidad:

David C. dijo...

yo quiero tener mi propia casa ....

Iraunsugue_Eternia (Laura Butragueño) dijo...

DAVID C: Todos en realidad, sobretodo un hogar...